Maldito enero


Lo decía una canción de los cántabros de La Fuga. Para ellos, era una historia de desamor y para nosotros, parece que también. Dentro de la derrota, lamentable en cuanto a imagen y actitud, se nos va el primer mes del nuevo año con la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor. El año pasado, pese a que el inicio liguero nos hizo perder esperanzas en el torneo de la regularidad, tuvimos la Copa del Rey como clavo ardiendo al que agarrarse. Más tarde, la Europa League nos permitió grabar 2010, como bien diría el amigo José Antonio Lavado, como “EL AÑO QUE VOLVIMOS”.


Se muere enero con unos datos para caer en la más profunda de las depresiones. Cinco partidos ligueros, una victoria, un empate, tres derrotas. Cuatro puntos de quince posible y la sensación de que, en la eliminatoria que nos salvaba el año ante el Real Madrid en Copa, hicimos el ridículo. Se fueron Simao, Camacho y Asenjo. Un capitán y dos joyas por pulir a las que Quique no dio nada de bola que dejaron su puesto a un Juanfran más comprometido pero que aún no ha plasmado sobre el terreno de juego sus ganas y un Elías que sigue siendo una completa incógnita.
Enero, como bien os digo, es para un servidor uno de los meses más importantes para el fútbol. Después del parón navideño, hay que coger fuerzas y los equipos que mejor aprovechan ese mes cargado de partidos son los que cuentan con más oportunidades de terminar con una buena temporada en Liga. No es nuestro caso. En la historia reciente del Atlético de Madrid, son ya varios los funestos eneros en los que se nos va no ya el título, sino las opciones de Champions, Europa y demás preseas finales.
La crisis del equipo es total. Rumores de salidas de un Kun Agüero harto de lo que le rodea y de un Forlán que ayer firmó los papeles del divorcio con la afición. Es terrible pensar que un héroe pueda acabar así cuando hace 7 meses nos hizo soñar. Incomprensible. Su cabeza no está puesta en este equipo y la gente no le pasa ni una. Triste final pero, como se dice en estos casos, es lo mejor para todos.
Para cerrar, quiero quedarme con la entrevista en Punto Radio de Agustín Castellote a Vicente Calderón hijo (Poner el reproductor a la altura del ‘bajar volumen’ para que se escuche la entrevista). Dice que hay una alternativa real. Que esta semana se sabrán más cosas. ¿Ilusionante? Sí, pero que nadie se olvide que rumores ha habido muchos en los últimos años y al final, ‘bacalá’

La gran decepción

Supongo que lo que a continuación les voy a contar les va a sonar familiar. Jueves, 13 de enero, termina el partido en el Santiago Bernabéu. La mujer barbuda causante del 3-1 me provoca una desesperanza de cara a la vuelta que sólo se convierte en irrevocable con el anuncio, vía Twitter, de la lesión del Kun Agüero. No doy un duro por mi vida.
Pasan los días, leo los diarios y barro de arriba abajo redes sociales y foros del Atlético, sonrío cuando veo ilusos pensando en remontar. Ganamos al Mallorca sin brillo pero con claridad. Crece la excitación, ¿y si…? Se acerca la fecha, ellos han patinado contra un Almería que le ha echado bemoles al asunto. Nosotros, con calidad, bemoles y un infierno en la grada les podemos dar un susto. Llega el día del partido.

