Crónica de una muerte anunciada


La noticia cayó como un cubo de agua fría. ¿Qué digo un cubo? Un océano de agua congelada nos ha helado, en forma de mensaje digital, la cabeza, pero también el corazón. El símbolo, el referente, el núcleo sobre el que habría de sustentarse el futuro del Atlético de Madrid sale arrancado de cuajo quién sabe si con destino a una finca vecina. El Kun Agüero no aguanta más. No soporta una situación que no aguantó Fernando Torres y que seguramente tampoco aguante la estrellita de turno que venga a suplir su enorme hueco. Estamos destinados a ello.


El Kun no se irá solo. Ya anunció su adiós Quique Sánchez Flores, David De Gea perfecciona su inglés y el divorcio de Forlán con la grada recomienda un final feliz para ambas partes con una separación irreversible. Si a eso le sumamos las recientes salidas de Simao y Jurado, parte importante de la consecución de los títulos de Hamburgo y Mónaco, nos encontramos con algo que parecía un proyecto sólido convertido en añicos. ¿Qué jugador con proyección de Balón de Oro se querría quedar con un panorama así?
Para colmo de desgracias, no hay nadie ahora mismo que pueda poner orden. García Pitarch, con los bolsillos bien henchidos de billetes, abandona el club y su supuesto sustituto, viendo la que se le podía venir encima, prefiere seguir en el Getafe, equipo con mucha menos historia que el nuestro, antes que regresar al club de sus amores (cómo estarán las cosas para que ni los históricos quieran juntarse con los de arriba). Tanto el cordobés como Kiko han dejado a la directiva compuesta y sin dirección deportiva.
La nueva temporada ha comenzado hace apenas unos días y ya nos encontramos sin entrenador, sin jugadores referentes, sin dirección deportiva y con únicamente una serie de nombres insípidos en el otro lado de la balanza, incapaces de aportar a la afición un ápice de ilusión por el próximo año.
Muchos llaman a una concentración como la del #15M a las puertas del Vicente Calderón pero ya es demasiado tarde. Durante semanas, los que se ponían las bufandas verde y oro y gritaban contra Gil y Cerezo no eran más que un pobre grupo que entretenía a las masas mientras éstas apuraban su último trago a una caña en Marqués de Vadillo antes de ir al estadio. Ahora no se conseguirá concentrar a nadie. Primero, porque la temporada está terminada y es absurdo protestar contra alguien que seguramente esté disfrutando de unas lujosas vacaciones con nuestro dinero. Y segundo y lo más importante, porque las cosas no se hacen así. Hay que luchar para evitar que las cosas sucedan, no patalear cuando ya se han producido.
Por suerte, el Atlético de Madrid debe estar por encima de hombres y nombres. Lo que esas ocho barras rojiblancas, esas siete estrellas, ese oso y ese madroño representan no tienen cláusula de rescisión alguna. Nadie nunca podrá comprar lo que significa para nosotros. Ahora toca sufrir, y exigir, y protestar para volver a colocar al Atlético de Madrid donde se merece. Y esa es nuestra misión porque si no lo hacemos los atléticos, nadie lo hará por nosotros.

La memoria selectiva

Si hace unas semanas me dicen que iba a escribir un post así, me hubiera reído a carcajadas. No quiero actuar en estas líneas como abogado del diablo y defender la figura de Diego Forlán, es más, su actitud desde que terminó el pasado Mundial de Sudáfrica me resulta, cuanto menos, criticable. Sin embargo, el que podía ser el partido de tu adiós ante la que ha sido tu gente durante cuatro años jamás podrá ser contado. No te dejaron vivir ese momento.
La decisión de Quique Sánchez Flores de no convocarte fue motivo de loas para muchos pero un acto de cobardía y egocentrismo para otros. Los dos gallos de ese corral no podían tener su minuto de gloria de manera simultánea y en esas, amigo, el técnico lleva y llevará siempre las de ganar. Con gesto distraído, tuviste que aguantar a parte del Frente Atlético cantarte ‘Uruguayo mercenario’, precisamente un colectivo que jamás ha tenido una palabra crítica para quienes todos sabemos que tienen la culpa de lo que sucede en el Atlético de Madrid.
Llegaste con un reto para valientes: hacer olvidar al niño mimado del Vicente Calderón. No te importó la dificultad. Nunca te besaste el escudo, nunca hiciste campañas para invitar a la gente a abonarse. Tampoco te acercaste a la gente para ganarte su cariño. Te limitaste a hacer lo que tu contrato te pedía: meter goles y ganar. Porque Diego, si alguien tiene buena parte de la ‘culpa’ de los éxitos de los últimos años, ese eres tú. Independientemente de quién se sentase en el banquillo, quién parase los disparos del rival o de quién te pasase los balones.
Pero te equivocaste, Forlán. La historia del Atlético de Madrid te guardaba un espacio con tu nombre bordado con letras de oro en el escudo y tú lo despreciaste. Quizá creíste que el equipo se te quedaba pequeño tras hacer historia con Uruguay, puede que pensases que merecieses tu último gran contrato profesional vestido con otra camiseta que te diese más en lo deportivo, que no en lo personal. Nadie sabrá si el Calderón hubiese levantado o bajado el pulgar en tu despedida. Como dice Sabina, “no hay nostalgia peor, que lo que nunca jamás sucedió”.
Mi madre siempre me enseñó que de bien nacidos es ser agradecidos así que desde este humilde blog te ofrezco mi más sincero agradecimiento. Te doy las gracias por tantos momentos de alegrías pero unas gracias, así, en minúscula. De ti, y únicamente de ti, ha dependido que la historia se hubiera escrito con otras palabras.
Desde aquí mis SIETE momentos del SIETE. Porque la memoria es muy frágil y muchos parecen haber olvidado todo lo que nos has dado:

