Los días más intensos del año

Está claro que este año me equivoqué a la hora de pedir las vacaciones. Durante cuatro días pretendía desconectar e ir rumbo a la costa del levante y mientras el mundo se ha revolucionado con un huracán rojiblanco que recuerda al Brasil del 70 (frase destinada al olvido tras la exhibición de España en Sudáfrica)... y yo sin Internet.En cuatro días dio tiempo a coronarnos como el mejor equipo del continente en 2010, liderar la Liga tras la primera jornada y decir adiós a un jugador que, como Curro Romero, ha levantado tantas pasiones como críticos en la grada. Pero vayamos por partes y sirva esta pequeña introducción como excusa por no haber podido actualizar el blog con la rapidez con la que me hubiese gustado.
Como decíamos la semana pasada, el equipo de barrio se iba a Mónaco a un escenario en el que la historia no nos había permitido actuar. Decían que teníamos a un rival terrible enfrente, un equipo que osaba igualar la gesta de los seis títulos del Barcelona... "¿El Barcelona, dice? Pero si a esos ya les ganamos nosotros el año pasado. No tenemos miedo". Y vaya si no lo tuvimos. Saltó el equipo a un campo perfectamente confundible con una caja de cerillas y cuya elección es de dudoso acierto para albergar semejante cita. Uno miró la alineación y pronto le faltaron las fuerzas. Filipe Luis, ese brasileño con pinta de todo lo contrario y rubia melena al viento no estaba en el once, tampoco en el banquillo. No era Antonio López, capitán y sustituto natural del ex del Depor, quien ocupaba la banda zurda sino Álvaro Domínguez.

El hueco ruido del golpe de las manos en la cabeza sonó al unísono en Mónaco, Madrid y media España. Parecía que Quique Sánchez Flores, maestro de la cordura y el saber hacer en cada momento había sufrido uno de los tan temidos ataques de entrenador. La potencia de Maicon en el ataque interista parecía condenar a muerte por esa banda y las tres ocasiones de gol italianas en los tres primeros minutos parecían no ayudar a la decisión del técnico rojiblanco.
El Atleti simuló a los animales de aquellos programas de Félix Rodríguez de la Fuente. Como si del mejor depredador se tratase, se dedicó durante la primera parte a estudiar los movimientos de su rival para, posteriormente, atacar los puntos más débiles y hacerse con la presa. Un primer golpe de Reyes, precedido de otra gran ocasión para el utrerano que sacó milagrosamente Julio César, hizo tambalearse al campeón de todo y un milimétrico servicio de Simao para que el Kun la empujase fueron las armas rojiblancas.
Para colmo de males de los milaneses, De Gea consiguió su dósis de protagonismo en un encuentro en el que prácticamente había pasado desapercibido al detener con una gran mano un penalti a Diego Milito, mejor jugador de la pasada edición de la Liga de Campeones. Todo el equipo triunfó y, para alegría personal, uno de los más destacados fue Raúl García, a quien en la previa le invitaba a ser el dueño del centro del campo. El navarro desactivó el juego neroazzurro y distribuyó con una calidad que deberá mantener si quiere quedarse en el once.

La dulce resaca tuvo su continuación en el debut liguero ante el Sporting. Empujados por una afición completamente entregada, el Atleti goleó a un rival que, unas semanas atrás, había retratado a los rojiblancos en el Colombino. En esta ocasión sólo hubo un equipo sobre el campo. Quique mandó un mensaje a la directiva aunque la mezquinidad de ésta hará que no sirva para mucho. Formó a Jurado de inicio pese al riesgo que suponía una lesión para un jugador que se convertiría horas después en jugador del Schalke 04. El gaditano cuajó un buen inicio con gol y buen toque pero el miedo a esa lesión hizo que fuese diluyéndose hasta el cambio con ovación incluida. Jurado amenazaba con convertirse en pieza clave, pero una jugosa ficha hace que coja las maletas y salga rumbo a una liga demasiado física para él.
Un doblete (qué bien suena esa palabra) de Forlán y una maravilla de Simao completaron una goleada que nos sitúa en lo más alto de la clasificación durante, al menos, quince días. El partido dejó también para las portadas el soberbio despliegue de Ujfalusi, que está en un momento de forma inigualable y las diabluras del Kun que no por estar convirtiéndose en habituales deben hacer que nos malacostumbremos a ellas.