Confío. Nunca suelo hacerlo cuando de un derbi de los últimos años se trata, pero hoy es distinto. Confío, me quito la careta e incluso rompo con mis principios y vaticino ante mis allegados madridistas una remontada aún sin Agüero. La grada marcará el primero. Veo el tifo, sonrío. Broma graciosa pero de originalidad nula. Arranca el partido.
El equipo no empieza mal. Al menos, no nos clavan un gol en el primer minuto como de costumbre. Todo un detalle, vecinos. La grada se desvive por el equipo. Veo a Tiago como nunca y Elías me parece el mayor acierto desde la llegada del Kun. Reyes presiona a Casillas y el rebote, a diferencia de todos esos vídeos chorras que he visto en Internet, no va hacia la portería sino hacia el córner, Vaya por Dios…
Patada de Arbeloa a Reyes. Lesión. La cagamos… Ese cabrón tenía que estar expulsado. Y aún se dice por ahí que es del Atleti el tal Arbeloa... Con el utrerano fuera del campo  (me tiene que doler mucho el tobillo para abandonar en camilla un partido así), nos mueven a su antojo. Valera, capitán y goleador hace 72 horas, hace el más grande de los ridículos ante un tal Cristiano Ronaldo. Gol. Desde la grada apuntan con el láser. Eso que yo tanto he criticado en otros campos, ahora lo hacen en mi casa. Hoy no lo veo tan mal. ¿Será payaso Mourinho señalando a la grada?
Sin fuerzas, creo en la remontada, ¿tal vez una emocionante prórroga? Pasan los minutos, Filipe Luis me parece una versión empeorada de Mariano Pernía. El Kun sufre en el palco y Benja, en sus brazos, no parece estar pasándolo mejor. Diego Costa, que sale por Reyes, deja como leyendas rojiblancas a Nikolaidis o Kezman. Descanso.
Tercera cerveza, suspiro porque Quique Sánchez Flores se ponga gafas, porque su pelo se vuelva canoso y porque se encienda un Marlboro mientras les habla a los jugadores de que está harto de perder siempre “contra estos”, de que son el Atlético de Madrid y de que hay 50.000 tíos que mueren por ellos rememorando la final del 92. Por desgracia, Luis Aragonés no está en ese vestuario, sino el hombre que ha dejado en el banco a Godín, Domínguez o Juanfran.
Reanudación, diez minutos me dura la esperanza. Forlán manda a Cuenca dos disparos que, en el Mundial, solía poner en la escuadra. Su falta de compromiso y su desidia me hacen pensar que no es digno de llevar ese brazalete, tampoco esa camiseta. Cacha, si te quieres ir, vete. Pasan los minutos. La grada, ese jugador que creía que era el mejor del equipo por encima de Torres o Agüeros que abandonen el club, me defrauda al grito de “Mourinho muérete”.
Pasan los minutos. Me empiezo a conformar con una eliminación honrosa a la altura de la del Athletic o el Betis contra el Barça donde la testosterona es el ingrediente obligatorio para asustar a un rival futbolísticamente superior. ¿Testosterona? De eso no reparten en el Cerro del Espino. Tendremos que pillar varios gramos a ese Eufemiano Fuentes. El Madrid va a meter el segundo, salva Filipe Luis. Vaya, majete, es lo primero que haces bien en todo el partido…
Final del partido, ¿de qué color era la camiseta de Casillas?. El ‘échale huevos, el jueves échale huevos” del pasado lunes me parece una broma de mal gusto y un causante de afonías innecesarias a miles de rojiblancos. Me da igual Cristiano, Mourinho y que la temporada haya terminado a 20 de enero, quiero pedir cuentas y no es precisamente a nadie en el Real Madrid. Aplasto mi enésima cerveza y apago la tele. Un partido más, un año más, me voy a la cama con la misma cara de gilipollas de siempre. 
Señores jugadores, me habéis defraudado. Señor entrenador, me ha defraudado. Afición, me ha defraudado. Directiva... ustedes han hecho lo de siempre.
The End.

