Una de sorpresas

Después de un tiempo prudencial en el que hemos podido reposar el vibrante final de temporada, creo que es hora de seguir adelante con el blog. El descanso era obligado después de hacer dos viajes tan agotadores como espectaculares.  Empezamos con una imagen, que dicen que vale más que mil palabras. La cara del Kun en una auto-foto para recordar. Jugador, trofeo y afición en Neptuno unidos en una instantánea grabada a fuego en la historia del Atlético de Madrid, gracias al Twitter del propio argentino. Esa sonrisa muestra lo que quiere a este club, ojalá no nos equivoquemos y disfrutemos de su fútbol muchos años más.


Además, os propongo un par de vídeos relacionados con el Atleti pero en los que no vais a ver ni una portería.  El primero de ellos me parece sencillamente espectacular. Gracias al maestro Álvaro Díaz, llegó a mi pantalla del ordenador un documento gráfico que es difícilmente explicable. Sabía que el Atlético levanta pasiones en Madrid, incluso en todos los rincones de España. El brutal éxodo del pasado día 19 camino de Barcelona no hacía más que confirmar esa teoría. Lo que no sabíamos es que el sentimiento rojiblanco cruzaba nuestras fronteras hasta el lejano oriente. Este amigo japonés vivió el gol de Forlán en la prórroga de Hamburgo con más sentimiento que el oso del escudo.



Otra de celebración colchonera volviendo de esa ciudad que ha quedado marcada en nuestros corazones. En esta ocasión no es ningún asiático friki. Se trata, ni más ni menos que de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, cantando como una aficionada más de nuestro equipo. Ver para creer.



Y, cómo no, la celebración de nuestros chicos. El especial que sacaron los compañeros de Cuatro tras conquistar la copa. Se ve, a juzgar por las sonrisas de los presentes, que ninguno de ellos tuvieron que esperar eternas horas y hacer noche en el Aeropuerto de Hamburgo esperando un avión como si del metro en hora punta se tratase.



Para terminar, os ofrezco una exclusiva gracias a los usuarios de Twitter @Menottinto de Radio Marca y @EleteTSC. Se trata de la que, previsiblemente será nuestra camiseta, por cortesía del blog Todosobrecamisetas. La primera me recuerda mucho a la que utilizamos en Segunda el primer año de Torres. En cuanto a la segunda, me gusta mucho pero parece que no está teniendo por la red el buen recibimiento que sus creadores esperaban. Muchos la comparan ya con la vestimenta del mismísimo Capitán América ¿Qué opináis?

Es la hora de exigir

Pues sí, señoras y señores, después de resacas europeas, de alabanzas a diestro y siniestro por el comportamiento ejemplar de los aficionados en la Final de Barcelona, es hora de empezar a trabajar en el Atlético de Madrid 2010/2011. Es hora de decidir a qué queremos seguir jugando y, sobre todo, en qué dirección apuntará el futuro de este club. En definitiva, es la hora de iniciar un cambio de rumbo.
De sobra saben los que me conocen que no suelo perdonar ni una a nuestros ‘queridísimos’ directivos y no se piensen que en esta ocasión, empachado de éxitos en este final de curso, voy a hacer una excepción. El título en la Europa League y la Final de la Copa del Rey no han cambiado ni un ápice mi pensamiento sobre el tema. Si estos señores creen que ese trofeo va a adormilar a la ya de por sí anestesiada afición rojiblanca, están muy equivocados.



