Rancio final para la mala racha


Los resultados pueden ser vistos en el fútbol de muchas maneras. Hay victorias increíbles, goleadas insulsas, derrotas honrosas y ridículos espantosos. En el día en que nos visitaba el Deportivo conseguimos un plácido triunfo de esos que dejan regustillo amargo en la boca. Es como ese bolsón de pipas que te comes y ahí, escondida en el fondo, está la pipa rancia que te quita el buen sabor.
Fue un buen día para una defensa  que llevaba diez goles encajados en cuatro partidos y vio como De Gea tenía un día extra de vacaciones facilitado por el rácano planteamiento de Lotina. Uno, que le tiene muchísimo cariño al conjunto gallego, sufre al ver un once compuesto por Urretas, Saúles, Seoanes o Aythamis allí donde en otros tiempos jugaban Mauros Silvas, Diegos Tristanes (pero el bueno, no el que acabó arrastrándose por Italia) o Djalminhas. Tan sólo un nexo en común: el mago Valerón, con tanta calidad como siempre y el incombustible Manuel Pablo.
El caso es que antes de que muchos hubiesen terminado de colocarse capas encima para soportar el frío de la Ribera del Manzanares, el Kun hacía de las suyas para sacar un penalti a Aranzubia. El meta riojano protestó pero la pena era tan clara como discutible la tarjeta roja que el colegiado finalmente no le sacó. El buen portero deportivista agradeció el detalle arbitral para detener el penalti a un Forlán que sigue peleado con el gol como demostraría más tarde con un maravilloso lanzamiento de falta otra vez despejado por Aranzubia.


No era la noche del uruguayo, así que el Kun tiró de galones. Nos engañó a todos, a su defensor incluido deteniéndose en plena contra al pensar que estaba en fuera de juego, tuvo tiempo para mirar que el banderín del linier seguía en su sitio y comenzó un sinuoso trazado con varios recortes y una gran definición para abrir el marcador. No había de qué preocuparse, el Kun sí enamora al gol. Volvió a repetirse la historia pasada la media hora. Una buena pared con Raúl García (de más a menos para desgracia de sus seguidores), dio con Agüero dentro del área y, como si de Matrix se tratara, el tiempo se ralentizó, las milésimas de segundos parecieron horas y para cuando quisimos darnos cuenta, la pelota había entrado sutilmente tras una gran definición. Partido resuelto.
Y aquí podría terminar mi post de hoy. Porque desde el segundo gol del Kun, todo terminó. Y en la noche en la que podía haberse dicho muchas cosas sobre el campo, casi nada se dijo. Quique volvió a provocar gestos de sorpresa quitando a Godín del equipo titular y ya nadie en la zaga es imprescindible salvo Perea, quién lo iba a decir. Por el centro, Tiago y Raúl García se miraron como dos desconocidos que nunca habían compartido medular y el caso es que durante la primera mitad se compenetraron bien, pero todo se fue al traste en la reanudación. Por bandas, Simao evidenció que no tiene ni edad ni fondo físico para jugar 40 partidos al año sin un hombre en la plantilla capaz de quitarle si quiera un minuto ya que Mérida, nos pongamos como nos pongamos, no es hombre de banda. Más de lo mismo para Reyes, más joven y fresco pero con una tendencia horrible a desfondarse en todos los partidos por su afán de comenzar la jugada al sprint y a 70 metros de la portería rival. Así no se puede, amigo.
Por último, la delantera. La cara y la cruz. Mientras Forlán se desesperaba con las paradas de Aranzubia y pagaba su cabreo con el compañero que le daba el último pase o ausentándose de la presión, el Kun se divertía con sus diabluras. Le faltó el tercero pese a que lo intentó. Habrá que seguir esperando a ver su primer hattrick como rojiblanco. ¿Sabíais que el último hattrick liguero en el Calderón lo logró Salva en abril de 2005? Ya es hora de ver otro…

