Devuélvanme mi ilusión


Vaya palo. Tratar de justificar lo que sucedió en el Rico Pérez es algo que dejaré a los más expertos en temas técnicos, tácticos, estratégicos y deportivos. Yo, con vuestro permiso, voy a hablar del aspecto sentimental. Porque en este humilde punto de encuentro los habrá que les guste más o menos Raúl García, los que crean que Reyes ha de jugar a banda cambiada o en su zurda natural, si los córners deben defenderse en zona o al hombre, pero lo que todos y todas de cada uno de nosotros compartimos es que disfrutamos, sufrimos, lloramos y reímos con este bendito y centenario club.
Ya lo dijo nuestro ‘querido’ presi, que no nos gustan los lunes. Pero creo que la manera de protestar contra ese día que tan mal le viene a los equipos y tan supuestamente bien a las televisiones no es dar el lamentable espectáculo ofrecido por el Atleti durante los 90 minutos. Las ocasiones locales iban contabilizándose por goles sin que muchos de los nuestros llegasen a sudar una mísera gota en una camiseta por la que muchos de los que sufríamos ante la pantalla daríamos la vida. 

Por salir mal, hasta los menos habituales como De Gea o Domínguez cometían errores de alevines, regalando goles a un equipo que, dicho con todo el respeto, no debería endosar cuatro tantos en 45 minutos al Atlético de Madrid jamás de los jamases. No mejoró la cosa en la reanudación y el marcador únicamente pudo maquillarse con un tanto de Reyes con la derecha. Hasta en eso fue raro el partido.
A Abel le largaron tras un 4-0 en Stamford Bridge, pero aquí ahora nadie moverá un dedo. No habrá culpables, ni comunicados de los capitanes pidiendo disculpas a una afición que se mostraba entusiasmada con la posibilidad de plantar cara al eterno rival en Copa pero que ahora cuenta las horas para el partido del jueves como el condenado cuenta el tiempo que le queda de vida. Así son las cosas, una pena.

Tampoco me voy a detener mucho más en críticas y llamamientos al orgullo que supone llevar esas rayas, esas estrellas, ese oso y ese madroño sobre el pecho. Aquí cada uno sabe lo que hace y debe ganarse el jornal como cada uno de nosotros lo hacemos. Simplemente, y aunque jamás nadie en el club lea estas líneas, recordar que detrás de esa pelotita y de esos sueldos millonarios hay miles, millones de corazones que se sientan con su cervecita ante un canal pirata para disfrutar de los 90 minutos de Atleti semanales y que ninguno, por muy cabrones que seamos, nos merecemos un castigo como el que vivimos en Alicante. Ya pueden salir a matar el próximo jueves, incluso dar una bofetada a la historia y ganar en tierra hostil, que a mí la decepción de este lunes ya no me la quita nadie.

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