La caravana colchonera de Barcelona desde la Plaza de España hasta el Camp Nou me hizo darme cuenta del auténtico significado del desplazamiento masivo a la Ciudad Condal. Desde el accidental doblete de 1996 hemos pasado carros y carretas. Dos finales coperas perdidas, una bajada a los infiernos de doble duración, la venta del estadio que nuestros padres levantaron y la salida de nuestro niño querido. Ese que hubiera matado por retirarse enfundado en la rojiblanca tras una carrera plagada de éxitos.
Tantas desventuras nos habían hecho olvidar que somos una institución centenaria donde las palabras GANAR, TÍTULOS y ORGULLO se inscribían a fuego en el genoma de quien quería ser partidario de esta inexplicable pasión. Desde entonces, esa capa de pupismo, de equipo desgraciado en un sino negativo nos había cegado pero los goles de Forlán, las genialidades de Agüero, las cabalgadas de Reyes y la ilusión de gente de la casa como De Gea o Domínguez han expulsado ese carácter perdedor.
La afición ha recuperado el concepto y no quiere volver al pasado reciente. Señores directivos, no queremos volver a ser un equipo plano, humillado por España y Europa. Queremos volver a nuestro sitio y de momento aquí estamos otra vez ¿Van ustedes a ayudar a que sigamos? Hamburgo y Barcelona no van a calmar nuestra sed de éxitos, al contrario. Queremos más viajes masivos, más días en los que nos sintamos orgullosos de lo que somos y en los que todo se vuelva a teñir de rojo y blanco como antaño.
Para eso, hay que continuar dejando trabajar a quienes nos han devuelto la ilusión. Hacer balance y autocrítica de una campaña que, pese a la guinda final, ha sido desastrosa y realizar los retoques necesarios. Desde la grada ya se ha dado el paso. Lo demostrado en los últimos diez días ha sido sólo la demostración de que hay apoyo incondicional pero toca responder. Ojalá que así sea.

Derrota en el campo, goleada en la grada

No pudo ser. El Sevilla demostró más nivel que el Fulham siete días antes y una mayor experiencia en esta clase de partidos para llevarse a sus vitrinas la Copa del Rey. Los andaluces, con un característico y discutible modo de juego, levantaron un trofeo que, de haberse decidido por los decibelios del público, se habría venido para la capital. La afición del Atlético demostró una vez más que es especial y se regaló un verdadero homenaje después de muchos años de sufrimiento y visitas a los infiernos.
Eran las cinco y media de la mañana. Por la calle sólo se veían operarios del servicio municipal de limpieza y seguidores rojiblancos. La victoria en la Europa League había incrementado las ganas de volver a jugar otra final y pronto se vería que el éxodo hacia la Ciudad Condal iba a ser espectacular. Los primeros rayos del sol iluminaban la Nacional II y sobre el asfalto una auténtica marabunta de coches, furgonetas y autocares vestidos para una ocasión irrepetible. Yo, compartía minibús con un grupo de 18 atléticos de pro que han puesto su granazo de arena para convertir esta aventura en algo inolvidable.



Cada parada era una fiesta regada de rojo y blanco y el largo viaje se hacía más llevadero gracias a los cánticos y el buen ambiente reinante. Una vez llegados a la Plaza de España, la locura se desataba al ver a decenas de miles de seguidores unidos por una misma causa. Barcelona se rindió para dar la bienvenida a una de las finales que será más recordada por su alto nivel en cuanto ambiente, no tanto en lo futbolístico.
La Fan Zone cumplió con lo que se esperaba: una carpa con animación y litros de alcohol para festejar una cita única en la última década. Momento para reencontrarse con amigos de todo tipo y que uno no vería de no ser por un acontecimiento como este. Las horas pasaban y llegaba la hora del viaje hacia el Camp Nou, uno de los momentos más inolvidables que quien suscribe recuerda. El colorido ya dentro del estadio azulgrana rompía los moldes. Mayoría colchonera con muchas ganas de animar pero pronto se torcerían las cosas.


El tiempo que necesitó Capel para enviar un obús a la escuadra de De Gea cuando los más rezagados no habían encontrado aún su localidad. Era un mazazo. El Sevilla tenía el partido donde quería y sólo había empleado para ello cinco minutos. La afición, consciente de ello, decidió alentar más que nunca, no se calló en todo el encuentro. Ni siquiera cuando despidieron al destrozado equipo al grito de “campeones, campeones” que silenció a la afición rival.
Se echó en falta a una vieja aliada. La que nos había elevado un paso más y nos había logrado clasificar dos años seguidos para la Liga de Campeones, nuestra mejor arma: la pegada. Simao mostró un partido más que su nivel ya no es el que era, que no da más de sí. Reyes estuvo muy bien vigilado y no pudo realizar sus travesuras por banda y, como consecuencia, Agüero y Forlán no olieron bola. Para colmo, las pocas ocasiones que tenía la dupla atacante se topaban con un inspiradísimo Palop o con la defensa rival.


