El síndrome de Estocolmo

Soy cascarrabias por naturaleza, qué le vamos a hacer. Las dos copas me han llenado de una felicidad que desconocía desde tiempos en los que el acné masacraba mi cara. Pero esa cortina de humo rojiblanco no ha impedido que una enorme mosca con gafas y peluquín y otra de rostro indescriptible por su complejidad se hayan posado tras mis orejas. Así es, amigos, en plena euforia colchonera me dispongo hoy a avisar del peligro que estos dos títulos pueden traer a nuestro querido equipo.
Líderes, campeones y supercampeones de Europa, pocos se acuerdan a estas alturas de cómo estaba el patio hace exactamente un año. Un servidor escribió un artículo bastante bien recibido por la afición en su momento pero que el tiempo, como tantas veces, se encargó de machacar por el cambio de 180º producido tras la llegada de Quique Sánchez Flores. Se puede decir que el técnico fue el clavo ardiendo sobre el que una directiva, ahogada hasta el cuello, se agarró para salir a flote. Los malos de la película se salvaban de nuevo para seguir con sus fechorías.
Nuestra querida wikipedia define el título de esta entrada como la "reacción psíquica en la cual la víctima de un secuestro, o persona retenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con quien la ha secuestrado. En ocasiones, dichas personas secuestradas pueden acabar ayudando a sus captores a alcanzar sus fines o a evadir a la policía". Hace un año, todos queríamos el pescuezo de Cerezo, estábamos hasta los huevos de la familia Gil... ahora ya llueve menos.
Después de tantos años a pan y agua, nuestros secuestradores nos han dado una buena ración de pata negra no sabemos si por voluntad propia o por capricho del destino. Parece como si con ese atracón se hubiera borrado de un plumazo la sentencia del Tribunal Supremo, la venta del Calderón, la indigna salida del niño Torres... Poderoso caballero es don trofeo.
Tampoco me vale ese presunto 'superávit' que anuncian a bombo y platillo y que, en buena parte, está gestado en una política de racanería a la hora de fichar y ventas sobre la bocina sin tiempo para reaccionar. Jamás han mostrado una sola cuenta y dudo que ahora lo hagan. Para mi, su palabra es como si yo les digo que próximamente contraeré matrimonio con Angelina Jolie.


Y se leen ahora loas en editoriales de grandes medios y foros preguntándose si se debe 'perdonar' a la directiva. Mi respuesta es clara y tajante: no. Dos títulos, por mucho que sean de los más importantes de nuestra historia no van a borrar de un plumazo estos catorce años de sinsabores, partidos en Segunda y mediocres plantillas. Les felicito por su parte de culpa en el éxito del equipo, pero les exijo que este 2010 no sirva como recuerdo para una canción en el futuro sino como punto de partida para volver al Atlético de Madrid que todos soñamos con recuperar.


PD: Por tratar de recuperar la sonrisa después de la parrafada, os sugiero, si no lo habéis hecho ya, ver al nuevo ídolo del Calderón Tomas Ujfalusi cantándole una romántica balada en checo a la reportera de Madrid Directo en plena celebración en Neptuno. ¡Grande Ujfo!

1 comentarios:

fernando dijo...

Yo nunca olvidaré ni perdonaré a los Giles y los Cerezos. De hecho, sigo criticando su gestión en mi blog como hoy mismo. Ellos son los peores dirigentes de nuestra historia. un abrazo.