Deberes hechos antes del gran examen

La mosca hacía mucho ruido detrás de la oreja. La bofetada ante el Hércules y la sensación de “qué hubiera pasado si…” tras el partido del Bernabéu en Copa hacían que los más pesimistas viesen el partido contra el Mallorca como el escenario ideal para una tragedia que se consumaría tres días después. La temporada podría acabar antes de tiempo y eso a la gente, antes anestesiada y ahora entusiasmada por la resaca de dos títulos, no le gusta ni un pelo.
Para colmo de males, el Kun Agüero, ese que convertía cualquier goleada rival en un marcador remontable independientemente de quién fuese el oponente, caía lesionado. Para el libro del absurdo rojiblanco, ese que cada día es más gordo y tiene más episodios, lo sucedido con el argentino es otra anécdota más. Lejos de emitir un comunicado el club, el mundo entero tuvo que enterarse de una lesión por el propio Twitter del jugador. Por increíble que parezca, la jugada se hace más surrealista cuando las pruebas se le realizan casi 48 horas después de la lesión.
Sin tiempo para lamentaciones y con la cabeza de Quique Sánchez Flores en la diana de la directiva según algunos medios de comunicación, llegaba un Mallorca que en la presente temporada se nos da un aire. Es capaz de empatar en el Camp Nou y en casa contra el Madrid, ganando en Mestalla o el Sánchez Pizjuán pero se deja puntos ‘tontos’ por el camino. Cualquier cosa que sucediese a orillas del Manzanares era posible.
Con una defensa, una vez más, cambiada por completo, el partido comenzó con un tono bermellón (blanco en la noche del lunes) que hacía presagiar lo peor.  La zaga hacía aguas y sólo un inspirado David De Gea parecía concienciado de lo que había en juego. A los diez minutos  la cosa pareció entonarse. Ayudó en buena medida un gol de Valera, poco prodigado en esas lindes que hace justicia a su trabajo oscuro. Castigado por las lesiones y con más errores que aciertos en su hoja de resultados, ese gol le dará la confianza que necesitaba y no encontraba.
Debutó Elías y dejó un sabor agridulce. No hizo mucho, pero lo poco que hizo, sin ser digno de destacar, dejó pinceladas para la esperanza. También jugó Mérida en su sitio, todo un detalle después de cinco meses de competición y cuajó su mejor partido con la rojiblanca. La guinda a su pastel fue una prodigiosa asistencia para Forlán, de esas que el uruguayo no  cataba desde que vestía de amarillo y llevaban la firma de Juan Román Riquelme. 2-0 y a vestuarios.

De esta primera mitad, el premio al MVP recae sin ningún género de discusión sobre Tiago. El portugués se vació como en sus mejores citas del año pasado. Esas que enamoraron a una afición que suplicaba por su fichaje y que en este curso se habían contado con los dedos de una mano.
La poca ambición mallorquinista permitió, ya con Juanfran en el campo, pensar más en la vuelta copera que en guardar los muebles. El equipo se conformaba con guardar la ropa y en estas que Antonio López, de más a menos, cometió un penalti que dejaba al equipo con un hombre menos y mucho tiempo por delante. Ahí emergió De Gea, igual que lo hiciese en su debut liguero con el Zaragoza y en la Supercopa de Europa para tranquilizar al personal. Otro encuentro para enmarcar del joven portero.

El fallo de Webó pareció matar las pocas esperanzas rivales en la remontada y De Guzmán, el mejor del Mallorca se autoexpulsó para tranquilidad definitiva del Atleti. Poco más habría que haber contado de no ser por una buena acción de ‘9’ de Diego Costa que regalaba el tercero a Reyes en tiempo de descuento. El utrerano suma los mismos goles en dos jornadas que en todos sus encuentros ligueros con el Atlético en tres temporadas. Que siga la racha.

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