El crack que nunca vendrá


Las voces claman al cielo para que llegue un delantero, un creador, un cortador de césped nuevo, lo que sea, pero con renombre. Mucho me temo que, pese al dinero ingresado este verano, la pieza que Manzano espera para encajar en su puzzle (un puzzle que aún no sabe ni él mismo qué forma tendrá...) no llegará. Ni ahora, ni en invierno. El hecho de haber contado con Agüero durante los últimos cinco años ha sido una bendición, una suerte que tocó lanzando una moneda al aire cuando el jugador tenía 17 años y poco sabía de lo que había fuera de su Argentina natal.
¿Cuál fue el último jugador de prestigio a nivel mundial que el Atlético fichó? Si en estos últimos años hemos tenido estrellas a nivel europeo (Torres, De Gea, Agüero, Forlán) ha sido en gran medida porque han crecido como jugadores en el Vicente Calderón. Muchos, nostálgicos de aquel PC Fútbol que nos robaba tardes y noches durante el cambio de milenio, creen que con los 70 millones se puede traer a Falcaos, Matas o Neymares. Esto es imposible. El fútbol actual se ha estructurado de manera que los grandes jugadores sólo quieren jugar en un peldaño elitista al que no hemos podido, mejor dicho, no nos han dejado escalar.
Aunque tengamos muchos ceros en la cuenta del banco (que no es así pese al dineral ingresado, que nadie se engañe), nos toca seguir vistiendo de Zara mientras los demás van a Gucci o a Armani a despilfarrar sin compasión avalados por el pastizal que les da papá televisión y mamá publicidad. Aún así, qué queréis que os diga, se suelen encontrar cosas bien monas a bajo coste. Y si no, que le pregunten a equipos como Villarreal, Valencia o Sevilla que han sabido pescar a gente como Rossi, Soldado, Mata, Negredo o Kanouté de la nada y le han sacado un rendimiento extremo. ¿Quién nos dice que Salvio, al que le tengo una gran fe, no se convierte en una de las revelaciones de la temporada?
Por desgracia, y ya que ni deportiva ni económicamente podemos competir contra los grandes dinosaurios del fútbol europeo, nos ha tocado la directiva que nos ha tocado. Ellos, solo ellos, son los que han provocado que Falcao prefiera seguir jugando Champions y aspirando a títulos en lugar de pelear por la séptima plaza y tener que acortar sus vacaciones para jugar una previa europea en un campo impracticable de la Noruega profunda. En estos tiempos, siendo un futbolista de renombre, ¿ficharías por el Atleti? Yo me lo pensaría...

Las finales no se juegan en agosto


Existen muchos tópicos en el mundo del fútbol que se repiten semana a semana hasta la saciedada. Del “no hay rival pequeño” al “lo importante era sumar los tres puntos”. Incluso, otros, pretenden imponer sus tópicos al grito de “los jugadores juegan donde quieren”. Hoy, sin embargo, nos vamos a centrar en ese otro recurso fácil que es “nos vamos a tomar este partido como una gran final”.
Este tipo de ‘finales’ vienen jugándose en la recta final de la temporada pero nuestro querido Atleti, como siempre, le da la vuelta a la tortilla y se jugará la primera final de la temporada a primeros de agosto, a la hora de la merienda, sobre césped artificial y contra el todo poderoso Stromgodgset noruego. Algo inaudito, vamos. Y nos jugamos una final por la sencilla razón que lo que era un mero trámite, una incómoda eliminatoria en plena pretemporada se ha convertido en un quebradero de cabeza por culpa del mal hacer de un equipo condenado al desorden.
Jugarse el futuro en Europa ante un equipo inferior mientras otros hacen giras multimillonarias por todos los rincones del planeta conllevaba la responsabilidad de empezar antes a trabajar en el campo y en las oficinas, algo que no ha sucedido. Mientras otros equipos han peinado el mercado y han conseguido fichar muy bien, ajustándose a las dificultades económicas del momento, en el Calderón nos hemos preocupado más por que el Kun no se fuera al eterno rival o por evitar una fuga de cerebros al débil fútbol turco. Los que hace dos meses eran pitados en el estadio por una palpable falta de entrega ahora son idolatrados por las masas ante la falta de nuevos nombres que ilusionen.
Para colmo de males, ni siquiera el hecho de tener eso que miles de equipos añoran en estos momentos, dinero, nos ha hecho reaccionar. Hace dos meses que se sabía que Agüero se iría, era un secreto a voces que De Gea haría las maletas para ser el sucesor de Van der Sar y poco o nada se ha hecho en la dirección deportiva. Al final, echaremos de menos al ¿bueno? de Suso García Pitarch.
Y, a falta de unas horas de poder quedarnos fuera de Europa, estamos peor que nunca. Bajo palos, se ha preferido traer cedido a un joven talento sembrando de dudas a dos fijos de la meta de España en categorías inferiores. En defensa, la duda de Silvio y el mal pie con el que ha empezado Miranda, a quien sigo otorgando el beneficio de la duda, nos hacen recordar los años y años de mofas que parecen nunca acabar. En el centro del campo, sigue sin aparecer ese cerebro por el que todos suspiramos y que solo suena que pueda surgir con la llegada de Diego, tan bueno con el balón en los pies como malo en disciplina y compromiso. En el ataque,  con Costa lesionado y Forlán en modo enigma, Adrián aporta cosas interesantes aunque no tiene eso que, al fin y al cabo, es lo que importa en el fútbol: el gol.
Más nos vale que el grano en el culo de esta tarde no se nos enquiste, porque la temporada se puede hacer muy larga a orillas del Manzanares.

