The Big Bang Theory

Esa infinita fuente del saber virtual llamada Wikipedia nos define este fenómeno como “un modelo científico que trata de explicar el origen del Universo y su desarrollo posterior a partir de una singularidad espaciotemporal”. Vamos a hablar aquí de esta teoría llevada al campo deportivo de manera general, y futbolístico de manera particular.
Son varios los equipos que, tras pasar sin pena ni gloria por nuestro fútbol, consiguen un éxito que les catapulta a la escena de primer nivel. Lo consiguió el Valencia, con dos finales de Liga de Campeones consecutivas, una Liga, una Copa, una UEFA y una Supercopa europea. También el Sevilla, con dos Copas de la UEFA consecutivas, otra Copa del Rey y varios años de meter el miedo en el cuerpo a la bipolaridad en nuestra Liga. Por último, el Villarreal, que pese a no haber conseguido ningún título, ha creado un modelo digno de admirar basado en cantera y fichajes de una calidad-precio inigualables.
Esa “singularidad espaciotemporal” se produjo hace hoy exactamente un año para el Atlético de Madrid. Sin saber muy bien cómo ni por qué (que diría un portugués al otro lado del Manzanares), el Atlético pasaba de deambular por la Liga y hacer el ridículo en la Liga de Campeones a conquistar en Hamburgo la recién estrenada UEFA Europa League. Sería el inicio de una semana que terminaría con una final de Copa del Rey de la que siempre se recordará más lo que pasó fuera del terreno de juego que del partido en sí. La guinda del pastel, la Supercopa europea, también se vino para el Calderón contra todo pronóstico. ¿Qué pasó entonces?


Con todos los condicionantes para colocarnos en el primer plano del fútbol continental, todos los actores en escena han suspendido su función y el Atlético ha vuelto, como quien no quiere la cosa, al más profundo olvido en cuestión de meses. Digo que han fallado todos los actores porque ninguno debemos estar orgullosos de lo que ha pasado desde entonces hasta hoy.
Ha fallado la directiva. Con una inversión prácticamente mínima, se podía haber completado un plantel de garantías para afrontar las tres competiciones. Sin embargo, y como es costumbre, han primado más las comisiones que el interés del club. Se vendió, sin margen de maniobra a Jurado, y los fichajes tardaron en adaptarse. Ya en el mercado invernal, se gastan nueve millones de euros (sólo cuatro menos que Ozil, la revelación de la temporada) en un Elías cuando en el mercado abundaban los Baptista, Rakitic y compañía. Suspenso.
Ha fallado el entrenador. Que sepamos que la culpa de lo que le pasa al Atleti no es exclusivamente suya no le exime de responsabilidades. Supo dar confianza a un grupo limitado futbolísticamente hasta llevarlo al éxito. Confió en un núcleo duro que se ha empeñado en desgastar con el paso de las semanas. Este era el once que jugó en Hamburgo: De Gea, Ujfalusi, Perea, Domínguez, Antonio López; Assunçao, Raúl García, Simao, Reyes, Kun y Forlán. De estos jugadores, únicamente cinco (menos de la mitad) mantienen su puesto en el equipo. Además, los dos habituales hombres de refresco de aquel equipo como Jurado, Salvio e Ibrahima, ya no están en el equipo. En su debe, también, el castigo sistemático a Fran Mérida, un año perdido para el catalán. Suspenso.
Han fallado los jugadores. Pocos jugadores han mantenido el nivel de la pasada campaña. Tan solo el Kun, cuyo futuro desgraciadamente pasa por salir del Atlético de Madrid ha subido la nota y ha alcanzado el sobresaliente. Junto a él, Mario Suárez. Para mí, la sorpresa agradable de la temporada junto a Koke. Forlán, mejor jugador del Mundial de Sudáfrica, se ha enfrascado en una batalla eterna con el entrenador en la que ni uno ni otro han salido beneficiados y que prácticamente les ha supuesto la salida del club. De Gea y Domínguez han perdido la oportunidad de pasar de ser canteranos con futuro a jugadores hechos y derechos. En el caso del portero, los cantos de sirena de Old Trafford parecen haberle sumido en un sueño que se convierte en pesadilla cada vez que los rivales le marcan un gol absurdo. El central, por su parte, perdió la confianza del entrenador y él tampoco supo devolvérsela sobre el césped. Suspenso.
Por último, pero no menos importante, ha fallado la afición. La alegría de los títulos nos ha borrado de un plumazo el recuerdo de años y años insípidos. Años en los que el noveno puesto ni se castigaba. El equipo ahora lucha por la séptima plaza cuando en septiembre se hablaba de ‘alternativa’ al título y se obtiene el silencio por respuesta. Como dice el bueno de Rubén Uría: “Aquí no pasa nada. Y si pasa, se le saluda”. Finalmente, las plataformas de oposición no han sabido aunarse y hacer el ruido suficiente para ni siquiera molestar a los de arriba. Suspenso también para nosotros.

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