Situación crítica antes de Navidad


Por motivos ajenos a mi voluntad no pude escribir nada del último partido ante el Espanyol. Me hubiera gustado, de veras, valorar el trabajo de un equipo que fue superado por un rival que supo plantear mejor el partido y se llevó tres puntos realmente importantes. Me hubiera gustado criticar hasta quedarme sin yemas en los dedos la vergonzosa actitud de Quique Sánchez Flores, un hombre desquiciado por sus propios ataques de entrenador y que parece haber puesto la soga en su cuello.
La actitud del técnico al terminar el encuentro no debería permitirse en esta casa. Le han metido dos partidos de sanción pero, de no haberse metido el Comité de Competición, nadie en el Atlético de Madrid habría dicho ni mú a su pérdida de papeles. Intolerable. Entre estas cosas que me hubiera gustado escribir, también le hubiera caído una colleja al Kun. Tiene una racha goleadora pero su patada barriobajera tampoco tiene cabida bajo este escudo.


Podría haber escrito mucho pero como no lo hice. Tampoco tenía pensado hacerlo hoy pero las circunstancias me obligan a aporrear el teclado. Estamos casi eliminados de una competición donde acudimos como campeones. A las primeras de cambio y en un grupo más que asequible. Es la cruda realidad. Sólo una carambola imposible nos metería en 1/16 de final, un reto que, a priori, debería haber sido una obligación. ¿Habrá represalias? No, ninguna.
Muchos miran (miramos) a Quique Sánchez Flores. El año pasado hizo lo increíble dándole sentido a un equipo roto y ahora, después de juntar las piezas, las tira contra el suelo desmontando el puzzle. En lugar de consolidar una defensa que, después de una década, apuntaba a exitosa, ha jugado al perro y al gato con el fichaje más caro del verano, ha mandado al ostracismo a  Domínguez para después darle de nuevo una alternativa en la que ha demostrado haber bajado dos peldaños su nivel de calidad.
Realiza los cambios tarde y mal. Parte al equipo retirando a Simao para meter otro hombre en el área sin caer en la cuenta de que, sin un señor que lleve la pelota hasta el área, es difícil rematar. Castiga a la pieza más regular de los últimos dos años, Assunçao, sin ofrecer ni una sola explicación en beneficio de un Mario Suárez que volvió a olvidar comerse la seta de Super Mario. En definitiva, un desastre.
Por fallar, falla hasta De Gea. No sé si se le habrá subido a la cabeza o que esa misma cabeza está  pensando en el cuento de la lechera con la Premier, los títulos y los millones de libras, pero desde hace unas semanas está irreconocible. Puede que se haya contagiado de la demencia de esta defensa porque si no, es imposible intentar justificar el primer y el tercer gol de los griegos. Probablemente los dos goles más absurdos de la temporada.
Podemos quedarnos aquí, que ya llevamos un buen chorizo de post, pero sería injusto. Sería injusto no mirar más allá del banquillo y ver a una directiva que no aparece para dar la cara si no es para tontear con Carboneros, Mónicas Marchante y demás entrevistas 'forzadas' en un descanso o para ofrecer una renovación a Perea tan merecida como innecesaria en estos precisos momentos. La anestesia de los títulos no durará mucho, señores míos. El problema de una fachada bonita es cuando no está construida sobre una sólida estructura y aquí, Gil y Cerezo, han montado la casa de barro de los tres cerditos.
La Liga no ilusiona, los billetes a Dublín ya no los vamos a mirar más y en Copa puede acabar una temporada precisamente en un derbi en cuartos si es que logramos superar al Espanyol. Podéis ir preparándoos, yo ya llevo encima el paraguas. Por si las moscas

