¿Qué pasó con...?

No voy a hablar hoy de los discutidos resulados de la pretemporada en los que se ha ganado a quien había que ganar y no se ha podido con quien sí se tenía que haber hecho. Tampoco hay palabras para la vuelta a los problemas defensivos, que atacan con fuerza verano tras verano para quedarse con nosotros durante toda la temporada y llevarse infinidad de puntos de nuestro casillero.
Tampoco es el día para valorar el acierto o fallo de la salida del Toto Salvio en favor del brasileño Diego Costa. Ya habrá tiempo para ello. No, ni siquiera seré yo quien critique o alabe la permanencia de jugadores señalados por la afición rojiblanca como pueden ser Valera, Juanito, Simao o Raúl García. Son de los nuestros, llevan la camiseta del Atlético de Madrid y hay que ir a muerte con ellos.
Lo que nos va a ocupar en el día de hoy viene motivado por el (gran) artículo que he leído en as.com sobre el Trofeo Villa de Madrid bajo la firma de F. J. Díaz. Los torneos de verano pasan por ser un quebradero de cabeza para muchos que intentan cuadrarlos como buenamente pueden en medio de multitudinarias e inservibles giras en lo deportivo, que no en lo económico. Sin embargo, en nuestra agenda veraniega, en nuestra guía de ruta hacia la Supercopa de Europa, ha habido oportunidad de poder ver al equipo en todos los confines de nuestra geografía menos en nuestra propia casa.
No es la primera vez que no podemos disfrutar de nuestro nuevo equipo, de dar una calurosa bienvenida a los recién llegados y mostrar nuestro apoyo a quienes, a pesar de las ofertas, seguirán a orillas del Manzanares un año más. El Trofeo Villa de Madrid murió hace varios años para desilusión de una hinchada que únicamente pide una cita para ver a los suyos y para que los jugadores se den su primer baño de multitudes antes de empezar un nuevo curso.
Pero estas cosas parecen estar lejos de interesar a la directiva, más preocupada por ingresar cuatro perras en los lugares más lejanos del planeta que en satisfacer los intereses de quienes, año a año, se dejan buena parte de su jornal en entradas, abonos, camisetas y todo tipo de gastos impresos en rojo y blanco.
Por 'nuestro' Villa de Madrid han pasado los mejores jugadores y los mejores equipos hasta elevar la denominación de torneo veraniego a título de prestigio que toda vitrina de un grande quería tener. Pero esos años de vino y rosas se vieron atacados frontalmente por trofeos Spiderman y demás morralla que terminó por enterrar lo que una vez fue motivo de orgullo para el Atlético de Madrid.
No me leerán quienes me tienen que leer, incluso en el remotísimo caso de que así lo hicieran, dudo enormemente que tuvieran en cuenta la vuelta a la disputa del Villa de Madrid. Es una pena, muchos en verano notamos que nos falta algo desde que los de siempre nos quitaran otro elemento (y van tantos...) tan nuestro como el oso del escudo.

PD: Para quien quiera saber un poquito más sobre este trofeo que tuvo un cuarto de siglo de vida, le invito a visitar este otro artículo  publicado en La Vida en Rojiblanco con la firma de Fernando Sánchez.

1 comentarios:

Estornu2 dijo...

Muy buenas a todos.

Tras unas más que merecidas vacaciones me postro ante el teclado del pc para soltar la enésima perla en este formidable blog del cual soy adicto.

Si bien a todos nos duele que poco a poco caigan los símbolos de una época...la peseta, las conversaciones romanticonas en la cabina telefónica con la piva, ahora con un TQ en un SMS se dice todo, los partiditos del recreo, ahora manda la PSP o la DS, los libros electrónicos jubilan el formato de toda la vida, etc...

No nos engañemos, gracias a dios nuestro amado atleti a estas alturas se encuentra en puertas de disputar un trofeo europeo como la supercopa de europa y no un trofeo de verano como el villa de Madrid, la llave para la continuidad de estos torneos la tienen las televisiones que ponen las cifras a los clubes para intentar que las arcas se llenen con las gradas vacías, por que no nos engañemos, el calderón no se llenaría con el villa de Madrid, yo por mi lado no lo echaré de menos...como a la peseta.

Un abrazo.