El crack que nunca vendrá


Las voces claman al cielo para que llegue un delantero, un creador, un cortador de césped nuevo, lo que sea, pero con renombre. Mucho me temo que, pese al dinero ingresado este verano, la pieza que Manzano espera para encajar en su puzzle (un puzzle que aún no sabe ni él mismo qué forma tendrá...) no llegará. Ni ahora, ni en invierno. El hecho de haber contado con Agüero durante los últimos cinco años ha sido una bendición, una suerte que tocó lanzando una moneda al aire cuando el jugador tenía 17 años y poco sabía de lo que había fuera de su Argentina natal.
¿Cuál fue el último jugador de prestigio a nivel mundial que el Atlético fichó? Si en estos últimos años hemos tenido estrellas a nivel europeo (Torres, De Gea, Agüero, Forlán) ha sido en gran medida porque han crecido como jugadores en el Vicente Calderón. Muchos, nostálgicos de aquel PC Fútbol que nos robaba tardes y noches durante el cambio de milenio, creen que con los 70 millones se puede traer a Falcaos, Matas o Neymares. Esto es imposible. El fútbol actual se ha estructurado de manera que los grandes jugadores sólo quieren jugar en un peldaño elitista al que no hemos podido, mejor dicho, no nos han dejado escalar.
Aunque tengamos muchos ceros en la cuenta del banco (que no es así pese al dineral ingresado, que nadie se engañe), nos toca seguir vistiendo de Zara mientras los demás van a Gucci o a Armani a despilfarrar sin compasión avalados por el pastizal que les da papá televisión y mamá publicidad. Aún así, qué queréis que os diga, se suelen encontrar cosas bien monas a bajo coste. Y si no, que le pregunten a equipos como Villarreal, Valencia o Sevilla que han sabido pescar a gente como Rossi, Soldado, Mata, Negredo o Kanouté de la nada y le han sacado un rendimiento extremo. ¿Quién nos dice que Salvio, al que le tengo una gran fe, no se convierte en una de las revelaciones de la temporada?
Por desgracia, y ya que ni deportiva ni económicamente podemos competir contra los grandes dinosaurios del fútbol europeo, nos ha tocado la directiva que nos ha tocado. Ellos, solo ellos, son los que han provocado que Falcao prefiera seguir jugando Champions y aspirando a títulos en lugar de pelear por la séptima plaza y tener que acortar sus vacaciones para jugar una previa europea en un campo impracticable de la Noruega profunda. En estos tiempos, siendo un futbolista de renombre, ¿ficharías por el Atleti? Yo me lo pensaría...

Las finales no se juegan en agosto


Existen muchos tópicos en el mundo del fútbol que se repiten semana a semana hasta la saciedada. Del “no hay rival pequeño” al “lo importante era sumar los tres puntos”. Incluso, otros, pretenden imponer sus tópicos al grito de “los jugadores juegan donde quieren”. Hoy, sin embargo, nos vamos a centrar en ese otro recurso fácil que es “nos vamos a tomar este partido como una gran final”.
Este tipo de ‘finales’ vienen jugándose en la recta final de la temporada pero nuestro querido Atleti, como siempre, le da la vuelta a la tortilla y se jugará la primera final de la temporada a primeros de agosto, a la hora de la merienda, sobre césped artificial y contra el todo poderoso Stromgodgset noruego. Algo inaudito, vamos. Y nos jugamos una final por la sencilla razón que lo que era un mero trámite, una incómoda eliminatoria en plena pretemporada se ha convertido en un quebradero de cabeza por culpa del mal hacer de un equipo condenado al desorden.
Jugarse el futuro en Europa ante un equipo inferior mientras otros hacen giras multimillonarias por todos los rincones del planeta conllevaba la responsabilidad de empezar antes a trabajar en el campo y en las oficinas, algo que no ha sucedido. Mientras otros equipos han peinado el mercado y han conseguido fichar muy bien, ajustándose a las dificultades económicas del momento, en el Calderón nos hemos preocupado más por que el Kun no se fuera al eterno rival o por evitar una fuga de cerebros al débil fútbol turco. Los que hace dos meses eran pitados en el estadio por una palpable falta de entrega ahora son idolatrados por las masas ante la falta de nuevos nombres que ilusionen.
Para colmo de males, ni siquiera el hecho de tener eso que miles de equipos añoran en estos momentos, dinero, nos ha hecho reaccionar. Hace dos meses que se sabía que Agüero se iría, era un secreto a voces que De Gea haría las maletas para ser el sucesor de Van der Sar y poco o nada se ha hecho en la dirección deportiva. Al final, echaremos de menos al ¿bueno? de Suso García Pitarch.
Y, a falta de unas horas de poder quedarnos fuera de Europa, estamos peor que nunca. Bajo palos, se ha preferido traer cedido a un joven talento sembrando de dudas a dos fijos de la meta de España en categorías inferiores. En defensa, la duda de Silvio y el mal pie con el que ha empezado Miranda, a quien sigo otorgando el beneficio de la duda, nos hacen recordar los años y años de mofas que parecen nunca acabar. En el centro del campo, sigue sin aparecer ese cerebro por el que todos suspiramos y que solo suena que pueda surgir con la llegada de Diego, tan bueno con el balón en los pies como malo en disciplina y compromiso. En el ataque,  con Costa lesionado y Forlán en modo enigma, Adrián aporta cosas interesantes aunque no tiene eso que, al fin y al cabo, es lo que importa en el fútbol: el gol.
Más nos vale que el grano en el culo de esta tarde no se nos enquiste, porque la temporada se puede hacer muy larga a orillas del Manzanares.