PD: Por mucho que se marchen las estrellas de mi equipo, por muy alta que sea su traición, jamás desearé la muerte de nadie. Al final, el que seguirá vistiendo la rojiblanca seré yo y no ellos. Nunca más escucharán nuestros gritos de apoyo ni vivirán lo que nosotros vivimos. Eso ya es suficiente penitencia  para el que se va del Atleti.

Crónica de una muerte anunciada


La noticia cayó como un cubo de agua fría. ¿Qué digo un cubo? Un océano de agua congelada nos ha helado, en forma de mensaje digital, la cabeza, pero también el corazón. El símbolo, el referente, el núcleo sobre el que habría de sustentarse el futuro del Atlético de Madrid sale arrancado de cuajo quién sabe si con destino a una finca vecina. El Kun Agüero no aguanta más. No soporta una situación que no aguantó Fernando Torres y que seguramente tampoco aguante la estrellita de turno que venga a suplir su enorme hueco. Estamos destinados a ello.


El Kun no se irá solo. Ya anunció su adiós Quique Sánchez Flores, David De Gea perfecciona su inglés y el divorcio de Forlán con la grada recomienda un final feliz para ambas partes con una separación irreversible. Si a eso le sumamos las recientes salidas de Simao y Jurado, parte importante de la consecución de los títulos de Hamburgo y Mónaco, nos encontramos con algo que parecía un proyecto sólido convertido en añicos. ¿Qué jugador con proyección de Balón de Oro se querría quedar con un panorama así?
Para colmo de desgracias, no hay nadie ahora mismo que pueda poner orden. García Pitarch, con los bolsillos bien henchidos de billetes, abandona el club y su supuesto sustituto, viendo la que se le podía venir encima, prefiere seguir en el Getafe, equipo con mucha menos historia que el nuestro, antes que regresar al club de sus amores (cómo estarán las cosas para que ni los históricos quieran juntarse con los de arriba). Tanto el cordobés como Kiko han dejado a la directiva compuesta y sin dirección deportiva.
La nueva temporada ha comenzado hace apenas unos días y ya nos encontramos sin entrenador, sin jugadores referentes, sin dirección deportiva y con únicamente una serie de nombres insípidos en el otro lado de la balanza, incapaces de aportar a la afición un ápice de ilusión por el próximo año.
Muchos llaman a una concentración como la del #15M a las puertas del Vicente Calderón pero ya es demasiado tarde. Durante semanas, los que se ponían las bufandas verde y oro y gritaban contra Gil y Cerezo no eran más que un pobre grupo que entretenía a las masas mientras éstas apuraban su último trago a una caña en Marqués de Vadillo antes de ir al estadio. Ahora no se conseguirá concentrar a nadie. Primero, porque la temporada está terminada y es absurdo protestar contra alguien que seguramente esté disfrutando de unas lujosas vacaciones con nuestro dinero. Y segundo y lo más importante, porque las cosas no se hacen así. Hay que luchar para evitar que las cosas sucedan, no patalear cuando ya se han producido.
Por suerte, el Atlético de Madrid debe estar por encima de hombres y nombres. Lo que esas ocho barras rojiblancas, esas siete estrellas, ese oso y ese madroño representan no tienen cláusula de rescisión alguna. Nadie nunca podrá comprar lo que significa para nosotros. Ahora toca sufrir, y exigir, y protestar para volver a colocar al Atlético de Madrid donde se merece. Y esa es nuestra misión porque si no lo hacemos los atléticos, nadie lo hará por nosotros.