Solo queda la Copa

Pues sí señores. Después de clasificarnos para la final de Copa del Rey, nos fuimos a celebrarlo con un partidazo contra el Barcelona. Para el Atlético de Madrid era ese típico día en el que sales a celebrar algo con amigos y te acabas liando con la tía más guapa del garito, en este caso ataviada en azul y grana. Lo malo es que, en nuestro caso, el tío que no nos cae bien del grupo se parte el culo cuando nos liamos con la guapa porque lo nuestro es eso, un lío de una noche y ellos muchas veces, gracias a nosotros, acaban con episodio de cama en forma de título de Liga.
Terminó la fiesta y, después de liarnos con la guapa, nos fuimos totalmente trompa a la cama. Y sin saber cómo, nos levantamos con un resacón de caballo justo el día en el que tienes comida familiar… Era el día importante en Europa una vez olvidada la Liga de Campeones. Habíamos puesto la casa preciosa para que vinieran los invitados (uno de ellos muy querido y con melenas a lo caballero medieval) y se nos quemó la comida.

Se nos quemó porque el joven rubito que últimamente nos hacía unos guisos deliciosos tuvo que salir a por sal, y le dijo al pinche de turno que le cuidara la comida, que la había metido Reyes en el horno con la zurda. Pero el pinche, otrora cocinero mayor, se puso nervioso ante tanto familiar llegando a casa y el resto ya se sabe. Resultó extraño ver al portero que tenía que haber sido nuestro portero en la otra portería... Un empatito que complica mucho las cosas de cara a la vuelta al infierno turco. Esperemos que se vistan con la equipación de la Copa, que parece ser la única que les sienta bien…

Después de la resaca, volvía a tocar jugar en domingo. Hace semanas que se confirmó que estos chicos los domingos se empeñan en chafarnos el Día del Señor. El equipo no estuvo mal en Almería. Diré lo primero de todo que me encanta el uniforme negro, por mucho que los clásicos blasfemen contra mi insulto a otros trajes de visitante más históricos.

La defensa estuvo bien, protegiendo a un Asenjo que, lejos de la presión del Calderón, cuajó un encuentro notable. Salvó con buena nota una papeleta que podía haberle terminado de clavar la cruz como jugador rojiblanco. Salvó con nota la defensa, una vez más y ya van demasiadas seguidas, para alivio nuestro. La pareja en la medular siguió con su juego regular y cada vez más conjuntado y Simao estuvo gris aunque activo. Forlán falló más por mérito de defensas y portero que por fallos suyos. Si el partido del pasado domingo se juega el año pasado, la flor que tenía el uruguayo le habría permitido irse a casa con el balón como regalo. Jurado volvió a ser titular y volvió a jugar en la posición que tanto él como el experto bocazas colchonero de la fila de abajo del Vicente Calderón demandaban. Jurado mediapunta y Jurado hizo un pésimo partido, otro más…

Por último, brilló Reyes y lo bueno es que no es sorpresa. Por primera vez desde que llegó al equipo, no miraba sus buenas jugadas con desconfianza, sino que pedía voz en grito que le pasaran todos los balones. Dicen que al buen jugador le muelen a palos y el utrerano se llevó una buena colección de patadas en Almería, así que eso no es del todo mala señal.


El que me defraudó, y mucho, fue Quique. Después de quitarme el sombrero ante él por su planteamiento ante el Barcelona, sus decisiones en el choque del domingo me hicieron cambiar de opinión. La suplencia del Kun podía ser discutible, incluso se le podía dar la razón al tener cuatro amarillas y jugar la semana que viene ante el Valencia. Sin embargo, los tres puntos que perdimos en Almería no dejan de ser los mismos tres puntos que se pondrán en juego el próximo fin de semana en el Calderón.

Agüero tenía que haber entrado en el campo mucho antes, con el añadido del desacertado encuentro (por decirlo de forma light) de Jurado.

No solo tenía que haber entrado antes el argentino. El equipo lleva un par de meses de aúpa y las fuerzas escasean. Se nota en algunos jugadores y tan solo se hizo el cambio del Kun (el de Ibrahima ni lo cuento, porque no llegó al minuto). Fue un día interesante para ver un poquito más a Salvio y que vaya cogiendo ritmo de competición, para probar a Raúl García otro rato junto a Assunçao y Tiago, pero es lo que tiene jugar con la mente puesta en el partido de la próxima semana…

Por ayudarle le diré, Sr Sánchez Flores, que no piense mucho en el partido del Valencia (el cual verá desde la grada por una expulsión innecesaria), ya que tiene que jugarse el futuro europeo del tercer equipo del país el próximo jueves. De nada, hombre, de nada.

