La extraña sensación

Volvió a pasar. Esto no deja de ser un deja vu constante una y otra vez. El día después de cada uno de los cuatro derbis me desperté la sensación de que volvía a pasar, de que es más que probable que nos estemos 'acostumbrando' a perder contra el Real Madrid. Me cabreé y me convencí de que no es así, de que las cosas pueden cambiar y que es todo fruto de un mal sueño que se está convirtiendo en eterno.
Sin embargo, ver lo que se ve en las últimas semanas en torno al equipo tampoco invita al optimismo. En tiempos de Torres y con el Calderón sin vender intentábamos infructuosamente abrazar el estadio y juntarnos en Neptuno para protestar. Entonces, más tarde y ahora, seguimos sin ser capaces de organizar una miserable concentración que una el sentir de una afición que está hasta las narices de seguir a un equipo sin identidad a la deriva.

No culpo a nadie, nos culpo a todos y a mí el primero que no pude estar en Marqués de Vadillo antes del partido contra la Real Sociedad. Es cierto que los medios no han ayudado ni a promover el mensaje ni a dar una buena publicidad del evento, pero hya que hacer autocrítica y mirarse el ombligo.
¿Qué es antes el huevo o la gallina? ¿Deben los medios incitar a la afición o ser la afición quien se gane los minutos en televisión y las páginas de los periódicos? Aquí, señores míos, me temo que mi opinión se decanta por lo segundo. Sin una manifestación de verdad, con varias cabezas visibles y responsables de la misma y sin todo el apoyo en masa de la afición jamás se conseguirá nada. A lo más que aspiraremos será a la mofa por parte de la directiva y su corrillo de palmeros.
Volviendo al plano deportivo, otro partido con un resultado para olvidar en Cornellá. Al igual que sucediera en Almería, nos adelantamos dos veces y las dos dejamos perder la ventaja. Produce desesperación ver a un equipo funcionando bien, presionando con agresividad en la primera línea de ataque, marcar un gol, aún fruto de la fortuna, y echarse a dormir atrás confiando en las ¿virtudes? de la defensa.
No contentos con errar una vez, tropezamos por segunda vez en la misma piedra, y en el mismo partido. Dos goles de un Osvaldo que enamora al que suscribe dejaron con dos palmos de narices al hermano de Ferguson, que espiaba a De Gea y que no le vio ni una miserable intervención.
Misma sensación, la del equipo que se conforma con la séptima plaza cuando viene de ganar la Europa League, la del técnico que aguanta hasta los minutos finales para mover el banquillo, la del jugador que fuerza desde el primer minuto para forzar una amarilla que le permita ver su deseada Semana Santa andaluza, la sensación de que la estrella de tu cantera se irá sí o sí porque ni quieren ni saben cómo mantenerle... En definitiva, la misma triste sensación.

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