Metamorfosis en campo maldito


Cómo nos gusta lo poco serio. Como nos gusta jugar con fuego para, a veces quemarnos y a   veces no.  El Atleti había llegado a un campo donde no había ganado nunca desde su construcción en 1993. Nuestra última victoria allí databa de 1991 con goles de dos míticos como Juan Vizcaíno y Gaby Moya. Muchos de los que leáis esto, entre los que me incluyo, erais auténticos micos y ni recordareis aquel partido.
Lo cierto es que el encuentro, más aún sabiendo del empate entre Villarreal y Valencia y de la derrota del Sevilla, se antojaba vital para seguir la estela de los puestos de arriba. Pero el Atleti salió, como siempre a verlas venir. Como si de un deja vu del derbi se tratase, los 20 primeros minutos fueron para borrarlos de toda videoteca del mundo del fútbol y la Real, empujada por  un público entregado, consiguió ponerse por delante con una facilidad pasmosa antes del cuarto de hora. En buena parte ayudó el enésimo ataque de entrenador de Quique, obcecado en mandar al olvido a Domínguez y ciego por su confianza en Perea. El cambio llevó a Ujfalusi al centro de la defensa, donde no se siente tan cómodo y termina por meter goles donde no debe. Si después de ganar en Mónaco nos dicen que, tres meses después, este equipo no va a contar con Filipe Luis, Domínguez y Assunçao nos da la carcajada floja.
Mis palabras en esos momentos eran auténticas lanzas contra más de uno y más de cinco jugadores. El Super Mario del partido de Osasuna se había olvidado de comer la seta que le hace grande y se había convertido en un vulgar mediocentro sin ayuda por parte de un Tiago nuevamente desaparecido. Pero como si por arte de telequinesis se tratase, el oso del escudo debió oír mis críticas y a buen seguro las vuestras y se encargó de recordarles a los jugadores lo que había en juego. No era admisible un nuevo ridículo a domicilio. El portugués fue quien dio el paso al frente y adelantó su posición algunos metros para recordar su mejor versión del pasado año. Lo intentaron el Kun, el propio Tiago y un Forlán que buscó una vaselina que no hubiera sorprendido ni a David el Gnomo atándose los cordones. Tiempo de descanso.


Quique arengó a los suyos y enrocó las posiciones de Perea y Ujfalusi en un acto de aceptación de su error. Comenzó el buen fútbol y nos llegó, por fin, la colaboración arbitral de turno que muchos se empeñan en ensalzar como escandalosa. De un penalti discutible en nuestra área nació el empate. Soberbio pase de Reyes, control del Kun y pase atrás para que Forlán volviese a marcar, que es para lo que se le paga. El gol llenó de miedo al rival y supimos dar la estocada final gracias a un prodigioso Kun Agüero que se puso el smoking y la pajarita de las mejores ocasiones. Empujó un buen servicio de Ujfalusi primero y se revolvió en el área para marcar el gol de la tranquilidad.
Una tranquilidad sólo interrumpida por un error de benjamín de Simao, que prefirió el lucimiento personal en lugar del despeje de primeras. Nuestro ‘querido’ Diego Rivas aceptó el regalo para dar emoción a un encuentro que, ya de por sí, se había convertido en un episodio de patio de manicomio. Por suerte, con tiempo cumplido, el portugués sentenció con un penalti cometido sobre Reyes en su enésima genialidad en busca de un huequito en la lista de Vicente del Bosque. Tendrá que seguir esperando.
Como decíamos la semana pasada, segundo examen hasta el final y segundo aprobado, en esta ocasión más raspado que el anterior, pero aprobado al fin y al cabo. La próxima semana, en un aperitivo de la eliminatoria copera, nos va mucho en juego ante un Espanyol que pierde enteros fuera de Cornellá. Habrá que estar finos para superar a un rival directo en la tabla y seguir escalando hasta puestos Champions.
PD: ¿Os ha gustado la pista de atletismo en el campo? A mí no, aunque puede que tengamos que ir acostumbrándonos…