Deberes hechos antes del gran examen

La mosca hacía mucho ruido detrás de la oreja. La bofetada ante el Hércules y la sensación de “qué hubiera pasado si…” tras el partido del Bernabéu en Copa hacían que los más pesimistas viesen el partido contra el Mallorca como el escenario ideal para una tragedia que se consumaría tres días después. La temporada podría acabar antes de tiempo y eso a la gente, antes anestesiada y ahora entusiasmada por la resaca de dos títulos, no le gusta ni un pelo.
Para colmo de males, el Kun Agüero, ese que convertía cualquier goleada rival en un marcador remontable independientemente de quién fuese el oponente, caía lesionado. Para el libro del absurdo rojiblanco, ese que cada día es más gordo y tiene más episodios, lo sucedido con el argentino es otra anécdota más. Lejos de emitir un comunicado el club, el mundo entero tuvo que enterarse de una lesión por el propio Twitter del jugador. Por increíble que parezca, la jugada se hace más surrealista cuando las pruebas se le realizan casi 48 horas después de la lesión.
Sin tiempo para lamentaciones y con la cabeza de Quique Sánchez Flores en la diana de la directiva según algunos medios de comunicación, llegaba un Mallorca que en la presente temporada se nos da un aire. Es capaz de empatar en el Camp Nou y en casa contra el Madrid, ganando en Mestalla o el Sánchez Pizjuán pero se deja puntos ‘tontos’ por el camino. Cualquier cosa que sucediese a orillas del Manzanares era posible.
Con una defensa, una vez más, cambiada por completo, el partido comenzó con un tono bermellón (blanco en la noche del lunes) que hacía presagiar lo peor.  La zaga hacía aguas y sólo un inspirado David De Gea parecía concienciado de lo que había en juego. A los diez minutos  la cosa pareció entonarse. Ayudó en buena medida un gol de Valera, poco prodigado en esas lindes que hace justicia a su trabajo oscuro. Castigado por las lesiones y con más errores que aciertos en su hoja de resultados, ese gol le dará la confianza que necesitaba y no encontraba.
Debutó Elías y dejó un sabor agridulce. No hizo mucho, pero lo poco que hizo, sin ser digno de destacar, dejó pinceladas para la esperanza. También jugó Mérida en su sitio, todo un detalle después de cinco meses de competición y cuajó su mejor partido con la rojiblanca. La guinda a su pastel fue una prodigiosa asistencia para Forlán, de esas que el uruguayo no  cataba desde que vestía de amarillo y llevaban la firma de Juan Román Riquelme. 2-0 y a vestuarios.

De esta primera mitad, el premio al MVP recae sin ningún género de discusión sobre Tiago. El portugués se vació como en sus mejores citas del año pasado. Esas que enamoraron a una afición que suplicaba por su fichaje y que en este curso se habían contado con los dedos de una mano.
La poca ambición mallorquinista permitió, ya con Juanfran en el campo, pensar más en la vuelta copera que en guardar los muebles. El equipo se conformaba con guardar la ropa y en estas que Antonio López, de más a menos, cometió un penalti que dejaba al equipo con un hombre menos y mucho tiempo por delante. Ahí emergió De Gea, igual que lo hiciese en su debut liguero con el Zaragoza y en la Supercopa de Europa para tranquilizar al personal. Otro encuentro para enmarcar del joven portero.

El fallo de Webó pareció matar las pocas esperanzas rivales en la remontada y De Guzmán, el mejor del Mallorca se autoexpulsó para tranquilidad definitiva del Atleti. Poco más habría que haber contado de no ser por una buena acción de ‘9’ de Diego Costa que regalaba el tercero a Reyes en tiempo de descuento. El utrerano suma los mismos goles en dos jornadas que en todos sus encuentros ligueros con el Atlético en tres temporadas. Que siga la racha.

Impossible... Is nothing?