Si hace un año nos dicen que vamos a cobrar por Jurado entre diez y quince millones por él, ni nos lo creemos. Por desgracia, el último día antes del cierre del mercado de fichajes no parece el mejor momento para dejarlo escapar. Más aún si otra chapuza con las fichas de los extranjeros diese con Salvio en la liga portuguesa y Keko, canterano llamado al primer equipo, sale cedido a un Segunda División, echando por tierra su primer año de experiencia en la máxima categoría.
Ojalá estos últimos movimientos no emborronen el mágico inicio liguero. Sería una pena volver a caer después de conocer las mieles del éxito...

Apostando al Rojo... y Blanco

¿Qué hacemos nosotros en medio del lujo de Mónaco? Pero si somos un equipo de gente barrio, humilde, de Carabanchel, Arganzuela, Usera... Pues sí, señoras y señores, hoy en las ruletas monegascas no se jugará al negro, se dejará todo al rojo... y el blanco. Porque hemos llegado a una cita a la que muy pocos elegidos llegan. Y, como en Hamburgo y Barcelona, las calles del Principado se llenarán de aficionados colchoneros dispuestos a volver a dejar el pabellón bien alto una vez más.


Será porque a pocas horas para el encuentro no estoy haciendo kilómetros por carretera como en las otras dos finales, no siento ese ambiente especial de gran cita. Sin embargo, el paso de los minutos hace inevitable el cosquilleo en el estómago, que se convertirá en auténtica taquicardia en torno a las 20:45 de la noche. Duelo de altos vuelos frente a lo más parecido al Barça de los seis títulos. Debería aterrar pero, ¿qué equipo fue el único capaz de ganar a ese todopoderoso Barcelona? Dicho queda.
La clave en el encuentro estará en el centro del campo. Presuponiendo que las delanteras deberían estar parejas y que garantizan goles y que nuestra defensa, pese a las incorporaciones, será algo inferior, la medular se antoja como el lugar donde tanto Quique como Benítez habrán centrado sus miradas. La baja de un viejo conocido, Motta, en los italianos se contrarresta con la más que presumible ausencia de un Tiago que no llega en forma a la cita y que puede convertirse en uno de los descartados por nuestro entrenador.
Por ello, mis miradas estarán puestas hoy en Raúl García. No es que se trate del niño mimado de la afición. Es más, el navarro es uno de los más criticados por la grada toda vez que no se ha convertido en el megacrack que parecía que podía llegar a ser en Osasuna y su precio de llegada, avalado por Javier Aguirre, no ha convencido a ese sector del Vicente Calderón.
Pero yo estoy en el otro bando. En el de los agradecidos a Raúl García (poner su nombre sin apellido me sigue produciendo urticaria), el que ve virtudes donde otros ven defectos. Veo en él un líder en el campo y en el vestuario pese a sus 23 años, un jugador noble, con raza y caracter de los que ya quedan pocos. Su entrega y despliegue no pueden ser juzgados y, pese a que en ocasiones no esté acertado en el pase, su visión de juego no es para nada mala.


Sin Tiago, el pamplonica nos llevó a Hamburgo y nos ayudó en gran parte a levantar la Copa, un mérito que jamás se le ha reconocido en el Manzanares. El 8 del Atleti es de los que nunca se esconden y menos en las grandes citas. Es por ello que hoy confío en él más que nunca para desactivar el juego de los Sneijder, Cambiasso y compañía y facilitar el trabajo de creación de Mérida (más papeletas que Simao) y Reyes. Si lo consigue, tendremos el encuentro igualado y preparado para un intercambio de golpes como en las grandes veladas pugilísticas. Nadie negará que ese tipo de partidos es el que más nos gusta...

