Y de repente volvimos

Lo hemos hecho casi sin darnos cuenta. Con una seguridad y un paso firme de los que ya no se solían estilar en el Calderón desde tiempos de Kiko, Pantic y Caminero. Hemos vuelto, damas y caballeros. Después de años, lustros, décadas de apatía, sinsabores y de deambular por la mediocridad, tenemos la oportunidad de conseguir dos títulos… ¡Quién nos lo iba a decir!
La locura se desató anoche en Madrid. Un millar de personas se echó a la calle para celebrar que el Atleti, nuestro Atleti, se había reencontrado a sí mismo y había vuelto a Europa por la puerta grande. Muchos entre los que me incluyo, miraron con recelo la UEFA Europa League tras la desastrosa eliminación en Liga de Campeones. Éramos como el niño al que se le antoja un juguete y los padres le regalan otro distinto. Al principio no lo quieren mirar pero en cuanto juegan con él ya no lo sueltan.

Y eso le ha pasado al Atleti. Comenzó la historia ante el Galatasaray con un mal resultado en la ida y una vuelta emocionantísima en la que Forlán, en el descuento, nos daba el pase. Siguió el Sporting de Lisboa, viaje apetecible para muchos que tras el partido del Calderón dejaba todo en el aire para el José Alvalade. La exhibición de Agüero nos metió en cuartos. Allí esperaba el Valencia, donde conseguimos un buen empate a dos. En la vuelta, sufrimiento. Posible el partido en el que peor lo hayamos pasado en mucho tiempo… hasta Anfield.
Porque el 1-0 de Forlán en la ida era un buen resultado, pero ya veníamos teniendo callo en eso de los grandes batacazos en partidos importantes. Aquello de ‘llevamos varios partidos buenos, hoy toca cagarla’. Rugía la grada de Anfield con el pitido inicial y el Liverpool se lanzaba al ataque en modo estampida de ñús. Antes del minuto de juego, habían lanzado tres saques de esquina y habían obligado a De Gea a realizar una parada de mérito.
Este niño está bendecido por los mejores guantes de nuestra historia, por Medinabeytia, por Miguel Reina, por Abel, por Molina. En una noche en la que nos mordimos las uñas hasta los codos, tranquilizaba la imagen portero sereno y tranquilo como si de una partida de PlayStation se tratase. Serán cosas de la edad…
La defensa volvió a salirse. La baja del mariscal Ujfalusi  se notó en la banda derecha. Valera comenzó nervioso al sentirse observado pero el paso de los minutos le fue dando el poso necesario para asentarse e ir controlando su zona con regularidad. Perea, una vez más, increíble. Sigo diciendo que la mejor terapia para el colombiano fue la humillante ovación que le rindió el Bernabéu. Desde entonces, ha vuelto a ser el gran Perea que deslumbró a España a su llegada de Boca Juniors.
Todo iba encaminado a un empate en el descanso pero el gol de Aquilani trastocó los planes. Se confirma que somos auténticos expertos en la resurrección y puesta a punto de futbolistas en mal momento y el italiano fue un ejemplo más. Inédito durante todo el año, hizo olvidar a Xabi Alonso durante 45 minutos. Por suerte, la exigencia del partido y su falta de ritmo fueron menguando sus facultades hasta terminar exhausto.
De repente llegó la prórroga. Podían haberla puesto tras el descanso, ya que la segunda mitad no demostró la clase de partido que se jugaba. Benítez golpeó primero gracias a los cambios y Quique enmendó su error introduciendo a Jurado. No tuvo una prórroga perfecta, pero el gaditano era justo lo que necesitábamos en un partido como el de Anfield. Raúl García, reventado, se echó al equipo a la espalda y mandó un rotundo mensaje a aquellos que le pitan en el Calderón.
Mientras, el de Sanlúcar campaba a sus anchas y se gustaba con el balón en los pies. El Liverpool no esperaba un elemento nuevo y desconcertante y falló. Falló Glen Johnson y Reyes le puso un caramelito a Forlán de los que el uruguayo no perdona. A estas alturas y pudiendo hacer algo de resumen de la temporada, me borro de los que hablaban de temporada floja de Forlán. Sus 26 goles en las tres competiciones me dan argumentos. Además, su rabia en la celebración de Anfield hace que vuelva a perdonar sus errores anteriores.
Su predecesor en la grada, nuestro niño, vio el partido con mucho, mucho sufrimiento. Le iba mucho en juego y, a diferencia del año pasado, no se le vio celebrar el tanto del Liverpool. Dicen los que le vieron tras el partido, que Fernando Torres sonreía. ¡Qué le vamos a hacer si es uno que fue, es y será siempre de los nuestros!
Ahora, es momento de disfrutar de lo conseguido, pero también de empezar a hacer encaje de bolillos para conseguir entradas, cuadrar vuelos, inventarse excusas para escaquearse del curro… Al final, una campaña que se avecinaba terrible puede terminar siendo histórica. Es momento también de que los niños sepan lo que es de verdad el Atleti. Que vuelvan a pedir a sus padres ir al cole el lunes con la rojiblanca. Que no se sientan señalados por los otros niños y luzcan el escudo con orgullo. Es momento también de recordar a todos aquellos que hubieran disfrutado de todo esto pero ya no están con nosotros.
Seguro que lo han visto todo desde ese tercer anfiteatro rojiblanco.