Nueva visita al Bernabéu y nueva derrota. De nada me sirven los comentarios que hablan de que hasta el minuto 90 teníamos el partido controlado. Cuando te plantas en el Bernabéu como un equipo pequeño, las probabilidades de que el experimento salga bien son remotas. Quique apostó por Juanfran en el once titular en lo que quiero pensar que es la enésima puyita del técnico rojiblanco a la deleznable plantilla que le han puesto. He de reconocer que el invento me pareció un error, aunque el rendimiento del alicantino me cerró la boca. Su actitud, defendiendo al equipo en jugadas polémicas y trifulcas me hace depositar un voto de confianza en su fichaje. Yo lo que quiero son jugadores que sepan de lo que va ésto y que si tienen que partirse el pecho por el escudo, lo hagan. Aunque dos años más tarde besen el de otro equipo.
Como en tantas ocasiones, cometimos el error habitual: marcar pronto y casi sin merecerlo. Este hecho suele provocar un comportamiento en el eterno rival de avalancha sobre la meta de un  De Gea que, pese a los tres goles encajados, estuvo soberbio sobre todo en la primera mitad. El gol de Forlán, que a un servidor le pilló en plena rueda de prensa/cabreo de Luis Casimiro en el Palacio de Deportes fue recibido por los que aún allí aguantábamos como un grito a la esperanza. Ramos, el enésimo poco habitual en marcar, tardó poco en rescatarnos de la alegría.
La primera mitad, por lo que leo y me cuentan fue un asedio por parte del Real Madrid. Los blancos nos sometieron a uno de los mejores 45 minutos que por Chamartín se recuerdan (@delfinmelero, un vikingazo de los que merecen la pena, dixit) y aún así salimos con vida. Pero a esa plaza no puedes salir a escatimar esfuerzos. Lo mejor, como hizo hace pocos días el Villarreal, es plantear un partido anárquico. Al fin y al cabo, a ellos les tocó un 4-2 que sería mejor para nuestras aspiraciones, pero aquí ni queremos ni, por desgracia, podemos plantear lo que los castellonenses hicieron.
No hablaré de la escalofriante entrada de Cristiano Ronaldo a Ujfalusi (si llega a ser al revés, mañana tenemos portadas con todos los ángulos de la patada y de la incontestable roja de Mateu Lahoz), tampoco de la caricia de Xabi Alonso a Reyes en los bigotes del susodicho colegiado, que debe tener algo más allá que una simple amistad con el tolosarra a juzgar por los dos últimos derbis. El árbitro, aunque influyó, no fue decisivo.
No marcó el partido porque mientras Forlán, que parecía reconciliado con el gol, enviaba al poste una ocasión clara, nosotros poníamos una alfombra roja a nuestro más odiado portugués para hacer el segundo. Segundo gol que se produjo, por cierto y para mi enorme cabreo, con el Kun Agüero en el suelo tras una entrada de Marcelo. Para los pitos y las protestas por falta de Fair Play ya estarían nuestros adorables vecinos en una jugada posterior en la que no devolvimos el balón. Es lo que hay.
Ante un  Madrid fundido, al que se le podía haber intentado ganar a los puntos golpe a golpe, Quique prefirió guardar la ropa. Retiró a Forlán por un Fran Mérida que cada vez me resulta más una burda imitación de mi tan poco respetado Jurado. Ni a la izquierda, ni a la derecha ni al centro me aporta nada el catalán. Como no podía ser de otra manera, y siempre con el espectáculo circense como abanderado, regalamos un tercer gol en el descuento cortesía de Filipe Luis.
La cosa se pone muy complicada en el Calderón. Son muchos años sin tocar la cara al Madrid, toca apelar a esa heroica que cada vez nos da la espalda con más asiduidad pero, ¿por qué no creer? Si en nuestra santa casa cayó dos veces el eterno Barça de Pep Guardiola, si aquí hemos escrito los capítulos más brillantes de nuestra centenaria historia, hay un espacio a la esperanza.
Yo, siendo sinceros, no confío en ella. Son tantos y tantos golpes que todo lo que no sea caer eliminados me sonará a sorpresón de los gordos. Aunque, como decían en mi querido Estu, ese que hoy también me amargó el día, “lo veo tan difícil, tan rematadamente chungo, que hasta es posible”. Y de aquella, casi ganamos la ACB, damas y caballeros…

Devuélvanme mi ilusión


Vaya palo. Tratar de justificar lo que sucedió en el Rico Pérez es algo que dejaré a los más expertos en temas técnicos, tácticos, estratégicos y deportivos. Yo, con vuestro permiso, voy a hablar del aspecto sentimental. Porque en este humilde punto de encuentro los habrá que les guste más o menos Raúl García, los que crean que Reyes ha de jugar a banda cambiada o en su zurda natural, si los córners deben defenderse en zona o al hombre, pero lo que todos y todas de cada uno de nosotros compartimos es que disfrutamos, sufrimos, lloramos y reímos con este bendito y centenario club.
Ya lo dijo nuestro ‘querido’ presi, que no nos gustan los lunes. Pero creo que la manera de protestar contra ese día que tan mal le viene a los equipos y tan supuestamente bien a las televisiones no es dar el lamentable espectáculo ofrecido por el Atleti durante los 90 minutos. Las ocasiones locales iban contabilizándose por goles sin que muchos de los nuestros llegasen a sudar una mísera gota en una camiseta por la que muchos de los que sufríamos ante la pantalla daríamos la vida. 

Por salir mal, hasta los menos habituales como De Gea o Domínguez cometían errores de alevines, regalando goles a un equipo que, dicho con todo el respeto, no debería endosar cuatro tantos en 45 minutos al Atlético de Madrid jamás de los jamases. No mejoró la cosa en la reanudación y el marcador únicamente pudo maquillarse con un tanto de Reyes con la derecha. Hasta en eso fue raro el partido.
A Abel le largaron tras un 4-0 en Stamford Bridge, pero aquí ahora nadie moverá un dedo. No habrá culpables, ni comunicados de los capitanes pidiendo disculpas a una afición que se mostraba entusiasmada con la posibilidad de plantar cara al eterno rival en Copa pero que ahora cuenta las horas para el partido del jueves como el condenado cuenta el tiempo que le queda de vida. Así son las cosas, una pena.

