Impossible... Is nothing?

Nueva visita al Bernabéu y nueva derrota. De nada me sirven los comentarios que hablan de que hasta el minuto 90 teníamos el partido controlado. Cuando te plantas en el Bernabéu como un equipo pequeño, las probabilidades de que el experimento salga bien son remotas. Quique apostó por Juanfran en el once titular en lo que quiero pensar que es la enésima puyita del técnico rojiblanco a la deleznable plantilla que le han puesto. He de reconocer que el invento me pareció un error, aunque el rendimiento del alicantino me cerró la boca. Su actitud, defendiendo al equipo en jugadas polémicas y trifulcas me hace depositar un voto de confianza en su fichaje. Yo lo que quiero son jugadores que sepan de lo que va ésto y que si tienen que partirse el pecho por el escudo, lo hagan. Aunque dos años más tarde besen el de otro equipo.
Como en tantas ocasiones, cometimos el error habitual: marcar pronto y casi sin merecerlo. Este hecho suele provocar un comportamiento en el eterno rival de avalancha sobre la meta de un  De Gea que, pese a los tres goles encajados, estuvo soberbio sobre todo en la primera mitad. El gol de Forlán, que a un servidor le pilló en plena rueda de prensa/cabreo de Luis Casimiro en el Palacio de Deportes fue recibido por los que aún allí aguantábamos como un grito a la esperanza. Ramos, el enésimo poco habitual en marcar, tardó poco en rescatarnos de la alegría.
La primera mitad, por lo que leo y me cuentan fue un asedio por parte del Real Madrid. Los blancos nos sometieron a uno de los mejores 45 minutos que por Chamartín se recuerdan (@delfinmelero, un vikingazo de los que merecen la pena, dixit) y aún así salimos con vida. Pero a esa plaza no puedes salir a escatimar esfuerzos. Lo mejor, como hizo hace pocos días el Villarreal, es plantear un partido anárquico. Al fin y al cabo, a ellos les tocó un 4-2 que sería mejor para nuestras aspiraciones, pero aquí ni queremos ni, por desgracia, podemos plantear lo que los castellonenses hicieron.
No hablaré de la escalofriante entrada de Cristiano Ronaldo a Ujfalusi (si llega a ser al revés, mañana tenemos portadas con todos los ángulos de la patada y de la incontestable roja de Mateu Lahoz), tampoco de la caricia de Xabi Alonso a Reyes en los bigotes del susodicho colegiado, que debe tener algo más allá que una simple amistad con el tolosarra a juzgar por los dos últimos derbis. El árbitro, aunque influyó, no fue decisivo.
No marcó el partido porque mientras Forlán, que parecía reconciliado con el gol, enviaba al poste una ocasión clara, nosotros poníamos una alfombra roja a nuestro más odiado portugués para hacer el segundo. Segundo gol que se produjo, por cierto y para mi enorme cabreo, con el Kun Agüero en el suelo tras una entrada de Marcelo. Para los pitos y las protestas por falta de Fair Play ya estarían nuestros adorables vecinos en una jugada posterior en la que no devolvimos el balón. Es lo que hay.
Ante un  Madrid fundido, al que se le podía haber intentado ganar a los puntos golpe a golpe, Quique prefirió guardar la ropa. Retiró a Forlán por un Fran Mérida que cada vez me resulta más una burda imitación de mi tan poco respetado Jurado. Ni a la izquierda, ni a la derecha ni al centro me aporta nada el catalán. Como no podía ser de otra manera, y siempre con el espectáculo circense como abanderado, regalamos un tercer gol en el descuento cortesía de Filipe Luis.
La cosa se pone muy complicada en el Calderón. Son muchos años sin tocar la cara al Madrid, toca apelar a esa heroica que cada vez nos da la espalda con más asiduidad pero, ¿por qué no creer? Si en nuestra santa casa cayó dos veces el eterno Barça de Pep Guardiola, si aquí hemos escrito los capítulos más brillantes de nuestra centenaria historia, hay un espacio a la esperanza.
Yo, siendo sinceros, no confío en ella. Son tantos y tantos golpes que todo lo que no sea caer eliminados me sonará a sorpresón de los gordos. Aunque, como decían en mi querido Estu, ese que hoy también me amargó el día, “lo veo tan difícil, tan rematadamente chungo, que hasta es posible”. Y de aquella, casi ganamos la ACB, damas y caballeros…

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