Dinámica negativa

Volvió a pasar. El Atlético de Madrid se presenta ante toda una semifinal de la Europe League acumulando cinco derrotas en los últimos siete encuentros ligueros. Un panorama que no infunde nada de respeto a cualquier rival con el que nos toque enfrentarnos. Pero, por encima de los resultados, la imagen ofrecida es lo que realmente preocupa al aficionado rojiblanco.
El equipo llegó a Castellón con el miedo en el cuerpo. En un fin de semana marcado por el caos aéreo, el susto llegó en forma de rayo a la expedición colchonera. Una descarga eléctrica que, lejos de reactivar los impulsos cardiacos del enfermo de Quique Sánchez Flores, pareció cortocircuitar las ideas del equipo si es que quedaban algunas.
Formó el equipo sin Forlán, con la enésima aparición de Jurado en el once y con Salvio, fichaje estrella en Navidades, sin llegar a sudar la camiseta en el banquillo. A estas alturas, y con poco que jugarse en Liga, estaría bien empezar con probaturas que no supusieran exprimir a un once inicial al que las pilas se le acabaron hace algunos meses.
Para colmo, la defensa volvió a dar un espectáculo que, al menos en las últimas jornadas, no rozaba el esperpento. El sonrojo volvió a la zona de retaguardia y pagó los platos rotos el que menos razones tenía. Cuenta Antonio Ruiz en la SER que la decisión del cambio de Domínguez se debe a un ‘pacto del vestuario’ que castiga a los culpables en las acciones a balón parado preparadas durante la semana. La cara del canterano lo decía todo: “Para una vez que la cago yo…”.

Con el castigo impuesto al más débil, llegó el auténtico sonrojo. Ujfalusi despejó mal un balón dividido tras una gran parada de De Gea, golpeó el balón en la cara de Valera, que pasaba por allí, y asistió como espectador de lujo al segundo gol castellonense. Algunos aún recordaban que se trataba del enésimo último tren europeo por aquel entonces.
La cosa mejoró tras la reanudación. El Atlético subió enteros a la par que un confiado Villarreal se relajaba mirando a la cuarta plaza. Agüero se reencontró con el gol después de algunas acciones falladas y gracias a un soberbio pase medido de Reyes. El gol reactivó al enfermo pero, hoy por hoy, no hay reservas para más.
Esperemos que tras los tres últimos ridículos, por lo menos se hayan recargado fuerzas y el jueves veamos al mejor Atleti. Al de las grandes citas. Al que recibe a todo un grande de Europa pero que no nos dará nada de pena porque vendrá sin nuestro niño. Atlético de Madrid y Fernando Torres. Fernando Torres y Atlético de Madrid, un matrimonio eterno condenado a no enfrentarse.

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