La máquina del tiempo (I)

Por fin llegó el gran día. El Atlético de Madrid se juega en el mítico estadio de Anfield la posibilidad de regresar a una final continental. El resultado de la ida es corto pero sólido y, curiosamente, es el mismo que se produjo hace 24 años cuando nos clasificamos para la final de la Recopa. Les propongo un viaje a 1986 para ver cómo se fraguó nuestra última gran cita.
Año 1986. La Organización de las Naciones Unidas lo ha declarado como el ‘Año Mundial de la Paz’. Además, España y Portugal consiguen entrar desde el día 1 de enero en la Comunidad Económica Europea y en nuestro país se debate en referéndum la entrada en la OTAN. En el mundo del deporte, 1986 quedará marcado por siempre como el año en el que Maradona sorprendió al Planeta y Argentina volvió a levantar la Copa del Mundo.
Para nuestro Atlético también iba a ser un año grande. Acabábamos de ganar la Copa del Rey ante el Athletic Club en el Bernabéu y un delantero mexicano causaba pánico a las defensas rivales. Parecía un matrimonio perfecto, pero él decidió irse y se fue allí donde más le duele a un rojiblanco que se vayan sus jugadores: al eterno rival. Calderón, ante la sospecha de su fuga a Chamartín, decide devolverlo al Club Universidad Autónoma de México y que sea el equipo mexicano quien haga negocios con Real Madrid y Barcelona evitando así un malestar social por su venta al conjunto blanco. Votava también hace las maletas para regresar a su Alemania natal y, para compensar las bajas, se realizan cuatro fichajes importantes: el Pato Fillol, con la vitola de portero campeón del Mundo en 1978, Polilla da Silva, después de un gran año en Valladolid, Quique Setién, del Racing de Santander y López del Real Murcia.
La primera alegría de la temporada llega con la Supercopa de España. El Barcelona es el rival y, tras un gran partido en el Vicente Calderón, el Atlético gana por 3-1 y consolida su título de campeón al caer derrotado 1-0 en la Ciudad Condal (curiosa coincidencia de resultados en un día como hoy. Creo que en aquella ocasión, no nos dieron los aspersores).
En Liga, la cosa pronto se comenzará a torcer. Finalmente, se consigue una mediocre quinta plaza que hoy sería celebrada por todo lo alto. En la Copa del Rey, el Barcelona se toma la revancha y consigue imponerse 1-2 en el Calderón y aguantar el empate a cero en la vuelta para obtener el pase a semifinales del torneo del KO.
La gran alegría llega en la Recopa. El primer rival es el Celtic de Glasgow, al que se elimina con un global de 3-2. Sin salir de las islas, doble enfrentamiento al Bangor City galés, al que se doblega por un 3-0 acumulado. Así se llega a cuartos de final, donde espera el temido Estrella Roja. La ida, en Belgrado, es un infierno.
Los locales intimidan en el calentamiento  en el campo del Atlético, dentro de su área, lo que provoca que los dos porteros estén en la misma portería. Por supuesto que los yugoslavos intentan pelotazos sobre el guardameta rojiblanco, lo que provoca la trifurca. Polilla da Silva, con un gran doblete, responde en el campo. Un empate en Madrid lleva al Atleti a semis
En semifinales espera un conjunto alemán, hoy desconocido, el Bayer Uerdingen. Este conjunto de la zona de Westfalia, había nacido en 1905 y, desde mediados del siglo pasado, fue propiedad del gigante Bayer, de manera que eran los propios trabajadores de la empresa quienes jugaban. En 1995, Bayer retira el patrocinio y el equipo se hunde hasta nuestros días, en los que juega en la sexta división alemana.
La ida se disputa en el Vicente Calderón. El ambiente espectacular lleva a los rojiblancos a arrasar a su rival. Sin embargo, un solitario gol de Julio Prieto y la majestuosa actuación del cancerbero Vollack dejan la eliminatoria abierta para la vuelta en Krefeld.



En Alemania, un arma histórica para el Atleti y que hoy en Anfield debería ser nuestra seña de identidad, hace que la final sea una realidad. El contragolpe mató minuto a minuto a los alemanes que no pudieron remontar el gol. La final sería otra historia, pero en un día como hoy es bonito imaginar con qué podemos encontrarnos dentro de unas horas…



Hoy en día, quizás no tengamos las agallas de Arteche, la visión de juego de Landáburu, el toque de Marina o el amor a los colores de Rubio, pero la batalla de Anfield tenemos que ganarla. Tenemos que volver a nuestro lugar después de tantos y tantos años de sinsabores ¡AHORA ATLETI, AHORA!



PD: Quería agradecer enormemente al usuario Paramecio1980, responsable de subir a la red los vídeos y las fotos de este post. Su aportación desinteresada de la historia del Atlético de Madrid a Internet no tiene precio ¡MIL GRACIAS, AMIGO!

Un invitado de excepción

El Toto se confirmó ante el Tete. No encontraba mejor manera para hablar de un partido como el del Tenerife que con una broma muy fácil. Era un encuentro incómodo. No por la calidad del rival o por la necesidad de los puntos, era incómodo porque yo creo que nadie en su sano juicio tenía ningún interés en la visita del equipo insular. Con una entrada más que digna para la presentación que acabo de comentar, llegaba al Calderón un equipo con sed de salvación, un ingrediente calcado al de hace diez días y que acabó con tres puntos viajando rumbo a Jerez de la Frontera.
Decíamos que nadie en su sano juicio debería tener interés en este partido. Pues hubo una persona, un jugador que decidió saltar al vacío y regalar una agradable tarde de domingo a los 48.000 espectadores que se acercaron al Manzanares: Eduardo Salvio. El argentino llegó después de un inusual culebrón invernal (flecos vienen, flecos van) y entre sus problemas físicos, su falta de adaptación a un esquema ya trabajado y la poca confianza de Quique, no había podido darnos ni una miserable tarjeta de visita.
El entrenador del Atlético de Madrid no quiso forzar en exceso en las rotaciones y se la jugó de inicio con De Gea, Ujfalusi, Perea, Antonio López, Reyes y Agüero de los teóricos titulares. En el calentamiento, una lesión del checo le dejó fuera del once pero Domínguez, el castigado Domínguez, heredó su puesto en el equipo. Esperemos que el bueno de Tomas esté recuperado para el partido del jueves.
De los que acompañaron a los habituales, Valera se marcó un partido notable y confirmó la teoría de algunos de que puede ser un hombre válido para completar la plantilla. Parece que el lateral derecho contagia a sus últimos inquilinos y es una demarcación más sólida que a principio de temporada. Camacho y Tiago se volvieron a complementar bien como ante el Deportivo, si bien el portugués va menguando su brillantez de manera directamente proporcional a la mejora de Raúl García en Europa League.