PD: Por mucho que se marchen las estrellas de mi equipo, por muy alta que sea su traición, jamás desearé la muerte de nadie. Al final, el que seguirá vistiendo la rojiblanca seré yo y no ellos. Nunca más escucharán nuestros gritos de apoyo ni vivirán lo que nosotros vivimos. Eso ya es suficiente penitencia  para el que se va del Atleti.

Crónica de una muerte anunciada


La noticia cayó como un cubo de agua fría. ¿Qué digo un cubo? Un océano de agua congelada nos ha helado, en forma de mensaje digital, la cabeza, pero también el corazón. El símbolo, el referente, el núcleo sobre el que habría de sustentarse el futuro del Atlético de Madrid sale arrancado de cuajo quién sabe si con destino a una finca vecina. El Kun Agüero no aguanta más. No soporta una situación que no aguantó Fernando Torres y que seguramente tampoco aguante la estrellita de turno que venga a suplir su enorme hueco. Estamos destinados a ello.


El Kun no se irá solo. Ya anunció su adiós Quique Sánchez Flores, David De Gea perfecciona su inglés y el divorcio de Forlán con la grada recomienda un final feliz para ambas partes con una separación irreversible. Si a eso le sumamos las recientes salidas de Simao y Jurado, parte importante de la consecución de los títulos de Hamburgo y Mónaco, nos encontramos con algo que parecía un proyecto sólido convertido en añicos. ¿Qué jugador con proyección de Balón de Oro se querría quedar con un panorama así?
Para colmo de desgracias, no hay nadie ahora mismo que pueda poner orden. García Pitarch, con los bolsillos bien henchidos de billetes, abandona el club y su supuesto sustituto, viendo la que se le podía venir encima, prefiere seguir en el Getafe, equipo con mucha menos historia que el nuestro, antes que regresar al club de sus amores (cómo estarán las cosas para que ni los históricos quieran juntarse con los de arriba). Tanto el cordobés como Kiko han dejado a la directiva compuesta y sin dirección deportiva.
La nueva temporada ha comenzado hace apenas unos días y ya nos encontramos sin entrenador, sin jugadores referentes, sin dirección deportiva y con únicamente una serie de nombres insípidos en el otro lado de la balanza, incapaces de aportar a la afición un ápice de ilusión por el próximo año.
Muchos llaman a una concentración como la del #15M a las puertas del Vicente Calderón pero ya es demasiado tarde. Durante semanas, los que se ponían las bufandas verde y oro y gritaban contra Gil y Cerezo no eran más que un pobre grupo que entretenía a las masas mientras éstas apuraban su último trago a una caña en Marqués de Vadillo antes de ir al estadio. Ahora no se conseguirá concentrar a nadie. Primero, porque la temporada está terminada y es absurdo protestar contra alguien que seguramente esté disfrutando de unas lujosas vacaciones con nuestro dinero. Y segundo y lo más importante, porque las cosas no se hacen así. Hay que luchar para evitar que las cosas sucedan, no patalear cuando ya se han producido.
Por suerte, el Atlético de Madrid debe estar por encima de hombres y nombres. Lo que esas ocho barras rojiblancas, esas siete estrellas, ese oso y ese madroño representan no tienen cláusula de rescisión alguna. Nadie nunca podrá comprar lo que significa para nosotros. Ahora toca sufrir, y exigir, y protestar para volver a colocar al Atlético de Madrid donde se merece. Y esa es nuestra misión porque si no lo hacemos los atléticos, nadie lo hará por nosotros.