No cambió nada en la reanudación. El Atleti lo siguió intentando sin éxito y el reloj corría a velocidad vertiginosa hacia el final. Era el momento del último intento para alcanzar, como mínimo, una prórroga más que merecida. Con todo entregado ya y sin fuerzas, Navas se aprovechó de un fallo defensivo para driblar a De Gea y asestar el golpe de gracia a los nuestros. Era el final.
El fondo hispalense era un clamor por ver a su equipo de nuevo campeón. Más de 35.000 sevillanos habían realizado un auténtico maratón para llegar a Barcelona y tenían su premio. Muchos habían sido los rumores que apuntaban poco menos que a una batalla campal entre hinchas pero, por suerte, la única noticia fue el sobresaliente ambiente alcanzado y el grado de animación de todo el público que abarrotó el Camp Nou.
En el otro lado del campo, los casi 50.000 atléticos ni se movían. Pasaba media hora desde que había finalizado el encuentro y aún se desgañitaban cantando aquello de "porque luchan como hermanos, defendiendo sus colores" y es que los chicos de Quique lo habían hecho, lo habían dado todo y se merecían una ovación que sólo podía dar la mejor afición del mundo: la nuestra.
Otro año será. Lo importante es que volvemos a estar en el lugar del que nunca debimos salir: peleando títulos. Habrá éxitos y fracasos, pero lo mínimo que se puede exigir a este equipo es estar ahí arriba con los mejores, luchando de tú a tú con las mejores plantillas del país y, cuando se pueda, derrotarlos. Este sí vuelve a ser mi verdadero Atleti.

Soñamos tan fuerte, que se hizo realidad

Lo hicimos. Volvimos al Olimpo por la puerta grande y haciendo lo que más nos gusta: sufrir. Sufrimos buscando durante horas alguna información sobre la evolución de esa maldita nube que estuvo a punto de dejarnos en tierra, sufrimos para llegar a ver a tiempo a nuestro Atleti en un país donde prometen carreteras utópicas de ocho carriles sin límite de velocidad y ofrecen autopistas llenas de obras y con atascos kilométricos. Otros sufrieron también para volver desde Hamburgo en un aeropuerto que no estaba a la altura, pero todo ese sufrimiento mereció la pena.


Poco más puedo aportar del partido que no se haya dicho ya. Primera media hora a un muy buen nivel, gol rival tras fallo defensivo y una prórroga al límite del infarto nos dieron el segundo título continental ante un equipo, también hay que decirlo, que parecía conforme con el premio de llegar a la final. Un gol histórico fabricado por esa pareja que tanto nos ha hecho disfrutar y que, esperemos, lo haga muchos años más. Ha habido que esperar muchas décadas para ver a Antonio López levantar al aire una copa que nos merecíamos más que nadie y que ya es nuestra. El de Benidorm no soltaba la Copa, es uno de los nuestros, el más forofo rojiblanco desde Torres y que ha aguantado, con menos reconocimiento que el que merecía, el ligerísimo hilo de la cantera rojiblanca en el primer equipo hasta la bestial irrupción de Domínguez (colosal en la final) y De Gea.
En el campo se percibieron detalles que se escapan a la televisión. Me encantó el detalle mostrado con Sergio Asenjo, que no pudo estar con los campeones. Ni él ni Mariano Pernía (desconozco los motivos) estuvieron en una fiesta que también es la suya. Los que más disfrutaron, sin duda, los canteranos. Mención especial para Ignacio Camacho, ese chaval que no ha querido irse, que pelea día a día para ganar minutos y que podrá contar a sus nietos que ganó un gran título con esta gloriosa camiseta. A la altura del mediocentro, Joel. No se quitó la camiseta de su compañero y rival Asenjo, no importaba que muchos ni le conocieran, él estaba allí para recordar y disfrutar lo que el palentino no pudo desde su cama en el hospital.