Y, por encima de todos, a pesar de su corta estatura, el Toto. Salvio se entendió a la perfección con Agüero en una delantera con un promedio de edad de 20 añitos. Dos pequeñajos, dos argentinos se complementaron a la perfección en una contra para que el Kun se plantase ante Aragoneses. El meta logró sacar una mano de oro pero ahí estaba Salvio para pescar el rechace (¿o es rechazo?) y marcar casi sin ángulo.
Antes de la media hora, había mandado a las redes un buen centro de Valera desde la banda. En ese momento fue felicitado por el Kun en un acto en el que, esperemos que no, le daba la alternativa y el bastón de mando del futuro colchonero. Resulta espeluznante ver la madurez de Agüero a sus 21 años en ese momento paternal. Parece que lleve toda la vida entre nosotros.
Aquí murió el partido. En la segunda parte, nuestra caraja y la angustia tinerfeña pusieron algo de emoción al encuentro con un gol de Román pero ahí estaba el Kun para sumarse a la fiesta de su nuevo socio, de su amigo, y finalizar un contragolpe de manual con un toque sutil. Pese a la victoria del Liverpool por 0-4, en Anfield deben estar tirándose de los pelos de pensar en la que se les puede venir encima como el argentino esté inspirado a la contra y cuente con la peligrosa compañía de Forlán y, por qué no, de una nueva perla, don Eduardo, el Toto, Salvio.

El embrujo del Manzanares

Sin palabras. La experiencia vivida en el Vicente Calderón fue de las que se recuerdan para toda la vida. Me imagino dentro de 50 años, cuando todos contaremos a los más pequeños que estuvimos allí, que el Calderón estaba precioso, que la gente no paró de animar en ni uno solo de los 93 minutos de emoción que tuvimos el privilegio de ver, que fuimos parte un grupo de 52.000 afortunados que tuvieron la suerte de viajar al pasado y ver durante dos horas a un Atlético de Madrid digno de su época dorada.
La ciudad amaneció bonita. Hacía mucho tiempo que no se vivía un día grande y eso se respiraba en el ambiente o, mejor dicho, el aficionado rojiblanco lo respiraba en el ambiente. Pronto se empezaban a ver las primeras camisetas rojas y blancas, bufandas y la cantidad se iba incrementando con el paso de las horas. Uno, que es muy atlético, siempre trata de cruzar la mirada con esta gente, con un gesto de complicidad, un gesto de “camarada, soy de los tuyos”. Madrid, como decimos, se había teñido de rojo y blanco y cuando la capital se viste así está preciosa.
La entrada al campo me impactó. Me recordó al día en que mi abuelo y mi tío me llevaron por primera vez al Calderón. Yo era un enano y recuerdo que me sorprendió muchísimo que el campo de fútbol que salía en la tele fuese tan grande. Ante el Liverpool hice lo mismo que aquel día: De manera extraña e ingenua, me vi parado en medio del vomitorio, mirando para todos lados, boquiabierto y emulando al mejor Paco Martínez Soria a su llegada a Madrid.
Había un aroma distinto en el Manzanares. La gente se miraba como pensando, “esta sí es la afición del Atleti, no se nos había olvidado” y seguía saltando y cantando hasta la afonía. Olía a delantera de seda, a Metropolitano, a la falta de Luis en el 74, al maldito hongo que retiró a Gárate, a las carreras de Futre por la banda y a las pecas de nuestro Fernando Torres. En definitiva, olía a capítulo para la historia del Atlético de Madrid.
Bien es cierto que el Liverpool defraudó. Sin su delantero titular, pierden más fútbol aún del que perdieron en verano con la salida de Xabi Alonso. Gerrard, demasiado sólo y pasivo, decidió guardar su mejor fútbol para otra ocasión. Forlán, a los nueve minutos, decidió forzar al extremo la resistencia acústica del estadio marcando un gol tan importante como antiestético. Era el último ingrediente para creernos que estábamos allí de verdad, a un paso de una final europea casi un cuarto de siglo después.
La baja del Kun apenas se notó, gracias al buen trabajo del uruguayo en punta y a la constante movilidad de la línea de tres formada por detrás. Simao, Jurado y Reyes tuvieron una buena actuación, pero el utrerano sobresalió por encima. Su zurda y su calidad parecen maquillarse mejor en las grandes citas y la del Liverpool lo era por encima de las últimas batallas. Tiró caños, inventó pases imposibles y fue capaz de hacer recular a todo un pentacampeón de Europa simplemente con esa sonrisa de niño un poco cabroncete.
En la medular, Assunçao y Raúl García volvieron a conectar como en la temporada pasada. Su labor oscura y sacrificio no son siempre agradecidas, pero su importancia en el equilibrio de un equipo tan radical se hace imprescindible. Donde el Atlético de Madrid sorprendió a propios y extraños fue en la defensa. Antonio López estuvo correcto, apuntándose al ataque cuando era necesario y sin estridencias atrás. Domínguez apretó los dientes el castigo y contestó al míster con un soberbio encuentro que le hará crecer unos puntos en su barra de veteranía y experiencia.
 Brilló de manera sobresaliente Ujfalusi. El checo cada vez se anima más a subir al ataque y lo hace con criterio. Reyes ha encontrado en su socio de la banda derecha una gran ayuda que le abre espacios y le aporta cobertura cuando lo necesita. No conforme, Ujfa se animó con un zurdazo que despejó Reina y con un par de internadas hasta la línea de fondo en las que recordó al mismísimo Ufarte.
Y, para terminar, el hombre de la noche. Criticado por buena parte de la grada por sus fallos durante la temporada, bautizado como La Mujer Barbuda por un periodista graciosete y ovacionado con mofa por una afición que no merece ser denominada como tal, Luis Amaranto Perea se sacudió el polvo de todo esto y maravilló al Calderón. El colombiano estuvo rapidísimo al cruce, como siempre, sin complicaciones en la salida de balón y fue capaz de tumbar al mismísimo Steven Gerrard cuando iba a encarar a De Gea con un robo de balón de una limpieza sublime provocando, ahora sí, una cerrada ovación de la que sí debe denominarse afición, y más en este partido.
Siete días por delante para soñar, para empezar a ver cómo se consiguen las entradas de Hamburgo, cuál es la mejor conexión entre Madrid y la ciudad alemana, los precios de los vuelos y las 1.000 excusas que vamos a poner en el trabajo para no perdernos una oportunidad histórica. Entre medias, un partido liguero y, por desgracia, sin importancia alguna, en el que deberían gozar de minutos los menos habituales. A nuestros guerreros de primera fila habrá que tenerlos descansados para la gran batalla de Anfield.