PD: Del grupo de la Europa League ya habrá tiempo de hablar largo y tendido. Bayer Leverkusen, Rosemborg y ARIS de Salónica son tres rivales duros pero seguimos siendo teóricos favoritos. Habrá que estar atentos al bloque de los alemanes, reforzado por Ballack, a las frías temperaturas de Noruega y al infrierno griego. Ganar tres de tres en el Calderón se antoja fundamental.

¿Qué pasó con...?

No voy a hablar hoy de los discutidos resulados de la pretemporada en los que se ha ganado a quien había que ganar y no se ha podido con quien sí se tenía que haber hecho. Tampoco hay palabras para la vuelta a los problemas defensivos, que atacan con fuerza verano tras verano para quedarse con nosotros durante toda la temporada y llevarse infinidad de puntos de nuestro casillero.
Tampoco es el día para valorar el acierto o fallo de la salida del Toto Salvio en favor del brasileño Diego Costa. Ya habrá tiempo para ello. No, ni siquiera seré yo quien critique o alabe la permanencia de jugadores señalados por la afición rojiblanca como pueden ser Valera, Juanito, Simao o Raúl García. Son de los nuestros, llevan la camiseta del Atlético de Madrid y hay que ir a muerte con ellos.
Lo que nos va a ocupar en el día de hoy viene motivado por el (gran) artículo que he leído en as.com sobre el Trofeo Villa de Madrid bajo la firma de F. J. Díaz. Los torneos de verano pasan por ser un quebradero de cabeza para muchos que intentan cuadrarlos como buenamente pueden en medio de multitudinarias e inservibles giras en lo deportivo, que no en lo económico. Sin embargo, en nuestra agenda veraniega, en nuestra guía de ruta hacia la Supercopa de Europa, ha habido oportunidad de poder ver al equipo en todos los confines de nuestra geografía menos en nuestra propia casa.
No es la primera vez que no podemos disfrutar de nuestro nuevo equipo, de dar una calurosa bienvenida a los recién llegados y mostrar nuestro apoyo a quienes, a pesar de las ofertas, seguirán a orillas del Manzanares un año más. El Trofeo Villa de Madrid murió hace varios años para desilusión de una hinchada que únicamente pide una cita para ver a los suyos y para que los jugadores se den su primer baño de multitudes antes de empezar un nuevo curso.
Pero estas cosas parecen estar lejos de interesar a la directiva, más preocupada por ingresar cuatro perras en los lugares más lejanos del planeta que en satisfacer los intereses de quienes, año a año, se dejan buena parte de su jornal en entradas, abonos, camisetas y todo tipo de gastos impresos en rojo y blanco.
Por 'nuestro' Villa de Madrid han pasado los mejores jugadores y los mejores equipos hasta elevar la denominación de torneo veraniego a título de prestigio que toda vitrina de un grande quería tener. Pero esos años de vino y rosas se vieron atacados frontalmente por trofeos Spiderman y demás morralla que terminó por enterrar lo que una vez fue motivo de orgullo para el Atlético de Madrid.
No me leerán quienes me tienen que leer, incluso en el remotísimo caso de que así lo hicieran, dudo enormemente que tuvieran en cuenta la vuelta a la disputa del Villa de Madrid. Es una pena, muchos en verano notamos que nos falta algo desde que los de siempre nos quitaran otro elemento (y van tantos...) tan nuestro como el oso del escudo.

PD: Para quien quiera saber un poquito más sobre este trofeo que tuvo un cuarto de siglo de vida, le invito a visitar este otro artículo  publicado en La Vida en Rojiblanco con la firma de Fernando Sánchez.