Tampoco me voy a detener mucho más en críticas y llamamientos al orgullo que supone llevar esas rayas, esas estrellas, ese oso y ese madroño sobre el pecho. Aquí cada uno sabe lo que hace y debe ganarse el jornal como cada uno de nosotros lo hacemos. Simplemente, y aunque jamás nadie en el club lea estas líneas, recordar que detrás de esa pelotita y de esos sueldos millonarios hay miles, millones de corazones que se sientan con su cervecita ante un canal pirata para disfrutar de los 90 minutos de Atleti semanales y que ninguno, por muy cabrones que seamos, nos merecemos un castigo como el que vivimos en Alicante. Ya pueden salir a matar el próximo jueves, incluso dar una bofetada a la historia y ganar en tierra hostil, que a mí la decepción de este lunes ya no me la quita nadie.

Oro, incienso y... ¡Derbi!

Amanecía el día de Reyes con regalos, gente en la tele descorchando champán en las administraciones de loterías con más suerte en España y carbón, eso espero, para la gente que maldirige al Atlético de Madrid. En el horizonte, un encuentro extraño ante un Espanyol inexpugnable en Cornellá que únicamente había cedido los puntos ante el arrollador Barça de los mil y un títulos.
Viajaba el Atleti a la Ciudad Condal con la intención de salvar un 1-0 que pudo haber sido más grande. Han pasado sólo un par de semanas, pero ha parecido una eternidad. Ahora, ya en 2011, nuestro entonces capitán comparte vestuario con un 'ídolo' de la afición como Guti, Forlán sigue lesionado por aquel inoportuno resbalón pero, además, se le calienta la boca cuando de hablar del Atleti se trata. A Reyes no se le ha vuelto a ir la cabeza tras una entrada rival, más que nada porque no había vuelto a jugar.



Tan solo hay una cosa que no cambia, bueno sí, ahora lleva un brazalete que otrora lucieron Torres, Futre, Gárate o Arteche. Lo que no cambia es la calidad del Kun Agüero. Ni siquiera su nuevo precio en rebajas le ha hecho dejar de deleitarnos con su fútbol y los defensas del Espanyol, a día de hoy, aún sueñan con las diabluras de un loco bajito cuyo pequeño Benja, a juzgar por los vídeos en Internet, poco tardará en igualar.
Tras un inicio titubeante, en el que se tocó fondo con la surrealista pelota en el área pequeña que ni De Gea ni Perea acertaban a despejar, el Atleti se empezó a sentir cómodo. Raúl García, muchísimo más entonado junto a Mario Suárez y Assunçao que con Tiago, reventó el esférico contra el larguero en lo que pudo haber sido el gol de los octavos de final. Tampoco tuvo suerte Reyes en un centro de Agüero desde la derecha y que el utrerano, falto de confianza en su diestra, envió contra un defensa.
Pero mediada la primera mitad, una vez más, apareció la magia del Kun Agüero. Bastó un balón en largo, una milésima de duda en la zaga perica y tres controles para superar por alto a Cristian Álvarez. El 10 volvió a hacer gala de su fortaleza física ante las acometidas de los defensas, desesperados intentando tumbar a nuestro mejor hombre. No sería la única travesura y se dedicó a seguir partiendo las cinturas que se ponían a su paso y sólo el doble error de árbitro y asistente le impidieron irse al banquillo con dos goles en la buchaca.
En la segunda parte se mantuvo el orden defensivo, cosa que es de admirar en una línea que lleva sin repetir los cuatro mismos nombres desde tiempos de Geli, Santi, Solozábal y Toni. Domínguez se hizo grande y Filipe Luis dejó destellos de su mejor versión en Riazor. A poco que coja el tono en la parcela ofensiva, tenemos lateral para muchos años. También brilló De Gea con una seguridad que ya no extraña. El toledano se sacó una gran estirada para evitar un tanto del empate que sólo llegaría en el descuento.