También, como no podía ser de otra manera, hubo mucha alegría en la grada. El día fue muy largo en Hamburgo y el ambiente festivo y muy cordial hizo que una ciudad entera nos recibiese con los brazos abiertos a nosotros y a los seguidores del Fulham. Para todos los Atléticos presentes en Hamburgo, los londinenses son ya nuestro segundo equipo en las islas por detrás del Liverpool de nuestro niño. Otro diez para ellos.
Los minutos pasaban rápido tras el pitido final. El éxtasis del segundo gol de Forlán parecía algo inigualable hasta que el colegiado dijo basta. Abracé a cientos de personas. No me importaba quienes eran, el hecho es que en ese preciso instante sentían exactamente lo mismo que yo y que eñ destino les había colocado junto a mí en uno de los días más felices de mi vida.
Me siento un protagonista más de la historia de este equipo pero por quien más me he alegrado ha sido por los mayores y por los niños. Había un compañero de grada (al que por supuesto me harté de abrazar) de avanzada edad. Me dijo antes del partido que o ganaban esa noche o él se moría sin ver a su Atleti campeón de nuevo. La ilusión que irradiaban esos ojos, empapados en lágrimas al son del We Are The Champions no se me olvidará jamás.



También va muy especialmente dedicado este éxito para los niños, sobre todo aquellos que no conocieron el Doblete. Pequeños, aunque recordéis al Atleti por su paso por Segunda y por tres o cuatro chispazos de Torres, este es el Atlético de Madrid. Es una gozada pasar cerca de un colegio y ver a los niños ataviados con los colores rojiblancos nuevamente. Me hizo retroceder hasta 1996 cuando era yo quien me ponía ese chándal orgulloso y vacilaba ante mis compañeros madridistas de mi equipo. Que nunca lo olvide nadie, somos grandes.
Para terminar, quería agradecer muy especialmente a mi amigo Nacho el haber compartido esas casi 60 horas en rojiblanco. Han sido muchos kilómetros en avión y por carretera para ver esta final. Como el niño del anuncio, hemos soñado muy fuerte y hemos hecho realidad aquello con lo que soñábamos cuando nos tirábamos los cromos en tiempos del Doblete. Muchas gracias a ti Nachete, y a Albertito y Laura por ser escuderos de lujo en esta maravillosa aventura.

La cara y la cruz representada en la portería

No os hablaré hoy del partido ante el Sporting. Compromisos laborales me impidieron verlo, podéis imaginar cómo es una tarde como la del otro día en una redacción de deportes.  Además, la obtención de las entradas de Hamburgo y la maldita nube vikinga volcánica de las narices han hecho que haya dejado algo descuidado el blog. Como decía Iñako Díaz-Guerra en Twitter, para una vez en 24 años que llegamos a una final europea, entra en erupción un volcán que llevaba siglos apagado y para una vez que llegamos a la final de Copa en una década, se nos pone pachucho el Rey. Qué le vamos a hacer, si somos el Atleti.
De lo ocurrido en El Molinón, pocos apuntes y casi todos negativos. Perdemos a Sergio Asenjo para lo que queda de temporada y el principio de la siguiente, nos marca un jugador que es prácticamente nuestro y sólo uno de los canteranos que viajaron para debutar lo hizo. Sin duda, esa lesión es la guinda podrida para el nauseabundo pastel que le ha tocado vivir esta temporada al palentino. De fichaje estrella, a suplente que se destroza los ligamentos de la rodilla en los, a priori, últimos minutos de su curso como rojiblanco. Desde aquí, y pese a los palos que se le han podido dar, le deseo la mejor de las recuperaciones. Tenerle en el Atlético es un auténtico lujazo y la buena conexión con De Gea nos garantiza pareja de porterazos para años. ¡Mucho ánimo, Sergio!
Imagino que Asenjo estará hoy dándole vueltas más de la cuenta a la cabeza. Mientras todos sus compañeros viajan deprisa y corriendo a Hamburgo ante la amenaza del la nube volcánica, él tiene que quedarse, recién operado viendo esa gran final que deseó jugar desde hace mucho tiempo. Seguro que, a pesar de su suplencia, había soñado por un minuto en repetir el episodio de César y Casillas en la final de Glasgow del Real Madrid. Sueños que, en un salto inoportuno, se han convertido en pesadilla. Hoy, además, pensará Sergio en la lista que acaba de dar Vicente del Bosque. Su compañero, su amigo, David de Gea está en la preselección del Mundial. ¡Vaya capricho del destino! De tercer portero invitado a salir del club a entrar entre los cinco mejores porteros nacionales. Tiene que ser difícil de digerir para un chico de 21 años.
Lo de De Gea es para estar orgullosísimos. Quizá nos hayamos quedado algo chafados por no haber colado a algún jugador del equipo en la lista y seguramente nos chafemos aún más cuando veamos al joven cancerbero salir de la concentración como uno de los descartes, pero llegar donde ha llegado en su primer año como profesional es algo al alcance de muy, muy pocos. Y si no, que se lo pregunte a Víctor Valdés. Tenemos que estar orgullosos de que uno de los nuestros haya llegado hasta ahí, por sus méritos, sin que nadie le regalase nada y en una época maravillosa para la portería de la Selección. A buen seguro que él será el dueño de ese arco durante muchos años.
Y como la cosa va de porteros, nos despedimos dando la enhorabuena a Joel. Seguramente nunca hubiera deseado debutar de la manera que tuvo que hacerlo, pero lo cierto es que ya forma parte de la historia del Atlético de Madrid. Como De Gea, la lesión de un compañero le llevó a defender la portería del equipo, una portería que puede ponerse carísima en los próximos años de confirmar Joel su planta y facultades. Aunque, de momento, vamos a dejarle que siga creciendo.


