Derrota en el campo, goleada en la grada

No pudo ser. El Sevilla demostró más nivel que el Fulham siete días antes y una mayor experiencia en esta clase de partidos para llevarse a sus vitrinas la Copa del Rey. Los andaluces, con un característico y discutible modo de juego, levantaron un trofeo que, de haberse decidido por los decibelios del público, se habría venido para la capital. La afición del Atlético demostró una vez más que es especial y se regaló un verdadero homenaje después de muchos años de sufrimiento y visitas a los infiernos.
Eran las cinco y media de la mañana. Por la calle sólo se veían operarios del servicio municipal de limpieza y seguidores rojiblancos. La victoria en la Europa League había incrementado las ganas de volver a jugar otra final y pronto se vería que el éxodo hacia la Ciudad Condal iba a ser espectacular. Los primeros rayos del sol iluminaban la Nacional II y sobre el asfalto una auténtica marabunta de coches, furgonetas y autocares vestidos para una ocasión irrepetible. Yo, compartía minibús con un grupo de 18 atléticos de pro que han puesto su granazo de arena para convertir esta aventura en algo inolvidable.



Cada parada era una fiesta regada de rojo y blanco y el largo viaje se hacía más llevadero gracias a los cánticos y el buen ambiente reinante. Una vez llegados a la Plaza de España, la locura se desataba al ver a decenas de miles de seguidores unidos por una misma causa. Barcelona se rindió para dar la bienvenida a una de las finales que será más recordada por su alto nivel en cuanto ambiente, no tanto en lo futbolístico.
La Fan Zone cumplió con lo que se esperaba: una carpa con animación y litros de alcohol para festejar una cita única en la última década. Momento para reencontrarse con amigos de todo tipo y que uno no vería de no ser por un acontecimiento como este. Las horas pasaban y llegaba la hora del viaje hacia el Camp Nou, uno de los momentos más inolvidables que quien suscribe recuerda. El colorido ya dentro del estadio azulgrana rompía los moldes. Mayoría colchonera con muchas ganas de animar pero pronto se torcerían las cosas.


El tiempo que necesitó Capel para enviar un obús a la escuadra de De Gea cuando los más rezagados no habían encontrado aún su localidad. Era un mazazo. El Sevilla tenía el partido donde quería y sólo había empleado para ello cinco minutos. La afición, consciente de ello, decidió alentar más que nunca, no se calló en todo el encuentro. Ni siquiera cuando despidieron al destrozado equipo al grito de “campeones, campeones” que silenció a la afición rival.
Se echó en falta a una vieja aliada. La que nos había elevado un paso más y nos había logrado clasificar dos años seguidos para la Liga de Campeones, nuestra mejor arma: la pegada. Simao mostró un partido más que su nivel ya no es el que era, que no da más de sí. Reyes estuvo muy bien vigilado y no pudo realizar sus travesuras por banda y, como consecuencia, Agüero y Forlán no olieron bola. Para colmo, las pocas ocasiones que tenía la dupla atacante se topaban con un inspiradísimo Palop o con la defensa rival.


No cambió nada en la reanudación. El Atleti lo siguió intentando sin éxito y el reloj corría a velocidad vertiginosa hacia el final. Era el momento del último intento para alcanzar, como mínimo, una prórroga más que merecida. Con todo entregado ya y sin fuerzas, Navas se aprovechó de un fallo defensivo para driblar a De Gea y asestar el golpe de gracia a los nuestros. Era el final.
El fondo hispalense era un clamor por ver a su equipo de nuevo campeón. Más de 35.000 sevillanos habían realizado un auténtico maratón para llegar a Barcelona y tenían su premio. Muchos habían sido los rumores que apuntaban poco menos que a una batalla campal entre hinchas pero, por suerte, la única noticia fue el sobresaliente ambiente alcanzado y el grado de animación de todo el público que abarrotó el Camp Nou.
En el otro lado del campo, los casi 50.000 atléticos ni se movían. Pasaba media hora desde que había finalizado el encuentro y aún se desgañitaban cantando aquello de "porque luchan como hermanos, defendiendo sus colores" y es que los chicos de Quique lo habían hecho, lo habían dado todo y se merecían una ovación que sólo podía dar la mejor afición del mundo: la nuestra.
Otro año será. Lo importante es que volvemos a estar en el lugar del que nunca debimos salir: peleando títulos. Habrá éxitos y fracasos, pero lo mínimo que se puede exigir a este equipo es estar ahí arriba con los mejores, luchando de tú a tú con las mejores plantillas del país y, cuando se pueda, derrotarlos. Este sí vuelve a ser mi verdadero Atleti.

6 comentarios:

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

una vez más, la afición dio mucho más que el equipo. Un abrazo.

elboni dijo...

Un placer haber compartido el viaje con Ud. y con el resto de convocados. Un día inolvidable. AÚPA ATLETI

J. Ordás dijo...

Fernando, como dices, la afición por encima del equipo. Si el equipo estuviera a la altura de la afición no habría quien nos parara. Ni Brasil del 70, ni Barça de Pep ni nadie ¡Aupa Atleti!

J. Ordás dijo...

elboni, el placer ha sido mío, creeme. Da gusto marcarse una aventura con gente así

Nacho dijo...

Me gustaría opinar pero no vi el partido, aunque estaba sentado en la tribuna del Camp Nou jajajaja Sólo sé que Pati, en la Fan Zone, se quedó mirando tres trozos de móvil que llevaban un rato en el suelo y los recogió y resultó ser el móvil de un periodista... uno que tiene un blog! jajajaja Y que por cierto, fue el MVP sin duda jajaja

India rojiverde dijo...

Un gol lo hubiese cambiado todo. Sin embargo, la derrota le ha enseñado al mundo que no solo somos un grande en las victorias, sino que también y sobre todo en las derrotas.

Un abrazo.