La memoria selectiva

Si hace unas semanas me dicen que iba a escribir un post así, me hubiera reído a carcajadas. No quiero actuar en estas líneas como abogado del diablo y defender la figura de Diego Forlán, es más, su actitud desde que terminó el pasado Mundial de Sudáfrica me resulta, cuanto menos, criticable. Sin embargo, el que podía ser el partido de tu adiós ante la que ha sido tu gente durante cuatro años jamás podrá ser contado. No te dejaron vivir ese momento.
La decisión de Quique Sánchez Flores de no convocarte fue motivo de loas para muchos pero un acto de cobardía y egocentrismo para otros. Los dos gallos de ese corral no podían tener su minuto de gloria de manera simultánea y en esas, amigo, el técnico lleva y llevará siempre las de ganar. Con gesto distraído, tuviste que aguantar a parte del Frente Atlético cantarte ‘Uruguayo mercenario’, precisamente un colectivo que jamás ha tenido una palabra crítica para quienes todos sabemos que tienen la culpa de lo que sucede en el Atlético de Madrid.
Llegaste con un reto para valientes: hacer olvidar al niño mimado del Vicente Calderón. No te importó la dificultad. Nunca te besaste el escudo, nunca hiciste campañas para invitar a la gente a abonarse. Tampoco te acercaste a la gente para ganarte su cariño. Te limitaste a hacer lo que tu contrato te pedía: meter goles y ganar. Porque Diego, si alguien tiene buena parte de la ‘culpa’ de los éxitos de los últimos años, ese eres tú. Independientemente de quién se sentase en el banquillo, quién parase los disparos del rival o de quién te pasase los balones.
Pero te equivocaste, Forlán. La historia del Atlético de Madrid te guardaba un espacio con tu nombre bordado con letras de oro en el escudo y tú lo despreciaste. Quizá creíste que el equipo se te quedaba pequeño tras hacer historia con Uruguay, puede que pensases que merecieses tu último gran contrato profesional vestido con otra camiseta que te diese más en lo deportivo, que no en lo personal. Nadie sabrá si el Calderón hubiese levantado o bajado el pulgar en tu despedida. Como dice Sabina, “no hay nostalgia peor, que lo que nunca jamás sucedió”.
Mi madre siempre me enseñó que de bien nacidos es ser agradecidos así que desde este humilde blog te ofrezco mi más sincero agradecimiento. Te doy las gracias por tantos momentos de alegrías pero unas gracias, así, en minúscula. De ti, y únicamente de ti, ha dependido que la historia se hubiera escrito con otras palabras.
Desde aquí mis SIETE momentos del SIETE. Porque la memoria es muy frágil y muchos parecen haber olvidado todo lo que nos has dado:

1.- LA VUELTA A EUROPA
Eran siete años de deambular por la mediocridad. Acariciábamos con la yema de los dedos los viajes por el viejo continente, pero un desconocido Gloria Bistrita nos ganó en la ida y faltaba un gol. Fue el primer día que te enfundaste nuestra camiseta y, sin complejo alguno, lo hiciste.

2.- EQUIPO DE CHAMPIONS
Ya sabíamos lo que era jugar en Europa, pero la afición seguía insaciable. Ahora había que codearse con los más grandes en la Liga de Campeones. Faltaban tres puntos y el Dépor se presentó en el Calderón a defender el empate. Con más hambre que nunca, lo volviste a hacer. 



3.- LOS GOLES AL MADRID
Bien es cierto que valieron de poco, pero desde el descenso a los infiernos, superar la meta de Casillas había sido un reto reservado a Kezmans, Paunovics, Javis Morenos y Albertinis de la vida. Tú demostraste que se podía romper esa portería que tanto nos había sacado de quicio. En varias ocasiones, cuatro en concreto, lo volviste a hacer.