Para entonces, Domínguez devolvió la jugarreta de entrar en el campo lesionado que tanto dio que hablar en el partido liguero del Calderón. En aquella ocasión, el máximo castigo fue para Quique Sánchez Flores pero si somos nosotros los que lo hacemos en campo rival, la amarilla cae para nuestro jugador... ¡Qué cruz!
A mirar al derbi sin miedo pero sin olvidarnos del envite liguero del fin de semana. El empate ante el Racing debería abrir los ojos al equipo. Que nadie olvide que en un par de semanas, ojalá que no, podemos estar eliminados en Copa y debamos encomendar nuestras aspiraciones a la Liga, donde no vamos bien encaminados precisamente.

Por último, muchos preguntáis sobre nombres, rumorología y fichajes. Lo único cierto aquí es que se ha fichado a Elías, aunque los problemas con los papeles pueden retrasar su debut. En el capítulo Juanfran, el acuerdo con el jugador es total, aunque ahí entra en escena Patxi Izco, un negociador indomable de la escuela de Lendoiro y compañía y que ya sabe lo que es sacar los higadillos al Atleti como hizo con Raúl García. El otro rumor que suena, Manu del Moral, parece que no lo tiene tan fácil para cruzar la M-40 y llegar al Manzanares. Bajo mi punto de vista y aunque sea canterano, no es el futbolista que necesitamos.

Se nos derrumba el castillo

Terminaba un año histórico y llegaba otro que muchos miramos con recelo. La teoría de un servidor se basa en que cuando uno pasa una racha inesperadamente positiva, sin haber trabajado para conseguir sus méritos, llega otra negativa que hace justicia e iguala los méritos. Agárrense los machos porque podría cumplirse mi peor profecía. Un año insípido y cargado de tedio y aburrimiento que puede terminar en el mes de febrero.
¿Y cómo viene este cambio? Parece que nadie se ha dado cuenta pero, 12 uvas después, nos encontramos un espectáculo lamentable en el mismo Vicente Calderón, en el que antes se vivían remontadas imposibles contra grandes de Europa, contra un Racing que debería haber salido sin arañar puntos. Pues este volantazo viene dado por la incompetencia de la parcela deportiva del club. Teníamos un castillo de naipes a duras penas construido por Quique Sánchez Flores y al que le han quitado cartas, debilitando su estructura, hasta que termina por derrumbarse.


En defensa, caen dos centrales, Pablo y el defenestrado Juanito, para traer a Godín, un cambio favorable en calidad pero no en cantidad. Pernía deja su sitio a Filipe Luis, un cambio positivo aunque, hasta el momento, excesivamente caro.
En el centro del campo llega Mario Suárez, se va en el mercado invernal Camacho igualando fuerzas. Sin embargo, el Tiago del año pasado se parece en poco o nada al que ha llegado ahora. Misma llegada a gol con menor sacrificio por el movimiento de balón. Además, Jurado, Salvio y Simao dejan su sitio a un Fran Mérida demasiado verde para la afrenta de convertirse en pilar que sostenga al equipo y un Elías del que poco o nada sabemos salvo sus dificultades para leer los mensajes de las bufandas. Una apuesta excesivamente arriesgada y donde puede estar la clave de la debacle de la presente temporada.
Así es imposible. La renta de un gol ante el Espanyol puede ser salvada pero entonces vendrá el vecino, ansioso de Copa del Rey y puede borrar de un plumazo la última esperanza del Atlético 2011 (permítanme haberme olvidado hace tiempo de quimeras Champions y demás logros ligueros).
La disposición de Quique puede ser interpretada de dos maneras: por un lado, y es la que parece tener más aceptación en la grada, es un incompetente y no sabe colocar once tíos de garantías sobre el césped. Por el otro, es un órdago a la directiva mostrando ante su propia gente las carencias de la plantilla que menos hombres ha utilizado en toda la Primera división. Echar mano de la cantera, como en el caso de Koke ayer no es más que un intento a la desesperada por dar con la tecla adecuada. Desgraciadamente, el Madrileño no está este año para excesivos favores al equipo de los mayores.


Por suerte, tenemos al mejor gestor del año, don Miguel Ángel Gil Marín, ese hombre que se sube el sueldo año tras año sin ver un solo partido en directo. Ese señor que no aparece en los momentos importantes y se oculta tras su marioneta de gafas y pelazo canoso. Algo hará por nosotros, ¿o no?