Se nos derrumba el castillo

Terminaba un año histórico y llegaba otro que muchos miramos con recelo. La teoría de un servidor se basa en que cuando uno pasa una racha inesperadamente positiva, sin haber trabajado para conseguir sus méritos, llega otra negativa que hace justicia e iguala los méritos. Agárrense los machos porque podría cumplirse mi peor profecía. Un año insípido y cargado de tedio y aburrimiento que puede terminar en el mes de febrero.
¿Y cómo viene este cambio? Parece que nadie se ha dado cuenta pero, 12 uvas después, nos encontramos un espectáculo lamentable en el mismo Vicente Calderón, en el que antes se vivían remontadas imposibles contra grandes de Europa, contra un Racing que debería haber salido sin arañar puntos. Pues este volantazo viene dado por la incompetencia de la parcela deportiva del club. Teníamos un castillo de naipes a duras penas construido por Quique Sánchez Flores y al que le han quitado cartas, debilitando su estructura, hasta que termina por derrumbarse.


En defensa, caen dos centrales, Pablo y el defenestrado Juanito, para traer a Godín, un cambio favorable en calidad pero no en cantidad. Pernía deja su sitio a Filipe Luis, un cambio positivo aunque, hasta el momento, excesivamente caro.
En el centro del campo llega Mario Suárez, se va en el mercado invernal Camacho igualando fuerzas. Sin embargo, el Tiago del año pasado se parece en poco o nada al que ha llegado ahora. Misma llegada a gol con menor sacrificio por el movimiento de balón. Además, Jurado, Salvio y Simao dejan su sitio a un Fran Mérida demasiado verde para la afrenta de convertirse en pilar que sostenga al equipo y un Elías del que poco o nada sabemos salvo sus dificultades para leer los mensajes de las bufandas. Una apuesta excesivamente arriesgada y donde puede estar la clave de la debacle de la presente temporada.
Así es imposible. La renta de un gol ante el Espanyol puede ser salvada pero entonces vendrá el vecino, ansioso de Copa del Rey y puede borrar de un plumazo la última esperanza del Atlético 2011 (permítanme haberme olvidado hace tiempo de quimeras Champions y demás logros ligueros).
La disposición de Quique puede ser interpretada de dos maneras: por un lado, y es la que parece tener más aceptación en la grada, es un incompetente y no sabe colocar once tíos de garantías sobre el césped. Por el otro, es un órdago a la directiva mostrando ante su propia gente las carencias de la plantilla que menos hombres ha utilizado en toda la Primera división. Echar mano de la cantera, como en el caso de Koke ayer no es más que un intento a la desesperada por dar con la tecla adecuada. Desgraciadamente, el Madrileño no está este año para excesivos favores al equipo de los mayores.


Por suerte, tenemos al mejor gestor del año, don Miguel Ángel Gil Marín, ese hombre que se sube el sueldo año tras año sin ver un solo partido en directo. Ese señor que no aparece en los momentos importantes y se oculta tras su marioneta de gafas y pelazo canoso. Algo hará por nosotros, ¿o no?

2 comentarios:

Emilio dijo...

¡Qué razón tiene usted Don Jorge y qué mala sangre se le pone a uno cada día!

Menos mal que tenemos que estar tranquilos con el mejor gestor del mundo.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Tras la final de Copa se habló de opotunidad histórica y de si el club sabría aprovecharla. Tras el espejismo de la Supecopa viene la realidad. No hay interés en esta directiva en que este equipo llegue arriba. Han desmantelado la plantilla, se han cargado la ilusión de un plumazo. ¿Si no han fichado este año? ¿Lo van a hacer el que viene? El futuro siempre fue negro, los titulos, un espejismo pasajero.