Que no pare la fiesta

Dos alegrías seguidas en menos de cuatro días. Para otros equipos esto es algo habitual pero para nosotros es algo así como hacer gárgaras boca abajo. Un hito sin precedentes en la historia reciente del equipo. Resulta digno de estudio por parte de Iker Jiménez y su equipo lo bien que se nos da el Barcelona. En la época mágica de Deco, Ronaldinho y Rijkaard, eran Torres, Maxi y compañía los que se merendaban por partida doble sin pestañear y ahora, al Hexa-Barça, Forlán, Agüero y compañía le tocan la cara, aunque solo sea en los partidos del Calderón (allí en la Ciudad Condal, la paliza en contra también es digna de análisis).
He de reconocer, por presuntuoso que parezca, que tenía más miedo a Caracotta y compañía y su remontada imposible que a la visita del Barcelona. Las múltiples bajas atrás de Pep Guardiola convertían el choque en un duelo equilibrado, donde la cifra de goles podía acabar siendo escandalosa tras los 90 minutos. La única manera de plantar cara al Barça, al igual que sucediese en los últimos años, era contagiarlos de nuestra anarquía. Partidos rotos de ida y vuelta que gana el que sepa golpear mejor al rival.



Pero Quique Sánchez Flores cerró la boca a todos sus críticos y, pese a estar flojo con los cambios, presentó un planteamiento táctico perfecto con el que derrotar al campeón de todo. Sin anarquía, desgastando al rival minuto a minuto y sabiendo cuándo golpear al rival. La confianza da sus frutos y la defensa atlética, tan criticada como inamovible para el técnico, cuajó su mejor encuentro. A decir verdad, fue el mejor partido defensivamente desde tiempos inmemoriales. La línea de atrás ha sabido forjarse con sangre roja y blanca. David De Gea y Álvaro Domínguez han resucitado un espíritu basado en el amor a los colores y han dado en las narices a los iluminados que se dejaron el presupuesto en verano en Asenjo y Juanito. Los fichajes no tienen ninguna culpa de serlo, sino aquellos que (mal)planificaron la temporada.
Perea se sometió a una cura de rejuvenecimiento y volvió a ser el mejor Perea con la rojiblanca. Aquel que, junto a Pablo, Torres y poco más, y a las órdenes de Gregorio Manzano a punto estuvo de meternos en UEFA. Debe ser que esto de jugar al fútbol es como montar en bici, porque a Perea no se le podía haber olvidado. Sensacional al corte, donde su velocidad le hace único y sin complicarse. Para perder una bola, mejor que sea por un pelotazo a campo contrario, que porque el Higuaín de turno te robe la cartera.



En el centro del campo se ganó el partido. Assunçao estuvo soberbio, lo cual no es noticia. Lo que de verdad asusta es el crecimiento de Tiago. Sus intangibles, su control sobre el mediocampo y su capacidad de liderazgo dentro del equipo le convierten sí o sí, en el primer objetivo en el mercado de fichajes del próximo verano. A Banega no le dimos la oportunidad haciendo menos y ahora se está saliendo, por lo que tropezar dos veces en la misma piedra sería imperdonable.
Sin duda, el acierto de Quique fue el del retoque táctico a los extremos. Sacrificó su condición de puñales ofensivos para recular y ofrecer apoyo a los mediocentros. Ante un equipo que juega tan arriba, es mejor aguardar atrás y buscarles la espalda con velocidad y toques rápidos. Así llegó el primer gol, genialidad de un genio como José Antonio Reyes. El utrerano sigue creciendo conforme se acerca el Mundial y esa noticia estan buena para el Atlético como la cerrada ovación que brindó la grada para el propio jugador.
Forlán volvió a marcar. Gol y poco más nos regaló el uruguayo que, por lo menos, parece que recupera su instinto. Forlán siempre ha sido un hombre de segundas vueltas y ojo porque tampoco va tan lejos de los máximos goleadores... En cuanto al Kun, cada día está mejor sobre el campo y peor de cara a puerta. Contra el Barcelona pasó cuando tenía que chutar y chutó cuando tenía que tirar para acumular más de un mes sin ver puerta. No preocupa su falta de gol porque tal como se ha ido, volverá. Sin embargo, lo que sí es muy positivo es la predisposición del jugador. Se irá en verano, pero parece querer regalarnos una gran actuación en cada encuentro que le reste con la camiseta del Atlético y eso, en los tiempos que corren, es muy de agradecer.

