Error de concepto

La indescriptible felicidad nos ha cegado. En una semana marcada por la épica clasificación para la final de la Europa League, el Atleti volvió a mostrar su peor versión en la competición doméstica. Hubiera sido una buena guinda para esa tarta haber jugado, como mínimo, con algo de intensidad en el Sánchez Pizjuán. Más aún cuando el rival que había en frente es el que se va a disputar en dos semanas la Copa del Rey contra nosotros.
Una cosa es centrarse en las finales de Barcelona y Hamburgo como objetivo grande de la temporada y otra muy distinta olvidarnos de que formamos parte de una competición de 20 equipos en la que hay mucho dinero y mucho trabajo en juego. Ahí, pensando en lo segundo, nos estamos equivocando de manera enorme.
Parece que la Liga ya no va con nosotros. Demandábamos aire fresco en la alineación y Quique hizo sus probaturas. Para empezar, y como principal novedad, pudimos ver que realmente el dorsal 24 del Atleti tiene dueño. Su nombre es Leandro Cabrera y los 90 minutos que disputó a orillas del Guadalquivir son los primeros en competición oficial que juega con la camiseta del Atlético de Madrid. Bien es cierto que tiene 18 años y mucho margen de mejora, pero con su edad, se ha tirado un año de formación a la basura.
Si tenemos en cuenta que nuestro iluminado director deportivo pagó por él 1,5 millones de euros, no hará falta un máster en matemática avanzada para calcular que, tras su partido en Sevilla, el minuto de Cabrera sale a 16.666 euros… ni el mejor caviar iraní. El uruguayo se une a la lista de fiascos veraniegos encabezados por Cleber Santana (tanta paz lleve como dejó), Juanito (¿Para qué ir a Qatar si puedo tener un retiro dorado en la capital?) y Sergio Asenjo. Eso sí, de Pitarch no se escucha ni una queja y su renovación parece que va por buen camino.
Volviendo al partido liguero, duele ver a un equipo que aspira a un doblete histórico deambule por el césped de esa manera. No vamos a exigir a estas alturas que rindan al 120% de su nivel, pero sí hay que pedir un mínimo de compromiso. Llevar ese escudo en el pecho implica representar a mucha gente, muchas ilusiones y no puede ser tomado a la ligera. Además, puede que a nosotros no nos vaya nada en el envite, pero hay muchos equipos peleando por objetivos y nosotros, con nuestra desidia, le estamos haciendo un flaco favor a la deportividad que otros años pedíamos a los demás equipos para conseguir la cuarta plaza.


¿Qué pensarán en Mallorca de lo ocurrido en el Pizjuán? Comentaban en algunas radios si se habría alegrado más el Sevilla con su victoria o nosotros por acercarles a una cuarta plaza que nos garantice estar en Europa al año próximo. Si de verdad es lo que queremos, o lo que nos conviene, habría que haber salido al Ono Estadi a morder a los bermellones y seguramente no nos habríamos traído un traje como el que nos hicieron en Mallorca. Nosotros somos el Atlético de Madrid y eso no se puede consentir. Tenemos 107 años de historia en el que hemos escrito una forjado una leyenda que no merece ser emborronada de esta manera.
Por suerte, hay Liga entre semana. Viene el Valladolid, un equipo metido hasta el fondo en la lucha por salvar la categoría. Como los pucelanos, hay muchos equipos que se juegan la vida en estas últimas jornadas. Si nos tienen que ganar, que sea porque han sido mejores que nosotros, pero no porque no estemos a la altura de las circunstancias.

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