Soñamos tan fuerte, que se hizo realidad

Lo hicimos. Volvimos al Olimpo por la puerta grande y haciendo lo que más nos gusta: sufrir. Sufrimos buscando durante horas alguna información sobre la evolución de esa maldita nube que estuvo a punto de dejarnos en tierra, sufrimos para llegar a ver a tiempo a nuestro Atleti en un país donde prometen carreteras utópicas de ocho carriles sin límite de velocidad y ofrecen autopistas llenas de obras y con atascos kilométricos. Otros sufrieron también para volver desde Hamburgo en un aeropuerto que no estaba a la altura, pero todo ese sufrimiento mereció la pena.


Poco más puedo aportar del partido que no se haya dicho ya. Primera media hora a un muy buen nivel, gol rival tras fallo defensivo y una prórroga al límite del infarto nos dieron el segundo título continental ante un equipo, también hay que decirlo, que parecía conforme con el premio de llegar a la final. Un gol histórico fabricado por esa pareja que tanto nos ha hecho disfrutar y que, esperemos, lo haga muchos años más. Ha habido que esperar muchas décadas para ver a Antonio López levantar al aire una copa que nos merecíamos más que nadie y que ya es nuestra. El de Benidorm no soltaba la Copa, es uno de los nuestros, el más forofo rojiblanco desde Torres y que ha aguantado, con menos reconocimiento que el que merecía, el ligerísimo hilo de la cantera rojiblanca en el primer equipo hasta la bestial irrupción de Domínguez (colosal en la final) y De Gea.
En el campo se percibieron detalles que se escapan a la televisión. Me encantó el detalle mostrado con Sergio Asenjo, que no pudo estar con los campeones. Ni él ni Mariano Pernía (desconozco los motivos) estuvieron en una fiesta que también es la suya. Los que más disfrutaron, sin duda, los canteranos. Mención especial para Ignacio Camacho, ese chaval que no ha querido irse, que pelea día a día para ganar minutos y que podrá contar a sus nietos que ganó un gran título con esta gloriosa camiseta. A la altura del mediocentro, Joel. No se quitó la camiseta de su compañero y rival Asenjo, no importaba que muchos ni le conocieran, él estaba allí para recordar y disfrutar lo que el palentino no pudo desde su cama en el hospital.



También, como no podía ser de otra manera, hubo mucha alegría en la grada. El día fue muy largo en Hamburgo y el ambiente festivo y muy cordial hizo que una ciudad entera nos recibiese con los brazos abiertos a nosotros y a los seguidores del Fulham. Para todos los Atléticos presentes en Hamburgo, los londinenses son ya nuestro segundo equipo en las islas por detrás del Liverpool de nuestro niño. Otro diez para ellos.
Los minutos pasaban rápido tras el pitido final. El éxtasis del segundo gol de Forlán parecía algo inigualable hasta que el colegiado dijo basta. Abracé a cientos de personas. No me importaba quienes eran, el hecho es que en ese preciso instante sentían exactamente lo mismo que yo y que eñ destino les había colocado junto a mí en uno de los días más felices de mi vida.
Me siento un protagonista más de la historia de este equipo pero por quien más me he alegrado ha sido por los mayores y por los niños. Había un compañero de grada (al que por supuesto me harté de abrazar) de avanzada edad. Me dijo antes del partido que o ganaban esa noche o él se moría sin ver a su Atleti campeón de nuevo. La ilusión que irradiaban esos ojos, empapados en lágrimas al son del We Are The Champions no se me olvidará jamás.



También va muy especialmente dedicado este éxito para los niños, sobre todo aquellos que no conocieron el Doblete. Pequeños, aunque recordéis al Atleti por su paso por Segunda y por tres o cuatro chispazos de Torres, este es el Atlético de Madrid. Es una gozada pasar cerca de un colegio y ver a los niños ataviados con los colores rojiblancos nuevamente. Me hizo retroceder hasta 1996 cuando era yo quien me ponía ese chándal orgulloso y vacilaba ante mis compañeros madridistas de mi equipo. Que nunca lo olvide nadie, somos grandes.
Para terminar, quería agradecer muy especialmente a mi amigo Nacho el haber compartido esas casi 60 horas en rojiblanco. Han sido muchos kilómetros en avión y por carretera para ver esta final. Como el niño del anuncio, hemos soñado muy fuerte y hemos hecho realidad aquello con lo que soñábamos cuando nos tirábamos los cromos en tiempos del Doblete. Muchas gracias a ti Nachete, y a Albertito y Laura por ser escuderos de lujo en esta maravillosa aventura.