El Kaiser de la Peineta

Me van a llover palos. Y muchos. Yo mismo daría palos a alguien a quien se le ocurriese mezclar esas dos palabras en un mismo titular, pero creo que representan las luces y las sombras del futuro del Atlético de Madrid. Por un lado, la esperanza en la consolidación de un equipo con canteranos, gente que de verdad sabe lo que significan esas estrellas, esas siete rayas, ese oso y ese madroño. Por el otro, el gris futuro que se nos viene encima, lejos de nuestra casa y en un campo que de momento es un solar pero que promete ser el oro y el moro (esto último imaginamos que estará relacionado con el nombre del estadio).
Nuestro kaiser, como habrán podido deducir, no es otro que el señor don Álvaro Domínguez. De su pasado todos conocemos la historia y a quien no la sepa se la cuento yo ahora mismo. Este madrileño inició sus pasos como futbolista en el eterno rival. En alevines decidieron prescindir de sus servicios y el equipo de ojeadores del Atleti le echó el guante. Una gran decisión que ha sido corroborada años después.
Fijo en categorías inferiores con la selección española, Abraham García vio sus cualidades y le hizo saltar al filial muy pronto. Incluso fue convocado por Aguirre para algún partido. Su debut se produjo el 26 de octubre de 2008. Con 19 años, y ante una serie de circunstancias, el técnico mexicano le da la alternativa en El Madrigal. Formando defensa junto a Seitaridis, Heitinga y Pernía (papelón para el chaval) cuaja un gris partido en un encuentro loco que terminó en empate a cuatro goles.


Domínguez comenzó a jugar muy poco a poco pese a que sus actuaciones, a diferencia de las de sus compañeros de la defensa, no eran desastrosas. Le tocó lidiar con toros muy complicados en sus primeros encuentros. La visita del Liverpool al Calderón fue su gran prueba, ya que fue su única participación europea y aprobó con muy buena nota. En Liga, solo tres partidos disputados.
Llegó el verano y, con la pérdida de protagonismo de Pablo y Perea, su entrada en el equipo se antojaba ilusionante pero desde la directiva se decició traer al entonces bético Juanito. El andaluz terminaba su contrato con el recién descendido Betis y llegaba al Calderón con una astronómica ficha. Era todo un bofetón para el joven canterano.
Se especuló incluso con su salida, pero prefirió quedarse en el Atlético de Madrid. Sabía que podía triunfar aquí y lo demostró. El fichaje de Juanito resultó un fracaso, Pablo y Perea no mejoraron su estado de forma en el centro de la defensa y la salida inesperada de Heitinga fuera del mercado de fichajes dejaba a Ujfalusi como única pieza fija en esa zona del campo. Domínguez lo tuvo claro. Su condición de central zurdo le convertía en un caramelo muy apetecible para Abel Resino, que pronto confió en su ilusión por querer ser un grande en este club.
El de Velada no se equivocó. Con su inevitable salida del club llegó Quique. El ex técnico del Benfica sabía que si quería ganarse a la afición tenía que aportar algo diferente. Los resultados no acompañaban y la temporada se antojaba muy complicada así que decidió sacarse su as de la manga: confianza ciega en De Gea y Domínguez. Los canteranos volvieron a estar a la altura, devolviéndole el favor.
Pero Quique no ha sido agradecido. Precisamente en El Madridgal, el estadio que le vio nacer como futbolista del Atlético de Madrid, tomó una decisión absurda. Justo a él, el máximo responsable de que una defensa cogida con hilos no se diluyera como un azucarillo, le tocó pagar los platos rotos de un absurdo pacto del vestuario. Fallo y al banquillo. Con la de veces que hemos visto salir de rositas a los Pernía, Pablo, Perea, Antonio López e incluso al propio Ujfalusi...
Pero no es tiempo de lamentos. Seguiremos confiando en su buena colocación, su contundencia en el juego aéreo y su más que digna salida de balón. Sus defectos quedan bien escondidos, ya que siempre busca la opción que menos le complique a él y al equipo. Dotes de liderazgo tampoco le faltan y no se corta a la hora de pegar un grito a algún compañero por muchas internacionalidades o éxitos en el curriulum que tenga. En definitiva, un central muy completo que ha encontrado su lugar, ha aprovechado su oportunidad y no quiere dejar escapar su tren por muchos castigos injustos que le impongan.
Y así hasta hoy… y hasta cuando él quiera. La serenidad de este chico sorprende a propios y extraños. A sus 20 años ha sabido echarse a la espalda a una defensa inclasificable y, a poco que sepan darle buena compañía, llegará a ser uno de los hombres que marque época en el club. Soñenos por que esa compañía venga del filial, por soñar que no quede.

Dinámica negativa

Volvió a pasar. El Atlético de Madrid se presenta ante toda una semifinal de la Europe League acumulando cinco derrotas en los últimos siete encuentros ligueros. Un panorama que no infunde nada de respeto a cualquier rival con el que nos toque enfrentarnos. Pero, por encima de los resultados, la imagen ofrecida es lo que realmente preocupa al aficionado rojiblanco.
El equipo llegó a Castellón con el miedo en el cuerpo. En un fin de semana marcado por el caos aéreo, el susto llegó en forma de rayo a la expedición colchonera. Una descarga eléctrica que, lejos de reactivar los impulsos cardiacos del enfermo de Quique Sánchez Flores, pareció cortocircuitar las ideas del equipo si es que quedaban algunas.
Formó el equipo sin Forlán, con la enésima aparición de Jurado en el once y con Salvio, fichaje estrella en Navidades, sin llegar a sudar la camiseta en el banquillo. A estas alturas, y con poco que jugarse en Liga, estaría bien empezar con probaturas que no supusieran exprimir a un once inicial al que las pilas se le acabaron hace algunos meses.
Para colmo, la defensa volvió a dar un espectáculo que, al menos en las últimas jornadas, no rozaba el esperpento. El sonrojo volvió a la zona de retaguardia y pagó los platos rotos el que menos razones tenía. Cuenta Antonio Ruiz en la SER que la decisión del cambio de Domínguez se debe a un ‘pacto del vestuario’ que castiga a los culpables en las acciones a balón parado preparadas durante la semana. La cara del canterano lo decía todo: “Para una vez que la cago yo…”.

