Las finales no se juegan en agosto


Existen muchos tópicos en el mundo del fútbol que se repiten semana a semana hasta la saciedada. Del “no hay rival pequeño” al “lo importante era sumar los tres puntos”. Incluso, otros, pretenden imponer sus tópicos al grito de “los jugadores juegan donde quieren”. Hoy, sin embargo, nos vamos a centrar en ese otro recurso fácil que es “nos vamos a tomar este partido como una gran final”.
Este tipo de ‘finales’ vienen jugándose en la recta final de la temporada pero nuestro querido Atleti, como siempre, le da la vuelta a la tortilla y se jugará la primera final de la temporada a primeros de agosto, a la hora de la merienda, sobre césped artificial y contra el todo poderoso Stromgodgset noruego. Algo inaudito, vamos. Y nos jugamos una final por la sencilla razón que lo que era un mero trámite, una incómoda eliminatoria en plena pretemporada se ha convertido en un quebradero de cabeza por culpa del mal hacer de un equipo condenado al desorden.
Jugarse el futuro en Europa ante un equipo inferior mientras otros hacen giras multimillonarias por todos los rincones del planeta conllevaba la responsabilidad de empezar antes a trabajar en el campo y en las oficinas, algo que no ha sucedido. Mientras otros equipos han peinado el mercado y han conseguido fichar muy bien, ajustándose a las dificultades económicas del momento, en el Calderón nos hemos preocupado más por que el Kun no se fuera al eterno rival o por evitar una fuga de cerebros al débil fútbol turco. Los que hace dos meses eran pitados en el estadio por una palpable falta de entrega ahora son idolatrados por las masas ante la falta de nuevos nombres que ilusionen.
Para colmo de males, ni siquiera el hecho de tener eso que miles de equipos añoran en estos momentos, dinero, nos ha hecho reaccionar. Hace dos meses que se sabía que Agüero se iría, era un secreto a voces que De Gea haría las maletas para ser el sucesor de Van der Sar y poco o nada se ha hecho en la dirección deportiva. Al final, echaremos de menos al ¿bueno? de Suso García Pitarch.
Y, a falta de unas horas de poder quedarnos fuera de Europa, estamos peor que nunca. Bajo palos, se ha preferido traer cedido a un joven talento sembrando de dudas a dos fijos de la meta de España en categorías inferiores. En defensa, la duda de Silvio y el mal pie con el que ha empezado Miranda, a quien sigo otorgando el beneficio de la duda, nos hacen recordar los años y años de mofas que parecen nunca acabar. En el centro del campo, sigue sin aparecer ese cerebro por el que todos suspiramos y que solo suena que pueda surgir con la llegada de Diego, tan bueno con el balón en los pies como malo en disciplina y compromiso. En el ataque,  con Costa lesionado y Forlán en modo enigma, Adrián aporta cosas interesantes aunque no tiene eso que, al fin y al cabo, es lo que importa en el fútbol: el gol.
Más nos vale que el grano en el culo de esta tarde no se nos enquiste, porque la temporada se puede hacer muy larga a orillas del Manzanares.

PD: Por mucho que se marchen las estrellas de mi equipo, por muy alta que sea su traición, jamás desearé la muerte de nadie. Al final, el que seguirá vistiendo la rojiblanca seré yo y no ellos. Nunca más escucharán nuestros gritos de apoyo ni vivirán lo que nosotros vivimos. Eso ya es suficiente penitencia  para el que se va del Atleti.

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