El lío De Gea

Ni el reencuentro de Diego Forlán con el gol ni uun presumible enfrentamiento en cuartos de final de la Copa del Rey contra el eterno rival, la noticia de la semana en el Vicente Calderón ha sido la supuesta oferta del Manchester United por David De Gea, la joya de la corona rojiblanca durante la próxima década. Mucho se ha hablado estos días en foros de Internet, medios de comunicación aunque, como pasa casi siempre en estos casos, la información real es escasa.
Todo sale a la luz con la publicación en The Times de una supuesta oferta de 17,5 millones de libras, unos 20 millones de euros que llevarían al joven portero a Old Trafford. La intención de esta entrada no es contar lo que va a pasar a pies juntillas, nunca me ha gustado lanzarme al barro con informaciones cuando no las conozco de primera mano. Lo primero que llama la atención es el lugar donde aparecen publicadas. El Times es un diario de prestigio en el Reino Unido, nada que ver con The Sun u otros medios de corte más sensacionalistas y a los que no les duelen prendas en lanzar centenares de rumores a la semana. Otro aspecto para la desconfianza lo encontramos en la ya famosa visita de Sir Alex Ferguson a Mestalla para ver el partido que nos enfrentó al Valencia. Puede parecer un mero trabajo de scouting para estudiar a su rival en Liga de Campeones pero el técnico no acostumbra a realizar estas labores y suele dejarlas a gente de su confianza. Si Ferguson viajó a la capital del Turia fue para algo más que para ver a Mata, Soldado y compañía, o eso me parece a mí.


El tercer factor 'sospechoso' lo encontramos en el comunicado emitido por la agencia que representa a De Gea, U1st. En este escueto escrito, se dice:

En relación a la información publicada en el día de hoy en varios de medios de comunicación sobre el supuesto acuerdo alcanzado entre el Manchester United y el Club Atlético de Madrid por nuestro representado David De Gea, You First Sports, mediante sus representantes, quiere comunicar lo siguiente:


Hector Rincón: “David es un jugador del máximo nivel y lo que en ningún caso me extraña es que los grandes de Europa se interesen por él, como es el caso del Manchester United. David está llamado a ser uno de los porteros que marquen época en un futuro cercano”.


Juan Aísa: “Todos sabemos que el Manchester United siempre actúa con la máxima corrección, es decir, cualquier interés por el jugador lo tratará directamente con el club como corresponde”.

En resumen, ni sí, ni no, sino todo lo contrario. Ni contigo ni sin ti, que diría el maestro Sabina. Ni confirman la supuesta oferta, ni garantizan el interés del jugador por seguir en el Atlético de Madrid. Había oído que el único defecto que tenía este jugador era su entorno y ahora parece que se confirman las sospechas. Rincón, representante directo de De Gea, poco menos que relaciona el ser uno de los porteros que marquen época con la salida del futbolista a uno de los grandes de Europa.
Al margen del comunicado, se oye también que todo es una estrategia de presión para conseguir una renovación beneficiosa. Ramón Trecet comentaba en Twitter que los representantes del jugador andarían detrás de una ficha de 4,6 millones de euros anuales para que el jugador se quedase en el Manzanares.
¿Se equivocan en el Atleti? ¿Se equivoca De Gea? Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy con el club si es que finalmente declina la oferta de renovación del jugador. Que De Gea es muy bueno lo sabemos todos, que puede llegar a ser uno de los mejores del mundo también lo saben algunos, pero todo tiene un precio y, sobre todo un tiempo. Que nadie se olvide que este chaval lleva un año como profesional. Sí, ha conquistado dos títulos y ha jugado una tercera final, pero no deja de ser, por desgracia el portero de un equipo sin muchas aspiraciones en su liga. Un portero que, aún a día de hoy, está a la sombra en la Selección de Casillas, Reina y Valdés y, por qué no decirlo, de otros como Diego López. Las prisas en este momento de su crecimiento profesional no siempre son buenas consejeras...
Mi opinión personal, muy a mi pesar, es que el jugador acabará saliendo. Quizá se le retenga un año, tal vez dos. Pero esto será como un viaje al episodio de Fernando Torres, pan para hoy, hambre para mañana. Por si acaso, en el club han paralizado las escuchas de ofertas por Sergio Asenjo. Quizá sea su momento.

Super Mario y el retorno del Uru-Gol


Podría hablar hoy de la vuelta de Forlán. Sería lo más recurrente, fácil y sencillo 24 horas después de su reconciliación, pero eso está más que escrito en todos los medios este domingo. Podría decir también que tenía escrita y a puntito de publicar en este mismo blog una entrada en la que un servidor escribía una carta de desamor al uruguayo. Aún no sé por qué no se llegó a publicar. Lo que sí está claro es que a estas alturas esas líneas están ya en lo más profundo de mi papelera de reciclaje.