Con el castigo impuesto al más débil, llegó el auténtico sonrojo. Ujfalusi despejó mal un balón dividido tras una gran parada de De Gea, golpeó el balón en la cara de Valera, que pasaba por allí, y asistió como espectador de lujo al segundo gol castellonense. Algunos aún recordaban que se trataba del enésimo último tren europeo por aquel entonces.
La cosa mejoró tras la reanudación. El Atlético subió enteros a la par que un confiado Villarreal se relajaba mirando a la cuarta plaza. Agüero se reencontró con el gol después de algunas acciones falladas y gracias a un soberbio pase medido de Reyes. El gol reactivó al enfermo pero, hoy por hoy, no hay reservas para más.
Esperemos que tras los tres últimos ridículos, por lo menos se hayan recargado fuerzas y el jueves veamos al mejor Atleti. Al de las grandes citas. Al que recibe a todo un grande de Europa pero que no nos dará nada de pena porque vendrá sin nuestro niño. Atlético de Madrid y Fernando Torres. Fernando Torres y Atlético de Madrid, un matrimonio eterno condenado a no enfrentarse.

Doble ración de ridículo

Así es imposible. En el Atlético de Madrid es completamente imposible gozar de un mes, de una quincena, de una semana de felicidad completa. Después de dos machadas que ya nadie esperaba en estos tiempos de Peinetas, ‘richardnuñismo’ y descomunales Ciudades Deportivas… en proyecto, con una final copera garantizada y las semis europeas sembrando ilusión a raudales en la desgastada afición, nos olvidábamos que quedaba más de un mes de Liga.
Las portadas, como venían haciendo semanas atrás y como, me temo, seguirán haciendo los próximos partidos, apelaban al ‘Último tren europeo’: MEN-TI-RA. El Atlético de Madrid ha tirado por tierra la principal competición a cambio de dos objetivos que ahora se consideran como milagrosos cuando hace unas décadas se consideraban exigibles. Me hubiera gustado ver a los Gárate, Adelardo, Luis y compañía decirle a los aficionados de la época: “No, mire usted, que vamos a jugar la final de Copa y las semifinales de la UEFA. Es todo un éxito, ¿no ve usted que es mejor guardarse en Liga? Total, con la décima plaza está bien…”. Les hubieran corrido a gorrazos.

Pero, como ni ahora juegan Gárate, Adelardo y Luis, ni la afición actual es como la que levantó el Vicente Calderón, la gente se prepara para bajar al bar a ver el partido contra el Espanyol. Los más motivados, van con calculadora en mano pensando que si ganamos nos quedamos a cuatro puntos del séptimo, que en una de malas en la Copa nos garantiza Intertoto y blablablá. Noventa minutos después, el motivado de turno ya solo usa la calculadora para sacar el precio total de los copazos que ha tenido que tomar para ahogar sus penas.
Goleada (la segunda consecutiva fuera del Calderón ante los todopoderosos Mallorca y Espanyol), autoexpulsión de Ujfalusi y recital de fallos ofensivos por obra y gracia del gran Kun Agüero. Un menú de postín para poner punto y final al fin de semana. No pasa nada, entre semana vuelve la competición. Pero, ¿qué pasa? No hay rival extranjero en el césped… ¡Ah, sí! Es que hay Liga el miércoles… y viene el Xerez, ese equipo tan majete que ha subido este año y que es algo flojete… y que tiene un entrenador con nombre de payaso… y que va, y a los diez minutos ya nos va ganando.
La sonrisa en ese momento es aún confiada. No pasa nada, es el típico equipo peleón que arranca con ganas y acaba goleado. Además, como dice el graciosete de turno, “no hay nada que temer, tenemos al gran Mariano en el once inicial”. Y llega el golazo de Forlán. La grada atiende estupefacta al tanto desde fuera del área porque es una suerte casi olvidada para el uruguayo. Y fallamos mil ocasiones y nos vamos al descanso.
Pero después, la cosa no mejora. La calidad no se impone sobre el césped y es el orgullo, las ganas de ganar y de sumar lo que le da al Xerez tres puntos vitales para su futuro en Primera. A los nuestros, que pocos días antes habían prometido darlo todo en el Calderón, no se les cae la cara de vergüenza por el espectáculo que acaban de ofrecer y se marchan a sus casas seguros de que ante el Liverpool la afición volverá a ser la de las grandes citas. Así no es, señores.
Después del chute de felicidad por eliminar al Valencia, otra decepción. Un nuevo sinsabor que ya ni siquiera afecta a los aficionados. Es una lástima pues a poco que el Atlético se hubiera esforzado en Liga, los puestos europeos estarían garantizados y la cuarta plaza, otrora objetivo menor, sería un buen acicate para completar una más que digna temporada. Pero eso de la ambición y el orgullo son conceptos del siglo pasado, de antes de esta oscura era que nos ha tocado vivir y que ojalá en un futuro consigamos superar.

¡Qué manera de sufrir!

Ya lo decía el himno de Sabina. Lo de ayer cumplió con el guión y terminó con delirio en el Manzanares. Los que me conocen y me vieron ayer dicen que jamás antes me habían visto así. Imagino que todos ustedes conocen bien lo que yo sentí durante esos interminables 90 minutos pero… ¡Estamos en semifinales! Hemos esperado 11 años y, por fin, volvemos a sonar bien alto en Europa, ¡quién nos lo iba a decir a principio de temporada!


