La cara y la cruz representada en la portería

No os hablaré hoy del partido ante el Sporting. Compromisos laborales me impidieron verlo, podéis imaginar cómo es una tarde como la del otro día en una redacción de deportes.  Además, la obtención de las entradas de Hamburgo y la maldita nube vikinga volcánica de las narices han hecho que haya dejado algo descuidado el blog. Como decía Iñako Díaz-Guerra en Twitter, para una vez en 24 años que llegamos a una final europea, entra en erupción un volcán que llevaba siglos apagado y para una vez que llegamos a la final de Copa en una década, se nos pone pachucho el Rey. Qué le vamos a hacer, si somos el Atleti.
De lo ocurrido en El Molinón, pocos apuntes y casi todos negativos. Perdemos a Sergio Asenjo para lo que queda de temporada y el principio de la siguiente, nos marca un jugador que es prácticamente nuestro y sólo uno de los canteranos que viajaron para debutar lo hizo. Sin duda, esa lesión es la guinda podrida para el nauseabundo pastel que le ha tocado vivir esta temporada al palentino. De fichaje estrella, a suplente que se destroza los ligamentos de la rodilla en los, a priori, últimos minutos de su curso como rojiblanco. Desde aquí, y pese a los palos que se le han podido dar, le deseo la mejor de las recuperaciones. Tenerle en el Atlético es un auténtico lujazo y la buena conexión con De Gea nos garantiza pareja de porterazos para años. ¡Mucho ánimo, Sergio!
Imagino que Asenjo estará hoy dándole vueltas más de la cuenta a la cabeza. Mientras todos sus compañeros viajan deprisa y corriendo a Hamburgo ante la amenaza del la nube volcánica, él tiene que quedarse, recién operado viendo esa gran final que deseó jugar desde hace mucho tiempo. Seguro que, a pesar de su suplencia, había soñado por un minuto en repetir el episodio de César y Casillas en la final de Glasgow del Real Madrid. Sueños que, en un salto inoportuno, se han convertido en pesadilla. Hoy, además, pensará Sergio en la lista que acaba de dar Vicente del Bosque. Su compañero, su amigo, David de Gea está en la preselección del Mundial. ¡Vaya capricho del destino! De tercer portero invitado a salir del club a entrar entre los cinco mejores porteros nacionales. Tiene que ser difícil de digerir para un chico de 21 años.
Lo de De Gea es para estar orgullosísimos. Quizá nos hayamos quedado algo chafados por no haber colado a algún jugador del equipo en la lista y seguramente nos chafemos aún más cuando veamos al joven cancerbero salir de la concentración como uno de los descartes, pero llegar donde ha llegado en su primer año como profesional es algo al alcance de muy, muy pocos. Y si no, que se lo pregunte a Víctor Valdés. Tenemos que estar orgullosos de que uno de los nuestros haya llegado hasta ahí, por sus méritos, sin que nadie le regalase nada y en una época maravillosa para la portería de la Selección. A buen seguro que él será el dueño de ese arco durante muchos años.
Y como la cosa va de porteros, nos despedimos dando la enhorabuena a Joel. Seguramente nunca hubiera deseado debutar de la manera que tuvo que hacerlo, pero lo cierto es que ya forma parte de la historia del Atlético de Madrid. Como De Gea, la lesión de un compañero le llevó a defender la portería del equipo, una portería que puede ponerse carísima en los próximos años de confirmar Joel su planta y facultades. Aunque, de momento, vamos a dejarle que siga creciendo.


PD: Como muchos sabéis, os dejo unos días porque inicio una odisea de las gordas rumbo a Hamburgo acompañado de mi buen amigo Nacho, un habitual también de este blog. Una aventura que nos llevará por aeropuertos del norte de España, ciudades alemanas, holandesas y, esperemos, a la gran final de Hamburgo. Prometo que me dejaré la voz por los que no podáis ir y a la vuelta colgaré fotitos y demás cosas.

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