Metamorfosis en campo maldito


Cómo nos gusta lo poco serio. Como nos gusta jugar con fuego para, a veces quemarnos y a   veces no.  El Atleti había llegado a un campo donde no había ganado nunca desde su construcción en 1993. Nuestra última victoria allí databa de 1991 con goles de dos míticos como Juan Vizcaíno y Gaby Moya. Muchos de los que leáis esto, entre los que me incluyo, erais auténticos micos y ni recordareis aquel partido.
Lo cierto es que el encuentro, más aún sabiendo del empate entre Villarreal y Valencia y de la derrota del Sevilla, se antojaba vital para seguir la estela de los puestos de arriba. Pero el Atleti salió, como siempre a verlas venir. Como si de un deja vu del derbi se tratase, los 20 primeros minutos fueron para borrarlos de toda videoteca del mundo del fútbol y la Real, empujada por  un público entregado, consiguió ponerse por delante con una facilidad pasmosa antes del cuarto de hora. En buena parte ayudó el enésimo ataque de entrenador de Quique, obcecado en mandar al olvido a Domínguez y ciego por su confianza en Perea. El cambio llevó a Ujfalusi al centro de la defensa, donde no se siente tan cómodo y termina por meter goles donde no debe. Si después de ganar en Mónaco nos dicen que, tres meses después, este equipo no va a contar con Filipe Luis, Domínguez y Assunçao nos da la carcajada floja.
Mis palabras en esos momentos eran auténticas lanzas contra más de uno y más de cinco jugadores. El Super Mario del partido de Osasuna se había olvidado de comer la seta que le hace grande y se había convertido en un vulgar mediocentro sin ayuda por parte de un Tiago nuevamente desaparecido. Pero como si por arte de telequinesis se tratase, el oso del escudo debió oír mis críticas y a buen seguro las vuestras y se encargó de recordarles a los jugadores lo que había en juego. No era admisible un nuevo ridículo a domicilio. El portugués fue quien dio el paso al frente y adelantó su posición algunos metros para recordar su mejor versión del pasado año. Lo intentaron el Kun, el propio Tiago y un Forlán que buscó una vaselina que no hubiera sorprendido ni a David el Gnomo atándose los cordones. Tiempo de descanso.


Quique arengó a los suyos y enrocó las posiciones de Perea y Ujfalusi en un acto de aceptación de su error. Comenzó el buen fútbol y nos llegó, por fin, la colaboración arbitral de turno que muchos se empeñan en ensalzar como escandalosa. De un penalti discutible en nuestra área nació el empate. Soberbio pase de Reyes, control del Kun y pase atrás para que Forlán volviese a marcar, que es para lo que se le paga. El gol llenó de miedo al rival y supimos dar la estocada final gracias a un prodigioso Kun Agüero que se puso el smoking y la pajarita de las mejores ocasiones. Empujó un buen servicio de Ujfalusi primero y se revolvió en el área para marcar el gol de la tranquilidad.
Una tranquilidad sólo interrumpida por un error de benjamín de Simao, que prefirió el lucimiento personal en lugar del despeje de primeras. Nuestro ‘querido’ Diego Rivas aceptó el regalo para dar emoción a un encuentro que, ya de por sí, se había convertido en un episodio de patio de manicomio. Por suerte, con tiempo cumplido, el portugués sentenció con un penalti cometido sobre Reyes en su enésima genialidad en busca de un huequito en la lista de Vicente del Bosque. Tendrá que seguir esperando.
Como decíamos la semana pasada, segundo examen hasta el final y segundo aprobado, en esta ocasión más raspado que el anterior, pero aprobado al fin y al cabo. La próxima semana, en un aperitivo de la eliminatoria copera, nos va mucho en juego ante un Espanyol que pierde enteros fuera de Cornellá. Habrá que estar finos para superar a un rival directo en la tabla y seguir escalando hasta puestos Champions.
PD: ¿Os ha gustado la pista de atletismo en el campo? A mí no, aunque puede que tengamos que ir acostumbrándonos…

1 comentarios:

India rojiverde dijo...

Lo de la pista de atletismo es una verdadera lástima. Los partidos en San Sebastián se caracterizaban por ser una verdadera olla a presión, y todo ese ambiente mágico se lo han cargado a cambio de unas instalaciones que dudo que se usen más de dos veces al año.