La alegría de la década

Esto de jugar una final es tan raro que no sabe uno por donde empezar. Diez años, que se dice pronto, es lo que ha tardado el Atlético de Madrid en alcanzar la final de una competición que, históricamente, siempre se nos ha dado de vicio.
Diez años en los que han pasado muchas cosas dentro de un club que no es, ni por asomo, lo que muchos años fue. Desde que Zambrano dirigiese aquel cruce ante el Espanyol, con el error garrafal de Toni Jiménez, hasta que Quique Sánchez Flores se siente en el banquillo frente al Sevilla, doce entrenadores se han sentado en nuestro banquillo. El número se multiplica exponencialmente si hablamos de los jugadores que se han enfundado la rojiblanca.
Hemos tenido nuestros acercamientos al mundo animal con el Mono Burgos, el Pato Sosa y el Pollo Olivera. Incluso una Fiera que hizo las maletas recientemente. También despropósitos profesionales como Seitaridis o Maniche, delanteros de todo tipo como Rodrigo, Nikolaidis, Salva o Mateja Kezman, porteros de toda condición; desde Sergio Aragoneses hasta Christian Abbiati, pasando por Esteban, Leo Franco o el Pichu Cuellar.
También hemos visto nacer y crecer futbolísticamente a un niño que, cosas de la vida, nos tuvo que dejar para buscar suerte lejos de casa. Un niño que, estoy seguro, ofrecería todos los peniques ingresados en Anfield a cambio de estar presente en el asalto a la décima Copa del Rey.
Para qué negarlo, ha sido una década muy dura. Año a año se nos ha castigado con equipos sin pies ni cabeza donde el corazón rojiblanco de Torres primero, y la pegada del Kun después nos han dado alguna pequeña alegría. Diez años en los que no hemos sido capaces de ganar al otro equipo grande de la ciudad, como diría el maestro Carlos Fuentes. Hemos jugado en Primera, en Segunda, la Intertoto, la UEFA y la Liga de Campeones, pero nunca, nunca, nos hemos acercado al título tanto como ahora.


Echar la vista atrás y pensar en otras finales me da una buena corazonada. La primera que viví fue la del Athletic en el Bernabéu, aunque era un criajo de cuna y mi único recuerdo es el rojo ochenteno que llevaban los nuestros gracias a los vídeos.
Las finales de Mallorca y Real Madrid me pillaron fuera de Madrid. Finales del mes de junio eran unas fechas muy golosas para un estudiante de los primeros cursos de la E.G.B. que moría por pasar el verano en el pueblo.
De ahí a la locura del Doblete. El cabezazo de Pantic fue el primero que sentí como aficionado al fútbol de verdad. En un bar, y rodeado de buenos amigos atléticos, comenzó la tarde que acabó con mi primera visita copera a Neptuno. Por último, las dos derrotas, de las que poco tenemos que hablar. Cuanto mejores sean los recuerdos, con más claridad permanecen en nuestro corazón.
Volvemos a una final, ¡Por fin! Me da algo de lástima leer en algunos foros a gente más preocupada por seguir despotricando contra la gente del palco. Yo soy más crítico que ninguno pero vamos a disfrutar por una vez. Todos estos años de sequía nos han convertido en viejos cascarrabias incapaces de saber disfrutar de las pequeñas píldoras de felicidad que nos da este equipo.
El segundo grupo que me saca de mis casillas es el de los violentos. Gente más preocupada por las peleas contra los sevillistas que por el partido. En este caso, creo que el colectivo existe en las dos aficiones. Con lo bonito que puede ser tomarse unas cañas con algún aficionado hispalense, por muy mal que nos caiga ese equipo…
Aunque parezca cerca, faltan aún tres meses para ese momento. Vamos a centrarnos en levantar el vuelo en Liga y, ¿porqué no? Soñar con la competición europea donde tengo la corazonada de que Sergio Asenjo se puede salir.
PD: ¿Madrid o Valencia? La verdad es que el cuerpo me pide un viajecito a la costa…