PD: Como muchos sabéis, os dejo unos días porque inicio una odisea de las gordas rumbo a Hamburgo acompañado de mi buen amigo Nacho, un habitual también de este blog. Una aventura que nos llevará por aeropuertos del norte de España, ciudades alemanas, holandesas y, esperemos, a la gran final de Hamburgo. Prometo que me dejaré la voz por los que no podáis ir y a la vuelta colgaré fotitos y demás cosas.

Despidiendo a los héroes

El encuentro de ayer puede ser, para muchos, como una especie de entretenimiento para amenizar las largas horas de espera en las taquillas del Calderón o para relajarse un rato de los quebraderos de cabeza a la hora de cuadrar vuelos, horarios y presupuestos antes de partir hacia Hamburgo. Algunos incluso optaron por hacer cola antes de una larga noche de espera para conseguir ese codiciado trozo de papel que abre las puertas de un sueño 24 años después.
El estadio, ante la visita del Valladolid, entre semana y a una hora complicada, amenazaba con ser un solar con el equipo centrado en otras cosas más importantes y los objetivos ligueros de principio de temporada como algo inalcanzable. Pero el estadio estaba lleno. Había que despedir a los villanos de la Liga de Campeones convertidos en los héroes del Ali Sami Yen, del Jose Alvalade, de Mestalla y, sobre todo, de Anfield.
El equipo respondió. El Valladolid, ahogado por su situación liguera y apoyado por una buena representación de aficionados comenzó intentando morder pero pronto se apagó la pólvora. Clemente llegaba con la vitola de invicto y eso hacía sospechar a más de uno. Diego Costa dejó buena impresión en la que probablemente sea su casa el próximo año. Ni el brasileño, ni Pedro López ni un desacertado Manucho consiguieron superar a un brillante De Gea que no parece que vaya a perderse muchos minutos hasta el final de temporada.
Ante tanto fallo, el Atlético decidió que podía probar suerte en ataque. Jurado, que está llegando a final de temporada en un gran momento de forma, se encargó de combinar con Salvio, otro de los que van a más, para poner un centro suavito de esos que se rematan solos. Lo hizo Juanito, que anota su segundo gol en Liga, superando la cifra del incomparable Cleber Santana… Larga vida a O’Rei.



