La alegría de la década

Esto de jugar una final es tan raro que no sabe uno por donde empezar. Diez años, que se dice pronto, es lo que ha tardado el Atlético de Madrid en alcanzar la final de una competición que, históricamente, siempre se nos ha dado de vicio.
Diez años en los que han pasado muchas cosas dentro de un club que no es, ni por asomo, lo que muchos años fue. Desde que Zambrano dirigiese aquel cruce ante el Espanyol, con el error garrafal de Toni Jiménez, hasta que Quique Sánchez Flores se siente en el banquillo frente al Sevilla, doce entrenadores se han sentado en nuestro banquillo. El número se multiplica exponencialmente si hablamos de los jugadores que se han enfundado la rojiblanca.
Hemos tenido nuestros acercamientos al mundo animal con el Mono Burgos, el Pato Sosa y el Pollo Olivera. Incluso una Fiera que hizo las maletas recientemente. También despropósitos profesionales como Seitaridis o Maniche, delanteros de todo tipo como Rodrigo, Nikolaidis, Salva o Mateja Kezman, porteros de toda condición; desde Sergio Aragoneses hasta Christian Abbiati, pasando por Esteban, Leo Franco o el Pichu Cuellar.
También hemos visto nacer y crecer futbolísticamente a un niño que, cosas de la vida, nos tuvo que dejar para buscar suerte lejos de casa. Un niño que, estoy seguro, ofrecería todos los peniques ingresados en Anfield a cambio de estar presente en el asalto a la décima Copa del Rey.
Para qué negarlo, ha sido una década muy dura. Año a año se nos ha castigado con equipos sin pies ni cabeza donde el corazón rojiblanco de Torres primero, y la pegada del Kun después nos han dado alguna pequeña alegría. Diez años en los que no hemos sido capaces de ganar al otro equipo grande de la ciudad, como diría el maestro Carlos Fuentes. Hemos jugado en Primera, en Segunda, la Intertoto, la UEFA y la Liga de Campeones, pero nunca, nunca, nos hemos acercado al título tanto como ahora.


Echar la vista atrás y pensar en otras finales me da una buena corazonada. La primera que viví fue la del Athletic en el Bernabéu, aunque era un criajo de cuna y mi único recuerdo es el rojo ochenteno que llevaban los nuestros gracias a los vídeos.
Las finales de Mallorca y Real Madrid me pillaron fuera de Madrid. Finales del mes de junio eran unas fechas muy golosas para un estudiante de los primeros cursos de la E.G.B. que moría por pasar el verano en el pueblo.
De ahí a la locura del Doblete. El cabezazo de Pantic fue el primero que sentí como aficionado al fútbol de verdad. En un bar, y rodeado de buenos amigos atléticos, comenzó la tarde que acabó con mi primera visita copera a Neptuno. Por último, las dos derrotas, de las que poco tenemos que hablar. Cuanto mejores sean los recuerdos, con más claridad permanecen en nuestro corazón.
Volvemos a una final, ¡Por fin! Me da algo de lástima leer en algunos foros a gente más preocupada por seguir despotricando contra la gente del palco. Yo soy más crítico que ninguno pero vamos a disfrutar por una vez. Todos estos años de sequía nos han convertido en viejos cascarrabias incapaces de saber disfrutar de las pequeñas píldoras de felicidad que nos da este equipo.
El segundo grupo que me saca de mis casillas es el de los violentos. Gente más preocupada por las peleas contra los sevillistas que por el partido. En este caso, creo que el colectivo existe en las dos aficiones. Con lo bonito que puede ser tomarse unas cañas con algún aficionado hispalense, por muy mal que nos caiga ese equipo…
Aunque parezca cerca, faltan aún tres meses para ese momento. Vamos a centrarnos en levantar el vuelo en Liga y, ¿porqué no? Soñar con la competición europea donde tengo la corazonada de que Sergio Asenjo se puede salir.
PD: ¿Madrid o Valencia? La verdad es que el cuerpo me pide un viajecito a la costa…

2 comentarios:

atletista sin solución dijo...

Lo que comentas es cierto, la zozobra que ha gobernado el Atletico durante estos a;os se sustancia en la numerosa cantidad de jugadores medianos, en algunos casos, y malos en otros muchos y en los entrenadores de estilos tan diferentes que se han sentado en el banquillo.

Pero, hay estamos y ser'a mi primera final en vivo y en directo, espero. Asi que la disfrutare al maximo.

Prefiero el Bernabeu, tradicionalmente se nos ha dado muy bien en las finales de La Copa.

Saludos.

J. Ordás dijo...

Como campo fetiche, está claro que el Bernabeu viene mejor. Por el contrario, mucha gente se animaría a ir y estaría más complicado el tema de las entradas...