¿Autocrítica o sumisión?

Como hablaba con un buen ‘twittero’ rojiblanco, para analizar lo que ha pasado en el Santiago Bernabéu, hay dos lecturas. Los hay, y muchos, que podrán hablar de que el árbitro nos ha vuelto a robar (cinco penaltis en tres jornadas son un argumento más que válido para reforzar su teoría), dirán que es que fallamos más de la cuenta y que por más que juguemos mejor, siempre hay ‘algo’ que impide que ganemos al Madrid. Está ese punto de vista, tan respetable y compartible como el mío. Yo, personalmente, prefiero hablar de autocrítica. Mirarme con detenimiento el ombligo, la paja en el ojo propio y empezar a sacar defectos.
Porque para mí, que tampoco sé mucho de esto, lo que ha pasado en Chamartín es que se ha visto a un equipo superior y a otro inferior. A uno que ha jugado al fútbol y, cuando ha visto que el rival no estaba por la labor, se ha limitado a guardar la ropa conscientes de que no había nada de lo que temer. He visto a un equipo que ha podido hacer sangre y no ha querido, por más que sus aficionados, que nos consideran poco más que seres inferiores, hubieran deseado sumirnos en la más profunda de las humillaciones. Ladran, luego cabalgamos.
Por otra parte, he visto a un equipo apático, sin ideas y atemorizado desde el minuto 1 hasta el 20, cuando todo el pescado estaba ya vendido. Un equipo que ni creaba arriba ni destruía abajo por mucho que el experimento de Mario Suárez no haya salido del todo mal (¿Qué pensará Assunçao después de dejarse los cuernos durante dos años al verse relegado al banquillo en uno de esos partidos que tanto gusta jugar?). Este, mi equipo, no es realmente el equipo del que me hablan padres, abuelos y demás antepasados. Antes se salía a morder en casa del eterno rival, nos respetaban y temían porque, aún inferiores en cuanto a calidad, no permitíamos que un grupito de niños guapos bien pagados no sobasen los morros.


Hoy me he acordado de Rivilla, de Calleja, de Gárate y Adelardo. Del bueno de Luis Aragonés y de las que liaba Paulo Futre. También del niño con pecas que, en esta misma tarde, le ha pintado la cara a ese equipo tan temido en Europa llamado Chelsea. Y, cómo no, de don Vicente Calderón y de su nuevo hermano en el firmamento, Arteche. De haber visto juntos el partido en un bar, habrían pagado la cuenta en el descanso, habrían cogido la Castellana arriba y habrían dado una somanta de palos al actual Atlético de Madrid. Desde el mejor jugador, hasta el último oficinista del club. Esto no es lo que ellos conocieron. Ni muchísimo menos.
No quiero con todo esto hacer apología de la violencia dentro del terreno de juego, pero lo que han visto mis ojos, más una década después de la exhibición de Hasselbaink, ha sido poco más que una descafeinada pachanga de solteros contra casados. Estoy prácticamente convencido, y habrá quienes me den la razón, que en los habituales partidillos previos de ex jugadores, prensa y aficionados ha habido una infinita mayor tensión entre madridistas y rojiblancos. ¿Y de quién es la culpa? Y yo que sé, señor mío… O puede que sí lo sepa…
No me creo que sea problema del entrenador. Desde aquel lejano 1999 han pasado decenas de técnicos  que se multiplican por diez si nos ponemos a hablar de defensas, delanteros e incluso utilleros. Lo mismo da salir con Simeone de central que con el peor Diego Forlán. Que lo del uruguayo es de punto y final. Que si ya no te motiva un derbi en casa del eterno rival, con una afición que está aguantando carros y carretas por defender lo indefendible, es para colgar las botas. Sí, las de Oro también.
El resultado es el mismo. ¿Es problema de la afición? Puede ser. Muchos, y yo mismo me incluyo, comenzábamos a ver el partido con el corazón latiendo a mil y las manos congeladas por una mezcla entre nerviosismo, miedo e incertidumbre pero, ¿a quién le importa lo que siente el aficionado? Al presidente, que se ha llenado la andorga con la directiva rival en la comida de hermanamiento, desde luego que no. Ellos ya han hecho su trabajo diciendo tonterías de ‘doses’ en la quiniela y del miedo que infunde Perea en la delantera rival.
Otro derbi, otra derrota. No me hablen de árbitros porque la excusa no me vale. Porque esa mano de Xabi Alonso habría valido para recortar distancias pero también para despertar a una bestia rival que, de haberlo necesitado, nos habría puesto de vuelta y media. Que con un palo y tres intervenciones de Casillas no se gana en el Bernabéu, que se necesita mucho más. Al menos mientras en este deporte, antaño llamado fútbol, haya una bipolaridad tan bestial como la que encontramos en nuestros días entre los dos grandes dinosaurios de la Liga y el resto de mendigos que aspiran a que no les desmantelen demasiado las plantillas en verano y poder hacer una temporada digna con una tercera plaza como máximo objetivo. La victoria en el derbi tendrá que esperar... Quizá demasiado.

5 comentarios:

Senovilla dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. Con tan poquito como hemos hecho, es imposible ganar a un equipo Top 5 de Europa... Es mejor no buscar excusas fáciles.

J. Ordás dijo...

¡Qué bien verte por aquí, Sr Senovilla! No hay que buscar explicaciones, empezar a sumar ahora que toca lo fácil y cuando llegue otra vez lo complicado, currar más

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

Si jugara nuestra afición, no perderíamos jamás el derbi. Una vez más, el equipo no responde a su afición y van ...

J. Ordás dijo...

Van muchas, Fernando. Demasiadas... y las que quedan por venir si las cosas no cambian. El tema es, ¿qué hay que cambiar? Yo pensaba que era miedo a las grandes citas pero eso se debió terminar en Hamburgo y Mónaco.

ESTORNU2 dijo...

Cuanta razón amigo, lo peor de todo esto es que ya no nos va a hacer ilusión ganarles, los derbis ya no son derbis, dos madrileños en el césped no pueden contagiar al resto lo que significa darle en el morro al del barrio de enfrente, entre De Gea-Domínguez y Iker había demasiado sudaca, germano y demás como para retarse aunque fuese con una mirada, en fin, esperaremos al Calderón para ver a la misma fea pero con otro vestido, a ver si con un poco de suerte nos pegamos una inflaera a cubatas que nos parece Pilar Rubio y nos la acabamos enrollando.



Un abrazo amigo y FORZA ATLETI