4.- LA BOTA DE ORO
Salvo Baltazar en la 88/89 (gracias Borja Santero), nunca antes ningún jugador vestido con la camiseta del Atlético de Madrid consiguió tantos goles como tú en aquella 2008/2009. Difícil lo tiene el que quiera volver a hacerlo. 32 goles en 33 partidos. Tu Bota de Oro del Villarreal necesitaba un par. Una vez más, en una batalla heroica contra Eto’o, lo hiciste.



5.- ROMPIENDO A UN BARÇA HISTÓRICO
Después de ganar seis títulos, el Barcelona de Pep Guardiola parecía un equipo invencible. Nadie logró ganarle en toda la Liga 2009/10 salvo un pequeño reducto de valientes en la orilla del Manzanares. Diego Forlán abrió la lata y, por enésima vez, lo hizo.


6.- ANTES DE LA FINAL DE COPA
De la Copa del Rey del año pasado, la mayoría únicamente recuerdan el gran ambiente de la final y la remontada espectacular ante el Recre. Sin embargo, en cuartos de final, un Celta de Vigo en Segunda División nos tenía eliminados hasta que Diego, sin complejo alguno, lo hizo.


7.- EL SUEÑO DE LA EUROPA LEAGUE
El momento del año, de la década y probablemente de toda una vida para la mayoría de aficionados. En una eliminatoria destinada a una agónica prórroga en el infierno turco, marcó en el descuento. En la ida de las semifinales, nos hizo creer. En la vuelta, silenció Anfield tras el sufrimiento. En la final, empezó a escribir la historia del título y en la prórroga, sin complejo alguno, lo volvió a hacer.

The Big Bang Theory

Esa infinita fuente del saber virtual llamada Wikipedia nos define este fenómeno como “un modelo científico que trata de explicar el origen del Universo y su desarrollo posterior a partir de una singularidad espaciotemporal”. Vamos a hablar aquí de esta teoría llevada al campo deportivo de manera general, y futbolístico de manera particular.
Son varios los equipos que, tras pasar sin pena ni gloria por nuestro fútbol, consiguen un éxito que les catapulta a la escena de primer nivel. Lo consiguió el Valencia, con dos finales de Liga de Campeones consecutivas, una Liga, una Copa, una UEFA y una Supercopa europea. También el Sevilla, con dos Copas de la UEFA consecutivas, otra Copa del Rey y varios años de meter el miedo en el cuerpo a la bipolaridad en nuestra Liga. Por último, el Villarreal, que pese a no haber conseguido ningún título, ha creado un modelo digno de admirar basado en cantera y fichajes de una calidad-precio inigualables.
Esa “singularidad espaciotemporal” se produjo hace hoy exactamente un año para el Atlético de Madrid. Sin saber muy bien cómo ni por qué (que diría un portugués al otro lado del Manzanares), el Atlético pasaba de deambular por la Liga y hacer el ridículo en la Liga de Campeones a conquistar en Hamburgo la recién estrenada UEFA Europa League. Sería el inicio de una semana que terminaría con una final de Copa del Rey de la que siempre se recordará más lo que pasó fuera del terreno de juego que del partido en sí. La guinda del pastel, la Supercopa europea, también se vino para el Calderón contra todo pronóstico. ¿Qué pasó entonces?