1.- LA VUELTA A EUROPA
Eran siete años de deambular por la mediocridad. Acariciábamos con la yema de los dedos los viajes por el viejo continente, pero un desconocido Gloria Bistrita nos ganó en la ida y faltaba un gol. Fue el primer día que te enfundaste nuestra camiseta y, sin complejo alguno, lo hiciste.

2.- EQUIPO DE CHAMPIONS
Ya sabíamos lo que era jugar en Europa, pero la afición seguía insaciable. Ahora había que codearse con los más grandes en la Liga de Campeones. Faltaban tres puntos y el Dépor se presentó en el Calderón a defender el empate. Con más hambre que nunca, lo volviste a hacer. 



3.- LOS GOLES AL MADRID
Bien es cierto que valieron de poco, pero desde el descenso a los infiernos, superar la meta de Casillas había sido un reto reservado a Kezmans, Paunovics, Javis Morenos y Albertinis de la vida. Tú demostraste que se podía romper esa portería que tanto nos había sacado de quicio. En varias ocasiones, cuatro en concreto, lo volviste a hacer.




4.- LA BOTA DE ORO
Salvo Baltazar en la 88/89 (gracias Borja Santero), nunca antes ningún jugador vestido con la camiseta del Atlético de Madrid consiguió tantos goles como tú en aquella 2008/2009. Difícil lo tiene el que quiera volver a hacerlo. 32 goles en 33 partidos. Tu Bota de Oro del Villarreal necesitaba un par. Una vez más, en una batalla heroica contra Eto’o, lo hiciste.



5.- ROMPIENDO A UN BARÇA HISTÓRICO
Después de ganar seis títulos, el Barcelona de Pep Guardiola parecía un equipo invencible. Nadie logró ganarle en toda la Liga 2009/10 salvo un pequeño reducto de valientes en la orilla del Manzanares. Diego Forlán abrió la lata y, por enésima vez, lo hizo.


6.- ANTES DE LA FINAL DE COPA
De la Copa del Rey del año pasado, la mayoría únicamente recuerdan el gran ambiente de la final y la remontada espectacular ante el Recre. Sin embargo, en cuartos de final, un Celta de Vigo en Segunda División nos tenía eliminados hasta que Diego, sin complejo alguno, lo hizo.


7.- EL SUEÑO DE LA EUROPA LEAGUE
El momento del año, de la década y probablemente de toda una vida para la mayoría de aficionados. En una eliminatoria destinada a una agónica prórroga en el infierno turco, marcó en el descuento. En la ida de las semifinales, nos hizo creer. En la vuelta, silenció Anfield tras el sufrimiento. En la final, empezó a escribir la historia del título y en la prórroga, sin complejo alguno, lo volvió a hacer.