El partido ante el Valencia, por mucho que se diga o se lea, me parece un gran partido por parte del Atlético. Quique ha conseguido una seriedad y solidez defensiva que no se recordaba desde tiempos de Ferrando. Ni siquiera se ha desquebrajado con la entrada de Juanito, ausente durante buena parte del año por sus deméritos anteriores. Al gran Valencia, ese llamado durante algunas semanas 'la alternativa' a Madrid y Barça, le dejamos sin tirar a puerta durante 80 minutos con un gran planteamiento cuyo gran acierto fue el gran despliegue de la pareja de mediocentros, descansada para la ocasión.
Hubo ocasiones para no haber sufrido tanto. Falló Forlán una vaselina clara y se encontró con César y el poste en otra. Su cara al retirarse al banquillo era la del delantero rabioso por no haber hincado el diente a su presa. Me gusta. Podía haberse conformado con la ovación del respetable pero se fue cabreado por no haber conseguido el gol. También tuvo una opción clarísima Ujfalusi, que está como un toro. El checo ha borrado de un plumazo toda la polémica del lateral derecho que arrastrábamos durante años gracias a su gran estado de forma.
La vuelta de Reyes se quedó en mala tarde para el utrerano. Algo falto de ritmo, pudo haber sido expulsado por dos faltas absurdas en la primera mitad. A diferencia del derby, su cambio en el descanso por Jurado no descompensó al equipo. El de Sanlúcar se limitó a hacer lo que sabe, controlar la pelota cuando había que aguantarla. Un partido, por tanto, controlado durante unos 75 minutos, justo cuando Villa nos cortó el aire con un cañonazo que a punto estuvo de romper el larguero.
Por supuesto que no me voy a olvidar de la polémica arbitral. Me duele por los aficionados valencianistas. Veía a Zigic con el torso desnudo y la camiseta hecha harapos y pensaba qué habría sentido un servidor si en lugar del serbio hubiera sido uno de los nuestros... Juanito cometió un error de principiante en un marcaje y nos pudo salir muy caro. Si a eso le añadimos la no-expulsión de Reyes, el cabreo es más que comprensible. Nos ayudaron en Turquía con la mano de Perea y nos ayudaron en cuartos. Habrá que empezar a replantearse cuál es el equipo favorito de la capital para los colegiados.
En cualquier caso, como comentaba alguien viendo el partido, habría que ver si el Valencia habría marcado el penalti ante el prodigioso David de Gea. Hace tiempo que se me acabaron los adjetivos para el portero rojiblanco. Cuartos de Liga Europa, un gran rival achuchando y una tranquilidad antinatural para un niño de 19 años. Desconozco dónde está su techo pero ojalá lo veamos aquí, en el Atlético.
Después de sufrir, de gritar y, sobre todo, de celebrar nos espera nuestro querido Liverpool, nuestro querido Fernando Torres. Maxi no podrá jugar por haberlo hecho en Champions con nosotros pero a buen seguro que también tendrá el corazón partío. Son dos partidos, una oportunidad histórica para recuperar en parte el prestigio que teníamos y que hemos ido perdiendo a costa de no saber gestionar un club centenario. La ida, en el Manzanares y sin el Kun. El argentino vio una innecesaria tarjeta amarilla que nos deja cojos en ataque. Sus compañeros tendrán que duplicar sus esfuerzos para conseguir un resultado que nos lleve a Anfield con opciones.
Soñar es gratis y que nos quiten lo 'bailao' pero es hora de ser ambiciosos. La otra parte del cuadro invita a soñar con una final asequible. Esperemos que Quique siga sabiendo dominar los tiempos del partido y los marcadores hasta ahora. Llegar a semifinales con solo una victoria en seis partidos es un logro digno de gran maestro de ajedrez.
Para terminar, solo una frase... ¡Sí, sí, sí, a Hamburgo y a Madrid!

Juradito, denominación de orígen

Sábado, 12 de septiembre de 2009. El Atlético de Madrid se estrena ante su afición en la segunda jornada liguera tras conseguir su clasificación para la Liga de Campeones ante el Panathinaikos y después de un inesperado revés en el partido inaugural del torneo de la regularidad. Una goleada en Málaga que avecinaba caras de pocos amigos para recibir al Racing de Santander.
Corre el minuto 42 de la primera parte cuando Simao envía, como de costumbre, un saque de esquina demasiado corto al área. La zaga cántabra despeja y Jurado empalma con la zurda a las redes de Toño. Primera alegría de la Liga para la afición del Atlético que duraría muy poco, ya que Óscar Serrano igualaría dos minutos después.



No se trata de un fallo temporal en el blog. El tanto del jugador rojiblanco no pasará a la historia del Atlético de Madrid, pero sí dejará un buen recuerdo en el paladar y en el estómago del protagonista. Criticado y adorado por la grada, José Manuel Jurado ha sido premiado por la Peña Atlética Corraleña de Corral de Almaguer. Los más contrarios al jugador se retorcerán al conocer el regalo que va a recibir el de Sanlúcar.
Pues bien, José Manuel Jurado será obsequiado el próximo viernes con su peso en vino (72 kilos), su edad en kilos de jamón (24), su estatura en quesos de la región (1,72 metros), su número de pie en litros de aceite y también recibirá tantos cochinillos envasados al vacío como goles anotados por el equipo en las seis primeras jornadas (6). Para terminar, se llevará tantos paquetes de cerveza como minutos faltasen para acabar el partido desde que marcó el gol (48).
Sin duda, nunca un gol tan amargo trajo una prima tan jugosa. ¿Necesitará un camión? No es necesario, ya que la Peña Corraleña de Corral de Almaguer proporciona el transporte del jugador al acto de entrega así como la vuelta a la capital con todos sus obsequios. Al acto, que se celebrará el próximo viernes, también acudirán Lola Romero, presidenta del femenino, y dos de sus jugadoras, así como miembros de las principales peñas de la zona.
La iniciativa no es nueva. El año pasado el honor recayó en el holandés Johnny Heitinga. En el caso del ahora jugador del Everton, sus condiciones físicas y el buen inicio liguero del Atlético le permitieron llevarse un premio mayor. Esta generosa peña no se olvida de los porteros y cada tres años entrega un premio similar al guardameta titular del equipo ya que “sin marcar goles, también ayudan a ganar”.


Esperemos que Jurado tenga el viernes otro motivo para celebrar la llegada de alimentos a su despensa con la clasificación del equipo para las semifinales de la Liga Europa. Si lo hace marcando un gol, mejor que mejor, aunque el que suscribe tenga que comerse sus palabras sobre el 9 del Atlético.