Con todos los condicionantes para colocarnos en el primer plano del fútbol continental, todos los actores en escena han suspendido su función y el Atlético ha vuelto, como quien no quiere la cosa, al más profundo olvido en cuestión de meses. Digo que han fallado todos los actores porque ninguno debemos estar orgullosos de lo que ha pasado desde entonces hasta hoy.
Ha fallado la directiva. Con una inversión prácticamente mínima, se podía haber completado un plantel de garantías para afrontar las tres competiciones. Sin embargo, y como es costumbre, han primado más las comisiones que el interés del club. Se vendió, sin margen de maniobra a Jurado, y los fichajes tardaron en adaptarse. Ya en el mercado invernal, se gastan nueve millones de euros (sólo cuatro menos que Ozil, la revelación de la temporada) en un Elías cuando en el mercado abundaban los Baptista, Rakitic y compañía. Suspenso.
Ha fallado el entrenador. Que sepamos que la culpa de lo que le pasa al Atleti no es exclusivamente suya no le exime de responsabilidades. Supo dar confianza a un grupo limitado futbolísticamente hasta llevarlo al éxito. Confió en un núcleo duro que se ha empeñado en desgastar con el paso de las semanas. Este era el once que jugó en Hamburgo: De Gea, Ujfalusi, Perea, Domínguez, Antonio López; Assunçao, Raúl García, Simao, Reyes, Kun y Forlán. De estos jugadores, únicamente cinco (menos de la mitad) mantienen su puesto en el equipo. Además, los dos habituales hombres de refresco de aquel equipo como Jurado, Salvio e Ibrahima, ya no están en el equipo. En su debe, también, el castigo sistemático a Fran Mérida, un año perdido para el catalán. Suspenso.
Han fallado los jugadores. Pocos jugadores han mantenido el nivel de la pasada campaña. Tan solo el Kun, cuyo futuro desgraciadamente pasa por salir del Atlético de Madrid ha subido la nota y ha alcanzado el sobresaliente. Junto a él, Mario Suárez. Para mí, la sorpresa agradable de la temporada junto a Koke. Forlán, mejor jugador del Mundial de Sudáfrica, se ha enfrascado en una batalla eterna con el entrenador en la que ni uno ni otro han salido beneficiados y que prácticamente les ha supuesto la salida del club. De Gea y Domínguez han perdido la oportunidad de pasar de ser canteranos con futuro a jugadores hechos y derechos. En el caso del portero, los cantos de sirena de Old Trafford parecen haberle sumido en un sueño que se convierte en pesadilla cada vez que los rivales le marcan un gol absurdo. El central, por su parte, perdió la confianza del entrenador y él tampoco supo devolvérsela sobre el césped. Suspenso.
Por último, pero no menos importante, ha fallado la afición. La alegría de los títulos nos ha borrado de un plumazo el recuerdo de años y años insípidos. Años en los que el noveno puesto ni se castigaba. El equipo ahora lucha por la séptima plaza cuando en septiembre se hablaba de ‘alternativa’ al título y se obtiene el silencio por respuesta. Como dice el bueno de Rubén Uría: “Aquí no pasa nada. Y si pasa, se le saluda”. Finalmente, las plataformas de oposición no han sabido aunarse y hacer el ruido suficiente para ni siquiera molestar a los de arriba. Suspenso también para nosotros.

Decisiones incorrectas

Hoy en día, cuesta encontrar algún periódico en el que se ofrezca un mínimo de información de todo equipo que no sea Real Madrid o Barcelona. El trabajo se convierte en casi imposible en estas semanas de clasicomanía en las que todo conjunto que no vista de azulgrana o blanco impoluto pasa completamente desapercibido independientemente de cuáles sean sus méritos para aparecer en los papeles.
Uno de los medios que merecen especial mención es Mundo Deportivo a través de su especial Mundo Atlético, donde profesionales destacados como Carlos Aznar o Javier G. Gómara cuentan a diario los entresijos de la actualidad colchonera. Es justo agradecerles que podamos encontrar algo de nuestro Atleti en un diario de tirada nacional lejos del humo y la rumorología que todo lo cubre en el resto del espectro periodístico. En el día de hoy, ha sorprendido el anuncio de la posible reestructuración del esquema técnico del club. Parece que en la directiva han decidido limpiar a algunos hombres-escudo para soliviantar los ánimos de una afición hastiada. 


Cal y arena en las dos posibles decisiones de cara a la próxima temporada. En primer lugar, la salida de Suso García Pitarch se antoja como justa, necesaria y, si me permiten, urgente. El actual director deportivo ha sido todo un despropósito de mala inversión de los escasos recursos del Atlético de Madrid. Con sus constantes viajes a países recónditos, con especial mención a su adorado Brasil. De los Fabiano Eller, Cleber Santana, Mariano Pernía, Mista, Seitaridis y un larguísimo etcétera ya se ha dicho todo y poco o nada de lo que digamos en este humilde rincón de la red aportará mucho a lo ya escrito.
El problema llega con su recambio. "Del Doblete a los despachos" titula El Mundo Deportivo tras sonar, y mucho, la llegada de Caminero a la dirección deportiva rojiblanca. No negaré aquí mi profunda admiración futbolística por un jugador cuya entrega y calidad están fuera de toda duda. Con más jugadores como Caminero, en la actualidad, otro gallo nos cantaría. Sin embargo, su currículum como directivo no es tan brillante como cuando vestía de corto. Su único precedente de renombre fue en su añorado Valladolid, donde su presunta implicación (de la que nunca se demostró su culpabilidad) en el tráfico de drogas dio con su salida del club blanquiazul. Demasiado poco bagaje para meterse en el convulso mundillo de tejemanejes, comisiones y oscurantismo del Atlético de Madrid.
Podríamos aceptar a Caminero. Para mejorar los sufridos años de García Pitarch en la parcela técnica del club tampoco hay que ser un cerebrín ni un experto en la tercera división chipriota. Lo que queda fuera de mi comprensión es el cambio de Juan Vizcaíno en lugar de José María Amorrortu. No es que el tarraconense no me guste, directamente no sé si ha hecho algo por el fútbol base. Me parece, sin embargo, un insulto para el gran trabajo de Amorrortu con la cantera en los últimos años.
Antes de su llegada, peleábamos por el ascenso a Segunda en lugar de coquetear con el descenso a Tercera, eso es cierto. También es cierto que el equipo estaba compuesto por jugadores que por edad deberían haber dado ya el salto a las categorías superiores. Se ha pasado de un equipo curtido y válido para la categoría por un conjunto de jóvenes valores que pagan su inexperiencia por los campos de Segunda B pero se curten como futuros jugadores de Primera.


