Los siete de abajo

Han pasado varias temporadas, varios éxitos y varios fracasos desde que se vende a bombo y platillo que el Atlético de Madrid es un equipo completamente roto. Desde la llegada de los Simao, Forlán, Reyes y compañía hemos vivido de un cuarteto ofensivo que nos sacaba las castañas del fuego y nos hacía salvar temporadas que, de ser por la defensa, habríamos terminado con caída a lo más profundo de los infiernos. Cuatro hombres, cuatro nombres que llevan casi un lustro alegrando las tardes del Calderón con la única variación de un decadente Maxi por un metamorfoseado Reyes.
Este póker de jugones intentaba iluminar un equipo cuya zaga echaba por tierra esos tímidos destellos por lo que el Atleti nunca llegaba a brillar y se quedaba en una tenue luz de esas que te desvela por la noche pero no te sirve para buscar cosas en la mesita de noche. Ni chicha ni limoná, que se dice en el sur. Los tiempos de Seitaridis, Pablo, y compañía siguen apareciendo en las noches de luna llena en forma de pesadillas para los aficionados rojiblancos. Sin embargo, de un tiempo a esta parte todo ha quedado en eso, en un mal sueño.


Y todo gracias al niño De Gea, ayudado de su socio el Kaiser Domínguez. Nuestro portero tiene planta de leyenda y carácter de superestrella. Sólo falta que su aún inmadura cabeza no se llene de pájaros procedentes de los medios y se crea más de lo que puede llegar a ser. De momento, nadie es capaz de aventurarse a calcular una proyección porque es infinita. Él y Domínguez han tenido el valor de echarse a sus espaldas una defensa que venía de más de una década de actuaciones lamentables allí por donde jugaba. Y lo hicieron sin más armas que su sentimiento y sus ganas de triunfar. Y vaya si lo consiguieron. Su aplomo y su seguridad contagiaron a auténticos adefesios defensivos como Perea. El colombiano estuvo de 10 en Mestalla y se asienta como un suplente de lujo en el lateral cuando no tenga que echar una mano en el centro de la defensa.
Mención aparte merecen Godín y Antonio López. El primero llegó como fichaje sorpresa para muchos. Algunos pensaban que taparía a Pulido, otros que no se compenetraría con Domínguez. El caso es que su gran trabajo y su rápida adaptación ha descargado de trabajo al saturado canterano y todos tan contentos. Por su parte, el capitán, y mientras se resuelva el Expediente X de Filipe Luis (vayan llamando a Iker Jiménez), sigue siendo dueño y señor del lateral izquierdo. Conocedor de sus limitaciones y con la experiencia que dan las canas, ha sabido reconvertirse en sólido marcador atrás, sabiendo cuándo hay que sumarse al ataque para regalar un gol a Simao.


La pareja de mediocentros Raúl García-Assunçao estuvo espectacular. Su despliegue fue soberbio obligando a Emery a cambiar un esquema y en ataque lo intentaron, como en un gran pase del navarro que Forlán falló por exceso de confianza. La recuperación de Tiago, unida a la buena planta de Mario y Camacho, pueden poner en problemas a Quique a la hora de consolidar un once.
Pero tenía que haber un suspenso y ese es precisamente para nuestro técnico. Por supuesto que es un suspenso simbólico y que tiene crédito más que de sobra por nuestra parte pero tanto contra el Barcelona como ante el Valencia pecó de falta de originalidad y previsión en los cambios. Cromo por cromo, posición por posición. La innovación no va con él aunque bien es cierto que tiene bastante poco donde improvisar si exceptuamos en la medular. La única variante que tiene es la de Fran Mérida, gran decepción de la noche para un servidor. El catalán parece haberse ganado a la afición con palabras bonitas y fotos de crío rodeado de posters del Atleti pero eso no basta. Hay que dar el callo, muchacho, y las florituras y las posturitas las dejamos para cuando vayamos 4-0 o para el emigrante de Gelserkinchen (un bratzo para Juradito por su primera victoria como alemán).
Luz y sombra en los cuatro de arriba. Simao se fue diluyendo como si se conformase con haber marcado el gol, Reyes fue incapaz de expulsar a un Matthieu que me hizo adorar al peor Pernía, Forlán falló tres de las que normalmente mete cuatro y Diego Costa aportó. El brasileño le echó garra, coraje y desquició a la zaga siendo esa mosca cojonera que nadie quiere tener cerca. Me parece un jugador super útil en este equipo.
Dicha toda esta parrafada, parece que hay defensa para confiar. Por los de arriba no hay que preocuparse, que se les espera. Además, ¿quién no habría firmado un empate ante el líder invicto, en su campo y con las bajas de Agüero, Tiago y el carnicero de Rymarov?

4 comentarios:

Tomi Soprano dijo...

Más o menos de acuerdo en todo, pero me parece que le atizas demasiado a Fran Mérida.

El chaval salió apenas cuarto de hora, y el equipo estaba ya completamente descompuesto. Así es muy jodido el poder demostrar nada. Démosle tiempo, hombre.

Un saludo.

India rojiverde dijo...

La verdad es que, entre la pólvora y el talento que tenemos arriba, y la seguridad que hemos ganado atrás, este equipo está irreconocible. Con un poco más de criterio e imaginación en el centro del campo (porque de físico y contención vamos más que sobrados) estaríamos para aspirar a todo. Esperemos que se siga mejorando.

Un abrazo.

J. Ordás dijo...

Confiaremos, Tomi, claro que sí. Para eso somos del Atleti. Si hemos apoyado a Nikolaidis y Musampas de la vida, ¿cómo no vamos a hacerlo con este chaval?
Rezaremos, eso sí, a Neptuno para que nos mantenga sanitos a los de arriba y pueda ir entrando en el equipo poquito a poquito.
En cuanto a India Rojiverde, esperemos que siga esa solidez atrás y algún año se nos regale ese centrocampista de creación que complete el puzzle.

Vicente dijo...

Demasiado optimismo, creo, con Diego Costa. Bien, ayudando en la presión arriba a Forlan, pero muy lento y descolocado ayudando en el centro del campo.

Pero vamos, los cambios un alivio comparado con el año pasado en que si o si era Jurado.