Choque de sensaciones

Resulta maravilloso lo que el fútbol puede producir a una persona en tan sólo 90 minutos. El de ayer fue un encuentro raro, malo, tenso y que será recordado más por los sentimientos más allá del rigor táctico. Algo menos de dos horas dan para sentir buenos recuerdos y no tan buenos, esperanza y escepticismo, ira y agradecimiento. Todo en uno, señores.
La nostalgia vino dada al ver al equipo rival: Zaragoza. Ahora que vivimos tiempos mejores que hace un año, recuerdo que fue ante los maños cuando el año pasado, en una situación delicada, sumábamos la primera victoria del año. Ahogados en la clasificación, con nuestro fichajes estrella rumbo al Mundial sub 20 de Egipto y su suplente lesionado, debutaba en Liga David de Gea con una portentosa carta de presentación parando un penalti. Serían las primeras líneas de un best seller que sigue escribiendose con reglones dorados y que ayer mostró un nuevo capítulo de sobriedad y madurez impropios para un jugador de su edad.


También traía buenos recuerdos un vistazo al once rival. En el otro marco, un Leo Franco que pasó muchos años en esa portería que ahora tiene dueño y señor. Nunca sería una estrella y quizá más de uno y más de dos se desesperaran por su romántico idilio con el larguero, del que no se separaba por grande que fuese el peligro. El argentino se retiró lesionado, como tantas veces lo hizo defendiendo nuestros colores, poniendo de manifiesto sus problemas. musculares. El buen recuerdo se torna en rabia cuando vemos a Gabi. Su año en Getafe hizo que muchos soñásemos con verlo convertido en el guardián de nuestro centro del campo por una década pero nunca explotó y tuvo que hacer las maletas. Por último, la rabia de Gabi se convierte casi en lástima al ver a Sinama Pongolle deambular por un campo de fútbol con la misma falta de facultades que durante el año y medio que pasó con nosotros.
Pero pasemos a la esperanza. Mucho se había hablado, incluso criticado, la ausencia de Filipe Luis en los más de cinco partidos oficiales que el equipo había disfrutado. Las sospechas sobre una mala recuperación de su lesión y la promesa de Quique de llevar un plan específico ya no convencían al personal. Todo se borró de un plumazo con una actuación fantástica sobre todo en la primera mitad. Simao vio, por fin, un socio de lujo para la banda izquierda con constantes apoyos en el ataque pero sin errores defensivos.
Suya fue la culpa del gol con una arrancada hacia la línea de fondo que empujó Diego Costa. Había conexión brasileña y el Calderón bailaba samba después de años de Clebers Santanas y Fabianos Ellers. Un tanto que dará tanta confianza al asistente como al ejecutor para el futuro.

El escepticismo apareció en mi cabeza viendo a Tiago. Se pusieron muchas ilusiones en un fichaje que parecía que nunca llegaría pero el portugués no estuvo al nivel de los últimos encuentros de un resucitado Raúl García. Tendrá que trabajar para volver a convertirse en el acompañante de Paulo Assunçao, imperial y obligatorio en cualquier once. Mario Suárez le dio el relevo en la segunda mitad y la cosa no mejoró sino todo lo contrario. El madrileño, repescado en verano, no aporta nada nuevo de lo que ya había con Camacho, pero este último parece destinado a una cesión o en su defecto venta de cara al mercado invernal. Tal vez el hecho de que el ex mallorquinista esté representado por Quilón y el maño por Petón tenga algo que ver en las decisiones del entrenador. Sospecha personal.
Mediada la segunda parte y con un encuentro dominado llegó la ira. No gastaré más palabras de las ya escritas en otros medios sobre la actuación de Muñiz Fernández. Nunca antes habíamos ganado con él y puso tanto empeño en seguir la racha como en su impoluto peinado, primero con una cesión que nadie vio y que era un 99% de gol para el rival y luego con una expulsión tan innecesaria como el empujón, que no agresión, de Reyes. No me imagino por más que lo intento cinco minutos así en uno de los estadios de los dos grandes, con una actuación vergonzosa en contra de Real Madrid o Barcelona. Ni siquiera a un Valencia, Sevilla u otro equipo noble de la Liga.

Cerramos ya porque me extiendo más de la cuenta con el agradecimiento. En pleno asedio zaragocista, la rodilla de Godín dijo basta. Muchos temimos lo peor al ver sus gestos de dolor y lo confirmamos tras el encuentro cuando le diagnosticaron un esguince. Su raza y su compromiso obligaron al uruguayo a volver al campo para ayudar a sus nueve compañeros a defender un resultado que un sinvergüenza nos quería arrebatar. No sólo ayudó a sus compañeros sino que achicó todo cuando llegó a su zona para mantener la portería a cero. Grande Godín.
Sin Reyes y con las dudas de Diego Costa, Godín y un recuperado Agüero visitamos un campo que no se nos da del todo bien: el Pizjuán. Habrá que ver si Quique recupera su inspiración a la hora de sobreponerse a los contratiempos ya que en estos primeros partidos está viéndose superado por la necesidad de ensalzar una plantilla que puede ser enormemente válida para estar peleando en lo alto de la tabla.

2 comentarios:

Tomi Soprano dijo...

No seré yo quien defienda al malnacido del Muñiz ... pero más me exaspera aún lo que hizo Reyes ayer. Para mi es tarjeta roja ... por gilipollas, coño, por gilipollas. ¿A cuento de qué venía esa jugada?

Y me jode un montón, porque es un jugador que me encanta, y pensé que su época de subnormalidades había pasado ya. Hay que tener mucho cuidado con estas cosas, porque un partido que podía haber sido plácido y cómodo para el Atleti, pudo terminar en pesadilla final.

Un saludo.

J. Ordás dijo...

Reyes es como es. Tienes que contar con sus dos o tres idas de pinza de turno. El problema no es que te complique el partido contra el Zaragoza, sino que te condiciona en Sevilla.
En un club como dios manda se frenarían estas niñatadas a base de sanciones económica, pero...