6 comentarios:

MANUEL MAÑERO dijo...

¿Sabes lo que te digo? Que me alegro por el Atlético. Que espero que esta temporada, después de los vergonzosos 3-4 primeros meses de competición, terminen levantando dos copas. Hay atléticos que lo merecen. Otros, no tanto. Pero al final en el fútbol cuentan las aficiones, y la vuestra, con sus vicios y sus virtudes, es de las mejores y más nobles que he conocido nunca. Enhorabuena.

Anónimo dijo...

Uffffffffff, a ver como empiezo….

Aquí me pongo a contar lo sucedido una noche de Mayo… , no, no me gusta, me recuerda al hit de Sabina…piensa Pedro, piensa coño…piensa, ¡ah ya!....no tampoco, esto va a ser complicado, como plasmar en un texto tantos sentimientos y todos tan bonitos, creo que lo mejor será dejarme llevar por el corazón, tratándose del atleti creo que es lo mejor…

Me acabo de tomar una sopa caliente que espero ayude a recuperar una garganta bastante maltrecha todavía, en mi pc suena el himno del Atleti y me embarga una inmensa sensación de paz, sin duda debido a que ya he sido capaz de digerir lo vivido en las últimas 48 horas, no puedo decir dos días cuando solo he dormido cinco horas hasta este momento (00:26 am del 15 de Mayo del 2010).

Parte de culpa de ese insomnio lo tiene la resaca, cada día estoy más convencido que tras las importadoras de bebidas espirituosas están los laboratorios farmacéuticos encargados de fabricar el ibuprofeno, si no como se explica tanto garrafón, afortunadamente la resaca también es de besos, abrazos, gritos, sonrisas, risas y sobre todo lágrimas, muchas lágrimas, lágrimas que no se merecen morir en un clinex blanco, ese color ya lo tiene otro papel con una utilidad muy distinta.

Lloré con los goles, lloré con el himno, lloré viendo a Antonio López levantar la copa, lloré escuchando a la afición en Hamburgo, pero sobre todo lloré por que tenía la gran fortuna de que Dios me hizo del Atlético de Madrid y esas lágrimas tuvieron el mejor de los descansos, cada una de ellas terminó en mi bandera del Atleti, más concretamente en el centro donde se las bebía un oso franqueado por siete estrellas y ocho franjas rojiblancas. A estas horas esa bandera cuelga del tendedero tras un merecido paso por la lavadora, ahí se quedará hasta el Martes que la recoja y me la enfunde a modo de capa al más puro estilo superman volando hacia Barcelona, esperando repetir el siguiente momento que a continuación narro para despedirme…

…la noche cae sobre la plaza de Neptuno, el cielo ha querido que durante el recorrido de la copa cayesen algunas gotas de lluvia, yo personalmente creo que hasta el mismísimo Dios lloraba de alegría, los últimos rayos de sol iluminan al Dios de los mares, donde yo me encontraba con una niña de 6 años aupada en los hombros, en esa niña vi la imagen que tengo grabada a fuego en el corazón y que recordaré hasta mi último aliento de vida…un penúltimo rayo de sol se reflejó en la copa y deslumbró a la pequeña, desde ese momento no dejó de sonreír, sabe que desde ese instante Dios la ha iluminado como una más de los nuestros.

ATLETI TE AMO.

Anónimo dijo...

a mi me has hecho llorar ahora de emoción. De la emoción recordada del momento y de la emoción de leer esos sentimientos en ti

Estornu2 dijo...

Anónimo fijate en una cosa... mira la hora de tu comentario y la hora en la que yo comenzé a escribir el mio, está entre paréntesis en el segundo párrafo. Un abrazo.

J. Ordás dijo...

Cabrones que me hacéis llorar. No os pongáis muy ñoños que el miércoles repetimos!!

Estornu2 dijo...

Jajajaja,Jorge tranquilo que más estoy llorando yo que me han cascao una reunión de trabajo el Miercoles y no puedo ir a Barcelona, así que si quieres nos vemos el partido juntos.Un abrazo ÑOÑO.