Nuestro último valiente

Su nombre ya me produce simpatía. Siempre me ha gustado tener algún tocayo en el equipo, pero las últimas coincidencias (Jorge Larena, Otero…) invitaban a acudir al registro civil a cambiar el nombre por el de Fernando, Sergio o David. Desde el pasado domingo, un nuevo Jorge forma parte de la centenaria historia del Atlético de Madrid.
Hoy es día para hablar de Jorge Molino Baena. Este madrileño nació el 4 de marzo de 1988 en el seno de una familia rojiblanca de las de toda la vida. Antes de que el pequeño Jorge cumpliera su primera década de vida, sus padres ya se afanaban en llevarle al Calderón. Corría la temporada 1995/96 y convertir a los renacuajos de la casa en aficionados del Atleti era más fácil gracias a los Molina, Caminero, Simeone y Kiko.

El Doblete sentó como un chute de adrenalina para Jorge. Sintió cómo la sangre rojiblanca corría con fuerza por sus venas y empezó a dar patadas a un balón. Su club de formación, el Adarve. Jugaba en ‘zona hostil’ para un rojiblanco, ya que el madrileño Barrio del Pilar distaba muy pocos metros de la entonces Ciudad Deportiva del Real Madrid. Pero Molino tenía un sueño y ese no era formar parte de Castillas, Galaxias ni demás proyectos del eterno rival.
Antes de cumplir la mayoría de edad, una llamada cambió su vida. Desde el Vicente Calderón se requería su fútbol para los juveniles del equipo. Molino lo tuvo claro y comenzó una nueva etapa en las categorías inferiores. Su capacidad para jugar como enganche o segundo punta y su capacidad goleadora no pasaron desapercibidas para los técnicos del Atlético, que después de juvenil le dieron la alternativa en el Atlético C, de Tercera División.
En 2007/08 Abraham García le sube al Madrileño, donde no es un fijo. Un año difícil, con pocas oportunidades parecen cortar su progresión. Hay que añadir, que en esa temporada y gracias a la gestión de Amorrortu, el filial colchonero inicia un proceso de rejuvenecimiento del equipo, que se consolidaría un año más tardey, sobre todo, esta temporada con Antonio Rivas al mando.
La importancia de Molino es fundamental para ver al Atlético B pelear por las posiciones que dan acceso a las eliminatorias de ascenso a Segunda División. Sus ocho goles le convierten en el máximo goleador del equipo y comparte vestuario con un elenco de prometedores jugadores como Koke, Cedric o Joel. Quique y su cuerpo técnico han sabido valorar su trabajo y este fin de semana entraba en su primera convocatoria con el primer equipo.
El partido fue sobre ruedas. El Deportivo no opuso resistencia y mediada la segunda parte, los tres goles de diferencia en el marcador invitaban a ofrecer descanso a los saturados titulares antes del duelo a vida o muerte ante el Valencia en Liga Europa. Entró Salvio, entró Ibrahima y, por fin, en el minuto 89, una atronadora ovación acompañaba sus primeros pasos en el Vicente Calderón: “La ovación del Calderón es lo más grande que me ha pasado” reconoció Molino.
Sin quererlo, además, entró en la historia de la Liga. Su inusual número 59 le convierte en el jugador que luce el dorsal más alto en la competición española, superando a su compañero y amigo Ibrahima.
Siguiendo ese sueño, su padre. Como tantos otros padres en todo el mundo, madrugó los fines de semana, soportó calores sofocantes y gélidos fríos para acompañar y estar cerca de Jorge en esa difícil etapa de formación. Fue a él a quien llamó el primero que llamó Molino tras su debut con la rojiblanca al encender un movil saturado por mensajes de amigos y compañeros del club. Ahora, años después, este transportista presume de hijo allá donde va. Se lo ha ganado.

Noche de sorpresas positivas

Noticia de alcance en el Calderón. El Atlético jugó serio y ganó cómodo en Liga, en fin de semana. ¿Significa esto que guardaron la versión rácana, fea y aburrida para el jueves contra el Valencia? Esperemos que no, por la cuenta que nos trae. Tres puntos más para la buchaca y otro rival directo por los puestos europeos superado en goal average.
Tarde-noche agradable en el Calderón. El cambio de hora vuelve a permitir disfrutar de algunas horas de luz aunque el partido sea a las nueve. Esas horas de luz, a su vez, invitan al respetable a tomar alguna cañita previa de más y los más valientes se atreven con las terrazas. En definitiva, buena entrada pese a que más de uno se quedara atrapado en un atasco tras las vacaciones de Semana Santa.
Entramos al estadio y nos encontramos una doble sorpresa. En primer lugar, al que suscribe le llamaba mucho la atención conocer el color de la camiseta del Deportivo. En los últimos años nos han regalado todo un catálogo donde la gama cromática variaba desde el dorado al verde pistacho, pasando por el rosa chicle o el riguroso negro. En esta ocasión, y una semana después del derbi, los gallegos optaron por un rotundo blanco de esos que sienta mal al verlo a orillas del Manzanares. Pagaron la osadía.
La segunda sorpresa llegó al ver la alineación de Quique Sánchez Flores. Las bajas de Perea, Pablo y Valera hicieron que el técnico tirase de fichaje veraniego para solucionar la papeleta. Algunos ni nos acordábamos de que Juanito seguía en el equipo y el andaluz cumplió. Bien es cierto que el rival tampoco sometió a la defensa al rojiblanca al partido más incómodo de su carrera, pero el ex del Betis cumplió de sobra e incluso se permitió el lujo de abrir el marcador en una extraña carambola. Es su primer gol con la camiseta del Atlético de Madrid.