En la segunda mitad, Jurado, casi sin querer y Forlán, que como cada año llega al final con la puntería bien afinada (este año le ha costado más) dejaron el partido visto para sentencia y dejaron el gol de Sesma en mera coincidencia. El gaditano, a la chita callando, lleva ya siete goles, una cifra para nada mediocre. Sí se agradece con un 3-1 en el marcador y poco en juego, ver a jugadores como Ujfalusi enfadarse por haber encajado un gol. Perfeccionismo se llama y hace mucho que no vemos ejemplos de este tipo en nuestro estadio.
Ahora, a esperar. Nuevo trámite de nuestra particular ‘pretemporada’ en Gijón y a viajar a Hamburgo. Quique debería dar descanso a los importantes en ese encuentro aunque, a tenor de lo visto en los últimos partidos, el entrenador intentará completar una alineación mixta entre fijos y nada habituales. Mucho ojo con las lesiones y a hacer cambios si el partido se pone complicado.
Por último, pero no menos importante, volvió a gustar Cabrera. El valor del minuto de uruguayo descendió a la par que se disparan la opinión de porqué este chaval de solo 19 años no ha tenido más oportunidades en una temporada cargada de partidos y jugando en una zona tan convulsa como nuestra defensa. Sólo Quique y Abel tienen la respuesta.

Error de concepto

La indescriptible felicidad nos ha cegado. En una semana marcada por la épica clasificación para la final de la Europa League, el Atleti volvió a mostrar su peor versión en la competición doméstica. Hubiera sido una buena guinda para esa tarta haber jugado, como mínimo, con algo de intensidad en el Sánchez Pizjuán. Más aún cuando el rival que había en frente es el que se va a disputar en dos semanas la Copa del Rey contra nosotros.
Una cosa es centrarse en las finales de Barcelona y Hamburgo como objetivo grande de la temporada y otra muy distinta olvidarnos de que formamos parte de una competición de 20 equipos en la que hay mucho dinero y mucho trabajo en juego. Ahí, pensando en lo segundo, nos estamos equivocando de manera enorme.
Parece que la Liga ya no va con nosotros. Demandábamos aire fresco en la alineación y Quique hizo sus probaturas. Para empezar, y como principal novedad, pudimos ver que realmente el dorsal 24 del Atleti tiene dueño. Su nombre es Leandro Cabrera y los 90 minutos que disputó a orillas del Guadalquivir son los primeros en competición oficial que juega con la camiseta del Atlético de Madrid. Bien es cierto que tiene 18 años y mucho margen de mejora, pero con su edad, se ha tirado un año de formación a la basura.
Si tenemos en cuenta que nuestro iluminado director deportivo pagó por él 1,5 millones de euros, no hará falta un máster en matemática avanzada para calcular que, tras su partido en Sevilla, el minuto de Cabrera sale a 16.666 euros… ni el mejor caviar iraní. El uruguayo se une a la lista de fiascos veraniegos encabezados por Cleber Santana (tanta paz lleve como dejó), Juanito (¿Para qué ir a Qatar si puedo tener un retiro dorado en la capital?) y Sergio Asenjo. Eso sí, de Pitarch no se escucha ni una queja y su renovación parece que va por buen camino.
Volviendo al partido liguero, duele ver a un equipo que aspira a un doblete histórico deambule por el césped de esa manera. No vamos a exigir a estas alturas que rindan al 120% de su nivel, pero sí hay que pedir un mínimo de compromiso. Llevar ese escudo en el pecho implica representar a mucha gente, muchas ilusiones y no puede ser tomado a la ligera. Además, puede que a nosotros no nos vaya nada en el envite, pero hay muchos equipos peleando por objetivos y nosotros, con nuestra desidia, le estamos haciendo un flaco favor a la deportividad que otros años pedíamos a los demás equipos para conseguir la cuarta plaza.


¿Qué pensarán en Mallorca de lo ocurrido en el Pizjuán? Comentaban en algunas radios si se habría alegrado más el Sevilla con su victoria o nosotros por acercarles a una cuarta plaza que nos garantice estar en Europa al año próximo. Si de verdad es lo que queremos, o lo que nos conviene, habría que haber salido al Ono Estadi a morder a los bermellones y seguramente no nos habríamos traído un traje como el que nos hicieron en Mallorca. Nosotros somos el Atlético de Madrid y eso no se puede consentir. Tenemos 107 años de historia en el que hemos escrito una forjado una leyenda que no merece ser emborronada de esta manera.
Por suerte, hay Liga entre semana. Viene el Valladolid, un equipo metido hasta el fondo en la lucha por salvar la categoría. Como los pucelanos, hay muchos equipos que se juegan la vida en estas últimas jornadas. Si nos tienen que ganar, que sea porque han sido mejores que nosotros, pero no porque no estemos a la altura de las circunstancias.