El Sardinero 1.0

Una de cal, otra de arena... Así se nos está pasando uno de los años más raros de nuestra historia reciente (y mira que ha habido años raros...). Después de golear al Racing en Copa, y como no podía ser de otra manera, patinazo liguero precisamente ante el conjunto cántabro. Cuesta entender el motivo de este drástico cambio en días aunque al oir las declaraciones de algunos futbolistas dando por bueno el empate tras el partido, puede uno hacerse a la idea del sentir de ese vestuario.
En Santander nos esperaban con la garrota en la mano. El mal arbitraje del partido copero había escocido mucho y los platos rotos los iban a pagar nuestros jugadores. Pitada monumental para un equipo cuyo único pecado fue el de ser favorecido en una jugada en un partido en el que acabó goleando y con renta corta en relación a lo visto sobre el césped. Castigo excesivo.
Quique nos sorprendió con una variante táctica que a mí, personalmente, me agradó mucho. Después de cuatro años y otros tantos entrenadores, alguien se atrevió, por fin, a cambiar el 4-2-4. Es cierto que durante mucho tiempo ese sistema nos ha traído alegrías, pero su permanencia en el tiempo lo estaba volviendo peligroso. Los rivales conocían los puntos de fractura de una formación excesivamente frágil y los daños eran cada semana más grandes. El entrenador se atrevió con el 4-3-3 y Assunçao se mostró más arropado. A su vez, Raúl García y Tiago se sintieron más cómodos en la creación y Simao y Jurado tuvieron menos responsabilidades.
Solo una apreciación. Me hubiera gustado ver ese sistema sin Jurado, y que los tres puestos se los disputasen entre Simao, Reyes, Agüero y Forlán. La presencia del gaditano no aporta nada al grupo. Su entrada por banda (o por el centro, o desde donde se le antoje al señorito) es totalmente desesperante para el espectador. Nunca deja nada positivo salvo las dos bicicletas de rigor totalmente prescindibles. Pero ahí sigue el tío, habiendo jugado todos, repito TODOS, los partidos de Liga.
En cuanto al partido, todo muy previsible. Forlán marcó y Perea falló y nos costó un gol. En defensa del colombiano hay que alabar su milagrosa aparición en lo que pudo ser el 2-1 de Tchité. San Amaranto sacó una bola imposible en otra jugada polémica y que seguramente tenga sus consecuencias de cara a la vuelta de las semifinales de Copa del Rey. De Gea derribaba al delantero del Racing y el colegiado daba ley de la ventaja. Tras la aparición de Perea, ni falta ni tarjeta para el portero. Veremos si tantos 'favores' no nos pasan factura.
Semana complicada con la mente puesta en evitar una hecatombe histórica en El Sardinero 2.0 y en la visita del Barcelona. Que Dios nos pille confesados ante los chicos de Guardiola. Hoy bromeaban en Cuatro con el hecho de que los azulgranas pierden a prácticamente toda su defensa mientras que el Atlético lleva sin defensa toda la temporada: partido igualado. Para arreglar el problema, se me ocurre prestarle al Barça a algunos de nuestros zagueros sin presencia como Pernía, Cabrera, Juanito o Valera y a ver si en un alarde de suerte nos ofrecen a cambio a un Iniesta o un Xavi.
Ojala que para ese día muchos estemos ya reservando viaje para la final de Copa.