Otra novedad en el planteamiento inicial llegó en el doble pivote. Pareja inédita con Tiago y Camacho. El luso no podrá estar en el providencial encuentro del jueves y Quique decidió dar descanso a los que están llamados a ser héroes de ese partido: Raúl García y Paulo Assunçao. Este último acumula una ingente cantidad de partidos este año y, visto lo visto con Camacho frente al Depor, Assunçao podría tener una carga bastante menor esta temporada de haber apostado más por el canterano.
La relación entre Tiago y Camacho durante la primera parte fue de desconfianza. El canterano no quería complicaciones en su primera aparición en el once y el portugués no sabía si podía fiarse de su nuevo socio tanto como de Paulo Assunçao. En la segunda mitad, con el marcador a favor y un rival con pocas ganas de complicar a De Gea (vaya paradón), los dos se desmelenaron. Camacho arriesgó más en la salida de balón con éxito y Tiago se lanzó al ataque con buen criterio y galones de centrocampista llegador y un tercer gol como premio a su actuación.
A destacar también la soberbia actuación de Ujfalusi en el lateral derecho. Sin un jugador puro de banda y con la irregularidad de Perea y Valera en esa zona, el checo se tiene que convertir en un fijo de la banda incluso para la siguiente temporada. Cada vez se atreve más en ataque y solventa la situación con más garantías en defensa. El mejor del encuentro para muchos frente al Deportivo.

De los de arriba, poco más que añadir. Parece que no andan finos, pero a la mínima te meten en problemas. Agüero sigue algo enfadado con el gol y falló un mano a mano frente a Aranzubia que Diego Forlán remachó después a la red. El uruguayo acumuló su quinto partido consecutivo marcando y, como de costumbre, sigue fiel a su idilio con el gol en el último tramo de la temporada. La ovación final cuando fue sustituido supuso, esperemos todos, su reconciliación con la grada en el enésimo episodio de amor-odio entre afición y jugador.
Buen resultado para seguir manteniendo la tensión en Liga. El calendario es bueno de cara a final de temporada. Tres cruces ante rivales de la zona europea y partidos en el Calderón ante equipos con serios problemas en la parte baja pero que deberían solverntarse si queremos viajar el próximo año por Europa.
El otro camino para jugar competición continental lo tenemos, ya lo saben, en la final copera y a través de la Liga Europa, donde el jueves se vivirá una preciosa batalla que puede acabar con los nuestros en unas semifinales europeas después de muchos años de sufrimiento. Nos lo merecemos.

Sigue el dulce sueño europeo

Tras el mal cuerpo que se le quedó a uno tras el derbi, casi que no apetecía hacerse muchas ilusiones con los cuartos de final de la Europa League. Pero, a diferencia de la Liga, este año las cosas son más bonitas entre semana. En tres meses hemos superado seis competiciones a doble partido: tres en Copa y otras tres en la antigua UEFA. Desconozco dónde se encuentra el récord del Atlético en este sentido, pero estoy seguro de que es un registro que ni se recordaba en el Calderón.
Tocó viaje a Mestalla. Parece que los duelos fraticidas aparentan quitar imagen de ‘europeo’ pero en esta ocasión no fue así. Las cámaras de Tele 5 nos deleitaron con la entrega de los 3.000 valientes que enfilaron el camino rumbo al levante aprovechando la semana santa. Un aplauso para todos ellos, aunque el mejor homenaje se lo dieron los jugadores que, a diferencia del domingo anterior, se pusieron el disfraz de futbolista y no el de niñata asustadiza.
Sufrimos de primeras las acometidas de un Valencia que se veía superior. Se equivocaron los de Emery si emplearon como método comparativo la tabla clasificatoria de Primera División. El Atlético de Madrid es este año un Dr. Jekyll y Mr. Hide que se transforma de equipo mediocre a equipo serio y ordenado en cuestión de días. Y en Valencia, Quique ordenó disciplina militar y así fue.Fue el empuje de una delantera, como mínimo, tan buena como la nuestra, la que puso en aprietos a David de Gea. A nuestro portero parece que ya no le van a sacar de esa portería ni con agua hirviendo. Incluso las malas lenguas hablan de una oferta rechazada al Manchester United por valor de 30 millones de euros. Suyo y de Álvaro Domínguez es el futuro de la retaguardia colchonera durante el próximo lustro… como mínimo.
Se llegó a la segunda parte y el Valencia veía que no lograba su objetivo. El equipo rojiblanco no se desquebrajaba atrás como ellos pensaban. Decidieron lanzarse al ataque con más corazón que cabeza y cometieron un error. Habían olvidado que su defensa estaba cogida con pinzas. Y a la mínima que tuvieron ocasión de pinchar el Kun y Forlán llegó el gol. El argentino asistió y el uruguayo empujó a placer. ¿Hubiera sido distinto si la ocasión se hubiese dado al revés? Nunca lo sabremos y mejor no pensarlo. El egoísmo del uruguayo en los últimos partidos podría haber dado al traste con un contragolpe infallable.
Nuestra mala suerte, esa que nos intentan imponer los que ya no recuerdan la grandeza de nuestro club, apareció para estropear la fiesta. Manuel Fernandes, ese jugador prácticamente defenestrado a principio de temporada y que llevaba cuatro años sin marcar en Europa, se sacó un zapatazo imparable para De Gea. Una de dos, tocaba volver a empezar o, como pasó en el derbi, echarse atrás a esperar el chaparrón. Por suerte, elegimos lo primero.
Domínguez se lanzó a por todas en un saque de esquina y Antonio López, con el oportunismo de los mejores killers del área, cabeceó sutilmente por encima de ese portero gustoso de llamar la atención en el Manzanares. El resultado era mejor aún del que se había soñado. Pero faltaba el gol de David Villa. El asturiano es bueno, muy bueno, y si tiene un equipo de socios como el que posee el equipo valencianista, la garantía de éxito es mayor.
Resultado muy positivo pero agridulce. Queda la sensación de que no sabemos aguantar los resultados. Nos pasó en Estambul, nos pasó en Lisboa y nos pasó en Valencia. Ojalá que nos vuelva a pasar en Liverpool o en la propia capital portuguesa, sería una muy buena señal.
Además de la falta de concentración con el resultado a favor, me quedan algunas conclusiones. Primero, Tiago y Reyes son muy importantes pero no impescindibles. Raúl García en mayor medida y el de Sanlúcar suplieron la papeleta con casta el primero y con el mínimo exigible el segundo. Segundo, Forlán no será el del año pasado, pero va a terminar la temporada con un gran número de goles en su expediente y tercero, todos nos llevamos un marcador que, antes del partido, habríamos firmado ante un rival muy correoso. La vuelta tiene que ser una olla a presión en el Calderón.