Nunca antes tuvimos una cosecha de jugadores como la actual. De Gea, Joel, Domínguez, Koke, Pulido, Mario Suárez, Borja o el debutante del pasado domingo, Noguera, no son casos aislados ni fruto de la fortuna. Se trata del premio a un trabajo a medio/largo plazo y que se ha realizado de manera magistral. Otros como Keko, Cedric o Ibrahima han brillado en Segunda, por lo que pudieran regresar en el futuro al más puro estilo Mario Suárez.
Cuando las cosas se hacen bien, señores directivos, es mejor no tocarlas. Si están nerviosos por las cada vez más habituales protestas por su gestión, no jueguen a meter un elefante en una cacharrería para despistar la atención porque la gente ya sabe quiénes son los culpables. Cada vez más.

A ti, niño del Atleti


Puede que el domingo fuese la primera vez que pisaras el Vicente Calderón, puede que nunca hayas oído hablar de Futre, Solozábal o Manolo y que El Doblete sólo sea para ti el bar donde papá te llevó a tomar una cocacola antes de ver el partido. Un partido que siempre recordarás que ganamos por goleada ante unos que parecían el ‘Barça’ por sus camisetas.
Tal vez te sorprendiera que en la puerta, en vez de globos rojiblancos te dieran unos verdes y amarillos que poco o nada tengan que ver con la camiseta del Kun Agüero que te trajeron los Reyes Magos, esa que cada vez que te ponen tus padres se les cae la baba y no paran de hacerte fotos… Estás tan guapo con ella y tu bufanda a juego…
Quizás no entiendas por qué mucha gente gritaba contra un señor y que tu tío, atlético desde tiempos de Gárate, te explicase que le criticaban porque “ese señor nunca va al estadio”.  Te preguntarás qué hacía un ramo de flores en el córner. No te preocupes por hacerte tantas preguntas, tienes toda una vida para responderlas y, sobre todo, para contar a tus hijos el día de mañana cómo fue aquella primera vez que visitaste el Vicente Calderón.
Lo importante es que ya sabes en persona cómo marca goles el Kun y sólo quieres pedirte ser él en el recreo, has visto cómo hace paradones De Gea y que descubriste, igual que hicieron todos los ‘mayores’, que Elías además de ser un dudoso fichaje, sabe poner faltas en la escuadra. Porque lo que te pasó el domingo fue algo que nunca olvidarás. Fue el inicio de una vida en rojiblanco que te deparará muchos sufrimientos pero también muchas alegrías.
Vivirás la mudanza a la Peineta, la salida del Kun, de De Gea, la vuelta del niño Torres, ese que juega con España y que, aunque no lo sepas, jugó y quiere mucho al Atleti. Vivirás, ojalá, el derrocamiento del señor al que todos criticaban ese primer día como atlético y puede que hasta puedas votar a tu presidente algún día.
Lo que sí te voy a decir es que siempre estés muy orgulloso de ser del Atleti, de tus colores y que luches con fuerza, que siempre lleves la cabeza bien alta y, como dice la canción, que lleves el escudo del Atleti grabado en el corazón allá donde vayas.
Disfruta, pequeño, porque no todo el mundo es del Atleti. Eres un privilegiado.