Explicando lo inexplicable

Hasta que uno no se pone a escribir un blog del Atleti no se da cuenta de lo tremendamente irregular que es nuestro equipo. A la hora de escribir estas líneas me pongo a recordar lo contado hace semanas, incluso días, y me doy cuenta de que hasta me contradigo en muchos aspectos. No creo que tenga mucha razón lógica el cambio de mentalidad y de actitud del equipo de jugar en Liga a hacerlo en Copa.
Frente al Málaga, el equipo empezó a ver qué pasaba. Ante el Racing, no. Salió a morder desde el primer minuto y esa es la mejor manera de no verse sorprendido con un gol tempranero en contra como sucediese ante los malagueños. Los cántabros tampoco dejaron buena impresión. El idolatrado Canales volvió al ámbito terrenal después de unas semanas en los cielos florentinianos. Mucho ojo con este chaval. Es una máquina de jugar al fútbol, pero como no sepan llevarlo puede acabar en el olvido más pronto que tarde.
Antes de que el tiempo empezase a poner nervioso al Atlético, Simao empalmó un balón imparable para el portero. El portugués es la mejor escenificación de la bipolaridad del equipo: en Copa se sale, en Liga para olvidar. Solo habían pasado unos minutos y, al igual que sucediese ante el Recre, este equipo prometía.
Otro de los que volvió a su versión copera fue Luis Amaranto Perea. Leyendo una entrevista suya esta semana, este tío tiene que caer bien por narices: “Me pueden pitar, pero siempre me voy a casa con la conciencia tranquila por haberlo dado todo”. Amén. El gran problema del colombiano es, como le pasase a Mariano Pernía el año pasado, que le toca comerse muchos marrones que no son su competencia. ¿Por qué tanto el año pasado curso como este las jugadas comienzan en las botas de Pernía (entonces) o Perea (ahora)? El resultado salta a la vista, pero los compañeros prefieren pasarla a quien nunca renuncia a la responsabilidad y esconderse después.
Tuvo que ser cerca del final de la primera mitad cuando, por fin… ¡Aleluya! José Antonio Reyes marcaba su primer tanto con la zamarra rojiblanca en el Vicente Calderón. Un tanto, sin duda, tan deseado por el utrerano como por buena parte de la afición. Si algo hay que agradecerle a Quique es la resurrección del andaluz, al que aún le queda mucho para ser el que fue, pero al que, también, la golosina del Mundial puede hacerle mejorar más aún por difícil que parezca el objetivo. Pero como la alegría dura poco en la casa del pobre, lesión que te crió. Esperemos que no sea mucho. Primero, por el jugador y segundo porque, con la venta de Maxi, una lesión larga en ese puesto puede causar muchos problemas en un mes tan complicado como este.
En la reanudación, el surrealismo. Mateu Lahoz nos regaló lo que, por juego, no habíamos necesitado. El colegiado consiguió que todas las radios, todos los periódicos y todas las televisiones del país se refieran al partido como el no-penalty pitado a Jurado. Gracias, pero no era necesario. No lo necesitábamos y no es justo que se olvide el buen partido del equipo. Entiendo el enfado del Racing. Aplaudo la actitud de Portugal reconociendo que con 4-0 en contra y solo un tiro a puerta realizado, poco se puede hablar de polémica, pero no soporto a los listillos que llevan todo el día criticándome que nos pitasen ese penalti a favor: “Ya podréis, robando al pobre Racing…”. No, si para una vez que maté un perro, me llamaron mataperros.
Después, otro penalti. Este sin discusión y otro gol para Forlán. El uruguayo volvió a dejar claro con su celebración que no existe ningún problema entre el míster y él. De paso se llevó una cálida ovación cuando Quique le retiró para que la grada reconociese su labor. Se volvió a escuchar en el Calderón el U-RU-GUA-SHO que tanto llevaba sin sonar. Menos mal que la letra era fácil, si no, a más de uno se le habría olvidado.
Sería sacrilegio olvidar al hombre del partido. Esta vez no tuvo el merecido premio del gol, incluso falló un cabezazo del que no se le suelen escapar. Agüero, genial Kun, volvió completamente loca a la defensa racinguista con un recital de gambetas de las que no se enseñan en los entrenamientos sino en la calle, donde él se crió. Cuando pasen los años, las décadas, seremos conscientes del auténtico jugadorazo que pudimos disfrutar y, por desgracia, no supimos mantener.
En tres días, otro asalto contra el mismo rival. Puede que la victoria nos favorezca o nos perjudique para el choque liguero. En mi opinión, la respuesta dependerá de si el Racing tira la eliminatoria y se la juega en Liga o prefiere guardarse algún as en la manga para el choque copero. Por nuestra parte, habría que seguir con la personalidad con la que se ha jugado en Copa del Rey, una seriedad que hace encajar muy pocos goles (Colombino aparte…) y que tira de pegada para sacar los enfrentamientos. Al fin y al cabo, ha sido la tecla con la que se han conseguido las dos últimas clasificaciones para la Liga de Campeones, un sueño que ahora se antoja imposible. Para olvidarlo, iremos quitando telarañas a Neptuno no sea que nos toque celebrar.