Forlán volvió, nueve jornadas después para desquitarse con un doblete de varias semanas de suspicacias, rumores, críticas y silencio. Resulta sorprendente el efecto que produce el gol en el uruguayo, algo así como la pócima de Panorámix en el pequeño bigotudo de Asterix. Fue enviar a las redes el rechace (¿o debería decir rechazo?) de Ricardo tras el tiro del Kun y el Cacha volvió a correr, a presionar, a animar, a buscar la opción más ventajosa para el equipo. Un gol, una milésima de segundo que separa la pitada del respetable y la ovación al grito de u-ru-gua-yo. Esperemos que sólo sea el principio de una larga lista de goles en unas jornadas decisivas. Para animar, un dato. Con los dos goles de ayer, Forlán iguala su mejor inicio goleador con el de la temporada de la Bota de Oro de hace un par de años. Sorprendente, ¿verdad?
Sorprendente también fue ver, por segunda semana consecutiva, a Mario Suárez en el once inicial. La salida de Assunçao, una de las pocas piezas que te garantiza equilibrio, estabilidad y regularidad, parecía cosa de locos hace un mes pero el canterano, porque es canterano nuestro del mismo modo que Piqué es canterano azulgrana, se ha ganado el sitio y ha metido en un serio aprieto a Quique. Su despliegue, su sacrificio defensivo y sus llegadas al área rival suponen la llegada de aire fresco a un centro del campo que con Tiago empieza a oler a podrido. Señor Suárez, Super Mario a partir de ahora, enhorabuena por su trabajo y por el reconocimiento en forma de minutos. Es hora de no convertirse en un Cleber Santana de la vida y romper con un topicazo que me ronda la cabeza desde hace años: jugador bueno en el Mallorca, desastre para el Atlético.
Me quedo con tres apuntes más del encuentro. El primero, y ya no es noticia, la capacidad de De Gea para tener un encuentro plácido y estar al 101% cuando llega el peligro. Son detalles de gran portero que se adquieren con la edad, pero en el caso de este chico, viene con el kit incorporado. El segundo, y tampoco es noticia, es la importancia de Reyes cuando tiene el día inspirado. El día que supere su fobia al gol tendrá aquí a su admirador más fiel. La última, y quizás la más importante, el detallazo de auténtico crack (lo que es) del Kun Agüero después de su gol. Mirando al fondo sur, ahll donde sólo se mira en los grandes momentos como aquellas flechas del arquero Kiko, invitó al público a rendir tributo a su compañero, su socio, su amigo Forlán por su reencuentro con el fútbol después de unos días complicados. Hasta en las pequeñas cosas, Agüero es un tío de diez.
Fue el primer partido de una nueva liga. Después del ‘muy deficiente’ en la parte dura del calendario con un único punto logrado en los cinco enfrentamientos ante rivales directos, toca aplicarse y tomarse en serio esta reválida. Sólo con una matrícula de honor en estos encuentros antes del final de la primera vuelta podremos tener opción a luchar por aquello por lo que tenemos que luchar.

¿Autocrítica o sumisión?