The Big Bang Theory

Esa infinita fuente del saber virtual llamada Wikipedia nos define este fenómeno como “un modelo científico que trata de explicar el origen del Universo y su desarrollo posterior a partir de una singularidad espaciotemporal”. Vamos a hablar aquí de esta teoría llevada al campo deportivo de manera general, y futbolístico de manera particular.
Son varios los equipos que, tras pasar sin pena ni gloria por nuestro fútbol, consiguen un éxito que les catapulta a la escena de primer nivel. Lo consiguió el Valencia, con dos finales de Liga de Campeones consecutivas, una Liga, una Copa, una UEFA y una Supercopa europea. También el Sevilla, con dos Copas de la UEFA consecutivas, otra Copa del Rey y varios años de meter el miedo en el cuerpo a la bipolaridad en nuestra Liga. Por último, el Villarreal, que pese a no haber conseguido ningún título, ha creado un modelo digno de admirar basado en cantera y fichajes de una calidad-precio inigualables.
Esa “singularidad espaciotemporal” se produjo hace hoy exactamente un año para el Atlético de Madrid. Sin saber muy bien cómo ni por qué (que diría un portugués al otro lado del Manzanares), el Atlético pasaba de deambular por la Liga y hacer el ridículo en la Liga de Campeones a conquistar en Hamburgo la recién estrenada UEFA Europa League. Sería el inicio de una semana que terminaría con una final de Copa del Rey de la que siempre se recordará más lo que pasó fuera del terreno de juego que del partido en sí. La guinda del pastel, la Supercopa europea, también se vino para el Calderón contra todo pronóstico. ¿Qué pasó entonces?


Con todos los condicionantes para colocarnos en el primer plano del fútbol continental, todos los actores en escena han suspendido su función y el Atlético ha vuelto, como quien no quiere la cosa, al más profundo olvido en cuestión de meses. Digo que han fallado todos los actores porque ninguno debemos estar orgullosos de lo que ha pasado desde entonces hasta hoy.
Ha fallado la directiva. Con una inversión prácticamente mínima, se podía haber completado un plantel de garantías para afrontar las tres competiciones. Sin embargo, y como es costumbre, han primado más las comisiones que el interés del club. Se vendió, sin margen de maniobra a Jurado, y los fichajes tardaron en adaptarse. Ya en el mercado invernal, se gastan nueve millones de euros (sólo cuatro menos que Ozil, la revelación de la temporada) en un Elías cuando en el mercado abundaban los Baptista, Rakitic y compañía. Suspenso.
Ha fallado el entrenador. Que sepamos que la culpa de lo que le pasa al Atleti no es exclusivamente suya no le exime de responsabilidades. Supo dar confianza a un grupo limitado futbolísticamente hasta llevarlo al éxito. Confió en un núcleo duro que se ha empeñado en desgastar con el paso de las semanas. Este era el once que jugó en Hamburgo: De Gea, Ujfalusi, Perea, Domínguez, Antonio López; Assunçao, Raúl García, Simao, Reyes, Kun y Forlán. De estos jugadores, únicamente cinco (menos de la mitad) mantienen su puesto en el equipo. Además, los dos habituales hombres de refresco de aquel equipo como Jurado, Salvio e Ibrahima, ya no están en el equipo. En su debe, también, el castigo sistemático a Fran Mérida, un año perdido para el catalán. Suspenso.
Han fallado los jugadores. Pocos jugadores han mantenido el nivel de la pasada campaña. Tan solo el Kun, cuyo futuro desgraciadamente pasa por salir del Atlético de Madrid ha subido la nota y ha alcanzado el sobresaliente. Junto a él, Mario Suárez. Para mí, la sorpresa agradable de la temporada junto a Koke. Forlán, mejor jugador del Mundial de Sudáfrica, se ha enfrascado en una batalla eterna con el entrenador en la que ni uno ni otro han salido beneficiados y que prácticamente les ha supuesto la salida del club. De Gea y Domínguez han perdido la oportunidad de pasar de ser canteranos con futuro a jugadores hechos y derechos. En el caso del portero, los cantos de sirena de Old Trafford parecen haberle sumido en un sueño que se convierte en pesadilla cada vez que los rivales le marcan un gol absurdo. El central, por su parte, perdió la confianza del entrenador y él tampoco supo devolvérsela sobre el césped. Suspenso.
Por último, pero no menos importante, ha fallado la afición. La alegría de los títulos nos ha borrado de un plumazo el recuerdo de años y años insípidos. Años en los que el noveno puesto ni se castigaba. El equipo ahora lucha por la séptima plaza cuando en septiembre se hablaba de ‘alternativa’ al título y se obtiene el silencio por respuesta. Como dice el bueno de Rubén Uría: “Aquí no pasa nada. Y si pasa, se le saluda”. Finalmente, las plataformas de oposición no han sabido aunarse y hacer el ruido suficiente para ni siquiera molestar a los de arriba. Suspenso también para nosotros.