Pasarela Neptuno

Cinco partidos, cinco, hemos disputado ya en este camino de pretemporada que nos lleva a la gran cita del 27 de agosto en Mónaco. Por el momento, no conocemos la derrota aunque el hecho de perder el primer título de la temporada ha escocido, por lo menos a mí. Bien es cierto que el Ramón de Carranza no tiene todo el caché que se le podía presuponer y que la eliminación del Sevilla en semifinales nos dejó con las ganas de una ansiada vendetta frente a los hispalenses tras la final de Copa del Rey, pero los 180 minutos del Atlético en la Tacita de Plata no han sido, ni mucho menos, para tirar cohetes.
Pero el titular va de moda. Dos encuentros ante Cádiz y Espanyol en los que nuestro equipo ha mostrado dos nuevas versiones de modelito y ya van cuatro en estos primeros cinco encuentros de pretemporada. Los diseñadores de Nike deben estar dando palmas por las orejas gracias a la permisividad de nuestro club a la hora de pisotear un santo y seña del Atlético de Madrid como son sus colores. Camiseta del Capitán América, pantalones rojos, negros y... ¡ah, sí! azules. Lo visto en la final del Carranza hubiera encajado perfectamente en campos como San Mamés o Las Gaunas.


Dejando al margen el aspecto estético del equipo (poco importa ya en estos tiempos de mercadotecnia y modernidad), nos centraremos en lo puramente deportivo. Tras la llegada de Godín al equipo y la presumible salida del Lele Cabrera en los próximos días, se presuponía una encarnizada lucha entre Diego Costa y Toto Salvio por hacerse con la quinta plaza de extracomunitario. Sin embargo, a tenor de lo visto en los últimos partidos, esta pelea se ha transformado en una educada conversación entre caballeros a la entrada del teatro: "Quédese usted, señor Salvio, que usted costó casi diez kilos y no es cuestión de salir a las primeras de cambio después de esa ingente cantidad de dinero invertida". "Ni hablar del peluquín, señor Costa, ahora mismo se queda usted en el equipo que ya lleva usted muchas cesiones a sus espaldas y ya está para estos trotes...". Total, que nos encontramos con que el brasileño aporta más que el argentino y así opina Quique por activa y por pasiva, pero desde el club ya buscan acomodo para el delantero...


Pasamos a otro aspecto que al que junta estas letras le parecía de lo más interesante al principio de la pretemporada: la cantera. Desde los despachos del Calderón, incluso desde el banquillo, se dijo que había que abrocharse el cinturón y apostar seriamente por unos canteranos que apuntaban alto, pero en el Carranza poco se pudo ver. Al margen de la obligatoria titularidad de Joel (buena planta tiene este chico) y de unos grises minutos de Perea ante el Cádiz, no hubo más madera. Keko y Koke, recién aterrizados del Europeo y sin tiempo de quitarse la medalla de plata fueron un turista más. A su edad, seguro que si les dicen que van a chupar banquillo de ese modo se hubieran ido de botellón a la playa gaditana, que la fiesta era de las que se recuerdan.
Sin cantera y con los descartes haciendo pocos esfuerzos por ganarse el puesto, había que mirar a lo que ya se tenía. Había prometido dar una oportunidad a mi condenado particular, Jurado. Ante el Cádiz e imagino que motivado por jugar cerca de casa, nos dejó buenas sensaciones pero todo se derrumbó cual castillo de naipes en la final. Ubicado en su teórica posición natural por detrás del punta, habiendo recibido las alabanzas de su entrenador el día antes, se diluyó ante un equipo rival compuesto en su mayoría por imberbes jugadores del filial. Bien es cierto que si quiere ser titular no le costará mucho trabajo superar el nivel de Simao, que ha venido horrible de Sudáfrica pero que tampoco se fue mucho mejor.


En definitiva, esperemos a ver qué pasa con la llegada de Godín y el acoplamiento de Filipe Luis (muy esperanzado con sus 90 minutos en la final sin síntomas de agotamiento). De su participación en una zaga esperpéntica y de la motivación del Mejor Jugador del Mundial dependerán en gran medida nuestras aspiraciones.