Como hablaba con un buen ‘twittero’ rojiblanco, para analizar lo que ha pasado en el Santiago Bernabéu, hay dos lecturas. Los hay, y muchos, que podrán hablar de que el árbitro nos ha vuelto a robar (cinco penaltis en tres jornadas son un argumento más que válido para reforzar su teoría), dirán que es que fallamos más de la cuenta y que por más que juguemos mejor, siempre hay ‘algo’ que impide que ganemos al Madrid. Está ese punto de vista, tan respetable y compartible como el mío. Yo, personalmente, prefiero hablar de autocrítica. Mirarme con detenimiento el ombligo, la paja en el ojo propio y empezar a sacar defectos.
Porque para mí, que tampoco sé mucho de esto, lo que ha pasado en Chamartín es que se ha visto a un equipo superior y a otro inferior. A uno que ha jugado al fútbol y, cuando ha visto que el rival no estaba por la labor, se ha limitado a guardar la ropa conscientes de que no había nada de lo que temer. He visto a un equipo que ha podido hacer sangre y no ha querido, por más que sus aficionados, que nos consideran poco más que seres inferiores, hubieran deseado sumirnos en la más profunda de las humillaciones. Ladran, luego cabalgamos.
Por otra parte, he visto a un equipo apático, sin ideas y atemorizado desde el minuto 1 hasta el 20, cuando todo el pescado estaba ya vendido. Un equipo que ni creaba arriba ni destruía abajo por mucho que el experimento de Mario Suárez no haya salido del todo mal (¿Qué pensará Assunçao después de dejarse los cuernos durante dos años al verse relegado al banquillo en uno de esos partidos que tanto gusta jugar?). Este, mi equipo, no es realmente el equipo del que me hablan padres, abuelos y demás antepasados. Antes se salía a morder en casa del eterno rival, nos respetaban y temían porque, aún inferiores en cuanto a calidad, no permitíamos que un grupito de niños guapos bien pagados no sobasen los morros.


Hoy me he acordado de Rivilla, de Calleja, de Gárate y Adelardo. Del bueno de Luis Aragonés y de las que liaba Paulo Futre. También del niño con pecas que, en esta misma tarde, le ha pintado la cara a ese equipo tan temido en Europa llamado Chelsea. Y, cómo no, de don Vicente Calderón y de su nuevo hermano en el firmamento, Arteche. De haber visto juntos el partido en un bar, habrían pagado la cuenta en el descanso, habrían cogido la Castellana arriba y habrían dado una somanta de palos al actual Atlético de Madrid. Desde el mejor jugador, hasta el último oficinista del club. Esto no es lo que ellos conocieron. Ni muchísimo menos.
No quiero con todo esto hacer apología de la violencia dentro del terreno de juego, pero lo que han visto mis ojos, más una década después de la exhibición de Hasselbaink, ha sido poco más que una descafeinada pachanga de solteros contra casados. Estoy prácticamente convencido, y habrá quienes me den la razón, que en los habituales partidillos previos de ex jugadores, prensa y aficionados ha habido una infinita mayor tensión entre madridistas y rojiblancos. ¿Y de quién es la culpa? Y yo que sé, señor mío… O puede que sí lo sepa…
No me creo que sea problema del entrenador. Desde aquel lejano 1999 han pasado decenas de técnicos  que se multiplican por diez si nos ponemos a hablar de defensas, delanteros e incluso utilleros. Lo mismo da salir con Simeone de central que con el peor Diego Forlán. Que lo del uruguayo es de punto y final. Que si ya no te motiva un derbi en casa del eterno rival, con una afición que está aguantando carros y carretas por defender lo indefendible, es para colgar las botas. Sí, las de Oro también.
El resultado es el mismo. ¿Es problema de la afición? Puede ser. Muchos, y yo mismo me incluyo, comenzábamos a ver el partido con el corazón latiendo a mil y las manos congeladas por una mezcla entre nerviosismo, miedo e incertidumbre pero, ¿a quién le importa lo que siente el aficionado? Al presidente, que se ha llenado la andorga con la directiva rival en la comida de hermanamiento, desde luego que no. Ellos ya han hecho su trabajo diciendo tonterías de ‘doses’ en la quiniela y del miedo que infunde Perea en la delantera rival.
Otro derbi, otra derrota. No me hablen de árbitros porque la excusa no me vale. Porque esa mano de Xabi Alonso habría valido para recortar distancias pero también para despertar a una bestia rival que, de haberlo necesitado, nos habría puesto de vuelta y media. Que con un palo y tres intervenciones de Casillas no se gana en el Bernabéu, que se necesita mucho más. Al menos mientras en este deporte, antaño llamado fútbol, haya una bipolaridad tan bestial como la que encontramos en nuestros días entre los dos grandes dinosaurios de la Liga y el resto de mendigos que aspiran a que no les desmantelen demasiado las plantillas en verano y poder hacer una temporada digna con una tercera plaza como máximo objetivo. La victoria en el derbi tendrá que esperar... Quizá demasiado.